NovelToon NovelToon
Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Amor-odio
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Guadalupe Garza

Trilogía: Pecados de Élite

Libro 1: Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Ella es la Teniente Morgan de la Fuerza Especial de Élite Militar (F.E.E.M.), una mujer de hierro acostumbrada a tener el control. Durante años, ha construido una relación estable y segura con su novio, el capitán Cross, el hombre que representa su futuro y su puerto seguro.

Pero tras dos semanas de ausencia de ella por un luto familiar, todo cambia al volver a la base. Allí es recibida por la imponente presencia del nuevo coronel: un hombre magnético que se convierte en su tentación más oscura, un pecado inconfesable y, probablemente, su mayor error.

El verdadero peligro se revela cuando descubre la verdad: ambos hombres comparten la misma sangre.

Ahora, atrapada en un triángulo de lealtad y deseo, su mente jura que su corazón le pertenece al capitán, pero su cuerpo arde por el coronel.

Cuando el deber militar choca contra una pasión prohibida entre hermanos, el peligro aumenta.

¿Qué podría salir mal?

NovelToon tiene autorización de Guadalupe Garza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: El aroma del peligro y el acero

Alec Cross.

Pertenecer a la Fuerza Especial de Élite Militar (F.E.E.M.) no es cualquier cosa. No es un juego para idiotas que se creen que por portar un uniforme impecable y una placa brillante ya lo han conseguido todo. No es así. Pertenecer aquí exige mucho más que eso, significa moldearse hasta ser un hombre de acero, implacable, intachable y, sobre todo, desprovisto de piedad. Para sobrevivir y mandar en la élite, hay que dejar la debilidad bajo siete llaves.

Ahora, a mis veintisiete años, soy Coronel de la F.E.E.M. Fui transferido directamente para asumir el mando de la sede principal y más grande de la organización aquí en Londres, un puesto que quedó vacante tras la brutal ejecución del anterior coronel en Tokio. El coronel Morgan era un hombre respetable, intachable, que le hacía honor a su dinastía. Esa misma dinastía que ha entregado los mejores triunfos, y también la mayor cantidad de sangre, a la F.E.E.M. Los Morgan Moore pertenecen a la aristocracia más pura de Londres, una estirpe casi tratada como realeza. Y se rumorea en los pasillos que los tres hijos de esa dinastía llevan la guerra en la sangre, dedicando su vida entera a la institución, mientras sus padres fueron el faro y el ejemplo viviente para cientos de soldados tanto en Londres como en Washington, Tokio y cada rincón del planeta donde operamos.

Y ahora estoy aquí, sentado en mi nueva oficina, ocupando el mismo escritorio y el mismo espacio que antes le pertenecían al coronel Morgan.

Mi familia, los Cross, somos otra de las dinastías pesadas dentro de la F.E.E.M. Aunque no nos movemos en los círculos de la realeza burocrática de Londres, nuestra influencia en la aristocracia militar y fuera de ella es absoluta. Los Cross somos temidos y respetados por igual,nadie con medio dedo de frente se atrevería a cruzarse en nuestro camino a menos que esté completamente loco...

Mi hermano menor, Dante Cross, es un capitán de élite, brillante, letal y uno de los mejores operativos de la base. Y yo... yo soy Coronel no por capricho ni por una cara bonita. Mis habilidades son duras, mi forma de mando es rigurosa y mis reglas no se discuten, se cumplen sí o sí.

—Vaya, al fin te dignas a salir de tu cueva, Coronel —suelta Liam Kincaid interrumpiendo mis pensamientos.

Es uno de los capitanes de la élite y, por desgracia para mi paciencia, mi amigo de infancia, el único imbécil en todo el regimiento que se atreve a entrar a mi oficina sin molestarse en tocar la maldita puerta.

—¿Qué quieres ahora, Kincaid? —le pregunto sin levantar la vista de los informes de despliegue.

—Te reclaman en la sala de juntas principal —me suelta con esa sonrisa burlona y sobrada que siempre ha cargado —el alto mando quiere ver al nuevo rey en su trono.

