NovelToon NovelToon
Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / Posesivo
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

**Soy Madre del Hijo Mafioso por Accidente**

Solo quería ayudar a una niña perdida en el centro comercial, pero terminé siendo adoptada por ella… ¡y aceptada por su padre mafioso!

Ahora vivo en una mansión, tengo guardaespaldas siguiéndome y una pequeña que insiste en llamarme mamá.

¿Y su padre? Un hombre despiadado que parece dispuesto a concederle todos sus caprichos, incluso quedarse conmigo.

¡Yo no soy un perro para que me adopten! ¡Y mucho menos la esposa de un mafioso!

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3

Estaba quejándome hasta que ese lunatico me hablo

—Sígueme.

Levanté la mirada hacia Adrián, que acababa de ponerse de pie después de terminar su café.

—¿Adónde?

Él ni siquiera se molestó en responder. Hizo un gesto con la mano y dos de sus hombres se acercaron inmediatamente.

No.

No, no, no.

Ya conocía esa manera de actuar. La última vez que aquellos gorilas habían recibido una orden suya, yo había terminado inconsciente en una cama que probablemente costaba más que mi edificio entero.

—Puedo caminar sola —protesté, retrocediendo—. Tengo dos piernas perfectamente funcionales. No hace falta que me carguen como un saco de papas.

Ninguno de los hombres pareció impresionado.

Uno me sujetó del brazo.

—¡Eh! ¡Con cuidado! ¡Mi brazo no viene incluido en el contrato de adopción!

Me llevaron por un pasillo interminable hasta detenerse frente a unas puertas dobles.

El despacho de Adrián.

No sabía por qué me estaban llevando allí, pero, considerando mi suerte, dudaba que fuera para ofrecerme un aumento de sueldo.

Me empujaron al interior.

Casi tropecé con la alfombra, aunque conseguí mantener el equilibrio. Después me giré para mirar a los dos hombres que se habían quedado junto a la puerta.

—¿Podrían dejar de tratarme como si fuera un mueble?

Cerraron las puertas en mi cara.

Tragué saliva.

El despacho era enorme. Había una biblioteca, una mesa de reuniones y un escritorio de madera oscura. Las ventanas daban a los jardines de la mansión, donde varios hombres vigilaban los alrededores.

Hombres armados.

Por todas partes.

Magnífico. Mi secuestro tenía incluso seguridad privada.

Adrián se sentó detrás de su escritorio y cruzó las piernas con una tranquilidad que me puso los nervios de punta.

—Escúchame bien.

Mi espalda se enderezó automáticamente.

No porque quisiera obedecerlo.

Era el instinto de supervivencia. Ese mismo que me gritaba que no provocara demasiado al hombre que podía ordenar mi desaparición antes de terminar su café.

—Soy el mafioso más importante de esta ciudad —declaró—. Aunque consiguieras escapar de esta mansión, no llegarías muy lejos.

Sentí que se me enfriaban las manos.

—Podrías acudir a la policía —continuó—. Denunciarme. Contarles que te secuestré. Incluso podrías presentarte en un tribunal y exigir justicia.

Se inclinó ligeramente hacia delante.

—Pero no conseguirías nada. Tengo a la policía de mi lado.

Lo miré sin saber qué responder.

Una cosa era sospechar que Adrián tenía dinero, poder y contactos. Otra muy distinta era escucharlo decir, con semejante indiferencia, que las autoridades que debían protegerme podían estar bajo su control.

De repente, mi departamento pequeño, las facturas atrasadas y mis zapatos viejos me parecieron un paraíso.

¡Hasta extrañaba a mi casero!

Y eso que el hombre era capaz de llamarme tres veces en una mañana por el alquiler.

—¿Entonces qué demonios quieres? —pregunté finalmente.

Mi voz salió más débil de lo que me habría gustado.

Adrián sonrió.

No fue una sonrisa amable.

—Quiero que juegues con mi hija.

Parpadeé.

Una vez.

Dos veces.

—¿Qué?

—Sofía quiere que seas su madre. Lo serás.