No digo una sola palabra. Me pongo el saco de gala con parsimonia, ajusto los botones y salgo de la oficina flanqueado por él. Mientras caminamos por el amplio pasillo exterior que tiene una vista panorámica directa al campo de entrenamiento, nos topamos de frente con el sargento Christian Frost. Otro idiota que comparte nuestro historial de infancia y que fue asignado a esta base hace años junto con Dante, mientras yo purgaba mandatos en Washington.

Frost se detiene de golpe, apoyando las manos en la barandilla de cristal y mirando fijamente hacia abajo, al campo de entrenamiento.

—Pero qué demonios... —murmura Frost con los ojos clavados en la pista.

—¿Qué miras, pedazo de...? —empieza a decir Liam, deteniéndose también y siguiendo la dirección de su mirada.

Me detengo a su lado, cruzando los brazos sobre el pecho con evidente fastidio.

—¿Qué pasa? ¿Ya llegó carne fresca para novatos? —suelto con ironía, esperando ver a algún recluta patético haciendo planchas.

—No, maldito imbécil... —me corrige Frost sin apartar los ojos de la escena—. Acaba de volver tu cuñada.

Arqueo una ceja, sintiendo una chispa de genuina extrañeza.

—¿Mi cuñada? ¿Desde cuándo tengo yo una hermana o un hermano casado del que no me entere? —digo con sarcasmo puro.

—La novia de Dante... la teniente Morgan —aclara Frost.

—O la ex —interrumpe Liam de inmediato, soltando una risita —Dante dijo la semana pasada que estaban en una de sus clásicas pausas. Ya sabes cómo son esos dos, terminan, se tiran los trastos a la cabeza, vuelven y así se la pasan.

Estaba a punto de mandar a callar a los dos payasos con una orden directa cuando mis ojos, por pura inercia, bajaron hacia el campo de entrenamiento abierto. Y entonces, todo lo demás dejó de importar.

En medio de la pista, bajo el radiante y frío sol londinense, hay una mujer en movimiento. Lleva puestos unos leggings tácticos ceñidos en color gris carbón con estampado de camuflaje, acompañados por un top deportivo de tirantes que delinea cada curva de su torso. Su cabello rubio, que brilla como hilos de oro bajo la luz, está sujeto en una coleta alta y perfecta. Mis ojos se quedan anclados en una obra de arte andante, piernas largas y torneadas marcadas por el ejercicio extremo, un abdomen plano de líneas perfectas y, sobre todo, la forma en que ejecuta un movimiento de combate cuerpo a cuerpo, derribando a un soldado raso contra el suelo con una facilidad brutal y una elegancia letal. Los leggings ajustados se moldean a su figura de una manera que es, jodidamente, una tentación constante.

—Límpiate la baba, Coronel. Aunque esté divina, esa mujer es territorio prohibido... Es de tu hermano —me murmura Liam en voz baja, dándome un codazo cómplice en las costillas.

—Tiene razón, mi Coronel —secunda Christian, negando con la cabeza —meterse ahí es buscarse una guerra civil con Dante...

Abajo, veo cómo un soldado raso se le acerca con respeto absoluto, haciéndole un saludo militar rígido. Ella asiente con la barbilla, toma su termo de agua y comienza a trotar con un paso firme y elegante hacia el ala de los dormitorios femeninos.

Me quedo unos segundos procesando lo que acaban de decir los idiotas de mis amigos. ¿Así que la única hija superviviente de los difuntos Morgan es la noviecita que tanto presume mi hermano menor en cada cena familiar? Si hubiera sabido que la famosa teniente Victoria Morgan se veía jodidamente bien de cerca, juro que habría solicitado mi traslado a Londres mucho antes... solo para ver si era capaz de arrancársela a Dante y comprobar cómo sonaba su voz cuando se quedaba sin aliento bajo mi mando.

—Muevan los pies. Se nos hace tarde para la junta —les ordeno con voz fría, notando el repentino cambio en mi ritmo cardíaco.