Me quedé mirándolo, convencida de que había escuchado mal.

—¿Te golpeaste la cabeza cuando eras niño?

Su sonrisa desapareció.

Ay, no.

¿Por qué mi boca siempre decidía suicidarse en los peores momentos?

—Quiero decir… ¿no crees que deberíamos hablar de esto como adultos?

—Estamos hablando.

—¡Tú estás hablando y yo estoy siendo secuestrada!

Adrián apoyó un brazo en el escritorio.

—Es mejor que hagas las cosas por las buenas.

El silencio que siguió me hizo comprender que no estaba bromeando.

—Dale el gusto a mi hija —añadió—. Quédate con ella unos meses. Cuando considere que ha tenido suficiente tiempo contigo, te dejaré marchar. Te daré millones y haremos como si nada hubiera sucedido.

Lo miré con incredulidad.

¿Millones?

Durante un instante, mi cerebro, que era un órgano bastante traicionero, intentó imaginar todas las cosas que podría comprar con semejante cantidad.

Un departamento propio.

Zapatos nuevos.

Una nevera que no hiciera ruidos sospechosos durante la noche.

Después recordé que el precio de aquella fortuna era convertirme en la madre de una niña por orden de un mafioso.

Y que, mientras tanto, no podía salir de su casa.

Se acabaron las fantasías financieras.

—¿Y si no quiero? —pregunté.

Adrián ladeó la cabeza.

—¿Acaso tienes otra opción?

Señaló las ventanas con un movimiento despreocupado.

—Mira a tu alrededor. Morirías antes de cruzar una puerta o saltar uno de esos muros.

Miré hacia el ventanal.

Un guardia patrullaba el jardín.

Luego miré la puerta.

Otros dos hombres esperaban afuera.

Volví a mirarlo a él.

Por primera vez desde que había despertado en aquella habitación, sentí que las lágrimas amenazaban con escaparse de mis ojos.

No quería morir.

Tampoco quería pasar los próximos meses encerrada en una mansión, fingiendo ser la madre de una niña a la que apenas conocía.

Tenía una vida que recuperar.

—No te atreverías —susurré.

Adrián me observó en silencio.

—¿Realmente quieres apostar?

No respondí.

Porque la respuesta estaba delante de mí.

Aquel hombre no necesitaba levantar la voz para asustarme. No necesitaba golpearme ni amenazarme con un arma. Le bastaba con permanecer sentado detrás de su escritorio, recordándome que mi libertad dependía de alguien que no parecía comprender el significado de la palabra *no*.

Negué lentamente con la cabeza.

Adrián asintió, satisfecho.

—Bien. Ve y juega con mi hija.

¿Juega?

¿HABÍA TERMINADO SU DISCURSO DE AMENAZAS CON UNA ORDEN PARA JUGAR?

—Y escúchame bien —añadió cuando me volví hacia la puerta—. Si algo le sucede a Sofía, serás responsable. Quiero que la cuides bien.

Me quedé inmóvil.

Ahí estaba otra vez aquella sensación desagradable.

Adrián podía tratarme como una prisionera, amenazarme y arrebatarme la libertad, pero, cuando se trataba de su hija, parecía dispuesto a confiarme algo que consideraba más valioso que su propia vida.

Era una contradicción absurda.

Y yo no tenía tiempo para analizar la psicología de un mafioso demente.

—No le haré daño a su hija —murmuré—. No soy un monstruo.

Por un segundo, su expresión cambió.

Fue apenas un instante, tan breve que no pude identificar qué había detrás de sus ojos.

Después hizo un gesto con la mano.

—Llévensela.

La puerta se abrió.

Dos hombres entraron y me sujetaron de los brazos.

—¡Puedo caminar!

No me hicieron caso.

—¡He dicho que puedo caminar!

Uno de ellos me levantó ligeramente para apartarme del escritorio.

—¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!

Y entonces me arrojaron fuera del despacho.

Caí de rodillas y terminé sentada sobre la alfombra del pasillo.

Durante unos segundos, me quedé mirando el suelo.

No podía creerlo.

Simplemente no podía creerlo.

Me incorporé como pude, me sacudí la ropa y miré las puertas cerradas con una indignación que amenazaba con hacerme olvidar el miedo.

—¡MALDITOS BRUTOS! ¡SOY UNA DAMA!

Desde el otro lado de la puerta escuché una voz profunda.

—Cierra la boca y ve con mi hija.

¡EL DESCARADO!

¡EL ABSOLUTO DESCARADO!

Apreté los puños.

—¡ALGÚN DÍA TE ARREPENTIRÁS, ADRIÁN VOLKOV!

Nadie respondió.

Uno de los guardias señaló el pasillo.

—Por aquí.

Lo fulminé con la mirada.

—Como vuelvas a tocarme sin permiso, te morderé.

El hombre se quedó mirándome.

Yo también lo miré.

Finalmente, apartó la mano.

Sonreí con satisfacción.

¡Ja! Al menos todavía conservaba cierta autoridad.

Me condujeron hasta una sala de juegos llena de muñecas, peluches y juguetes de todos los tamaños. Había una casita de muñecas tan grande que probablemente yo podría pagar el alquiler de un año con su precio.

Y en medio de aquel paraíso infantil estaba Sofía.

En cuanto me vio, dejó caer su muñeca y corrió hacia mí.

—¡Mamá!

Mi corazón dio un vuelco.

La niña me abrazó las piernas con tanta fuerza que no supe qué hacer.

Detrás de ella, una mujer que parecía ser su cuidadora me observaba con una sonrisa prudente.

Yo miré a Sofía.

Luego miré a la mujer.

Después volví a mirar a Sofía.

La pequeña alzó el rostro, radiante de felicidad.

—¡Sabía que papá te traería!

Cerré los ojos.

Por supuesto que lo sabía.

Su padre era un secuestrador profesional y ella tenía una fe conmovedora en sus capacidades.

Me agaché lentamente para quedar a su altura.

—Sofía, cariño… tenemos que hablar de algunas cosas.

Su sonrisa vaciló.

Y entonces comprendí que, aunque Adrián me hubiera obligado a entrar en aquella mansión, la niña no tenía la culpa de nada.

Suspiré y le acomodé un mechón detrás de la oreja.

—Pero primero dime una cosa.

—¿Qué, mamá?

Miré los juguetes esparcidos por el suelo.

—¿Tienes algún juego en el que podamos derrotar a tu padre?

Sofía abrió mucho los ojos.

Un segundo después, soltó una carcajada.

—¡Sí!

Por primera vez desde que me habían secuestrado, sonreí de verdad.

Muy bien, Adrián Volkov.

Querías que jugara con tu hija.

Jugaría con ella.

La cuidaría y procuraría que fuera feliz mientras encontrara una manera de recuperar mi libertad.

Pero si creías que iba a convertirme en una prisionera dócil, estabas a punto de descubrir que habías cometido el peor error de tu vida.

Porque quizá yo no podía escapar de tu mansión.

Todavía.

Pero sí podía enseñarle a tu hija a hacer preguntas muy incómodas.

Y, por alguna razón, tenía la sospecha de que eso iba a causarte muchos más problemas que una simple fuga.

1
alicia g
buenísima historia, excelente escritora 💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯💯
alicia g
buenísima historia ,felicitaciones 🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟🌟
bruja de la imaginación 👿😇
🤣🤣🤣no puedo estoy es una familia de locos q manera de reírme q va
bruja de la imaginación 👿😇
buajaja 🤣 directo al corazón
bruja de la imaginación 👿😇
🤣ay q manera de reírme 🤣
Maria Mongelos
Está muy linda💕
alicia g
buenos capítulos, entretenida, felicitaciones
Bunny 🐇: Gracias ❤️
total 1 replies
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Alison Mendoza Sotelo
Y yo leyendo

Espero más capítulos
Alison Mendoza Sotelo
Me gusta
Lo malo que está en emoción
Maria Mongelos
Interesante y entretenida 💕
Bunny 🐇: me alegra que te guste ❤️
total 1 replies
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
jajajaja no PS así ni como salir de esta
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play