Los tres entramos a la sala de juntas de altos mandos. Tomo mi lugar asignado en la cabecera de la mesa rectangular. El ministro de defensa ya está ahí, flanqueado por los consejeros burocráticos que no entienden nada de pólvora pero manejan los hilos políticos. Liam y Christian toman asiento a mitad de mesa. Minutos después, las puertas se abren de nuevo, entra mi hermano Dante con su uniforme impecable, y justo detrás de él... entra ella.

La Teniente Victoria Morgan.

Ya no lleva la ropa de entrenamiento. Viene vestida con unos pantalones tácticos de lona gris carbón, ajustados a su cintura con precisión, y una blusa negra de cuello redondo y manga corta que se ajusta a su torso, remarcando sus pechos con una naturalidad insultante. Su cabello sigue recogido en esa coleta alta impecable, sin un solo mechón rebelde escapando de su sitio. No lleva ni una sola gota de maquillaje en el rostro, y la cruda verdad es que no lo necesita en absoluto, su piel blanca como la nieve, sus labios perfectamente dibujados y sus facciones finas la hacen lucir devastadora.

Pero lo que verdaderamente te desarma son sus ojos. Tiene unos ojos verdes tan brillantes, grandes y expresivos que, coronados por unas pestañas largas y rizadas, la hacen intocable, como una estatua de mármol con pulso y venas. Siento una punzada directa en la ingrieta de los pantalones, mi cuerpo reacciona de inmediato ante semejante combinación de letalidad y belleza femenina.

Para mi absoluta desgracia, o mi retorcida fortuna, la teniente camina con paso firme y se sienta justo a mi derecha, quedando colocada exactamente al lado izquierdo de mi hermano Dante. En pocas palabras, está sentada justo en medio de los dos hermanos Cross, mientras yo presido la cabecera de la mesa.

Pero lo que me detiene el corazón en seco, congelándome el pensamiento durante una fracción de segundo, no es solo su físico, es su aroma.

En un entorno dominado crónicamente por el olor a pólvora quemada, tabaco rancio, café barato y el acero frío de las armas que impregna cada centímetro de esta base, la teniente Morgan trae consigo la atmósfera viva de la mismísima costa de Londres. No usa el típico perfume comercial de las mujeres de la alta sociedad, esos aromas empalagosos cargados de vainilla pesada o flores sintéticas que marean al primer segundo y que he olido mil veces, la estela que la acompaña es algo completamente distinto, un aroma mineral, fresco y sumamente limpio.

Huele a sal de mar golpeando con fuerza los acantilados británicos, a salvia silvestre y a una brisa fría y crujiente, como el viento helado que barre la costa en una madrugada de niebla espesa.

Una fragancia que proyecta una pulcritud absoluta y una disciplina férrea, pero que al mismo tiempo esconde un alma salvaje, libre y casi mística. Una dualidad perfecta, desconcertante y magnética para la mujer que tengo a centímetros de distancia... Reconozco la fragancia de inmediato, es Wood Sage & Sea Salt. Un perfume poco común, casi exótico de encontrar en una militar de rango, pero es que Victoria Morgan de común no tiene absolutamente nada.

Gira ligeramente el rostro y choca su mirada directamente con la mía. No parpadea. Sostiene mi inspección con una serenidad intachable, fría, esperando a que comience la lectura de órdenes. En este maldito infierno donde todo el mundo camufla su miedo bajo la hostilidad del entorno, ella se planta frente al nuevo Coronel con la frescura de un océano lejano y el fuego indomable de esos ojos verdes, recordándome sin palabras exactamente quién es, de qué dinastía viene... y lo jodidamente peligroso que va a ser tenerla tan cerca....

1
Estefanny Castro
me encanta la novela me gustaría que subieras más capitulos o que hicieras un maratón
Estefanny Castro: cuál es el nombre de la otra plataforma para leer las historias que has hecho
total 3 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Alec estás jugando con fuego y te vas a quemar 🔥
Guadalupe Garza: yo diría que los dos 🤭
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Peligroso muy peligroso 🔥
Nairobis Cardozo Portillo
Dios mío ésto está que arde🔥
Guadalupe Garza: Y lo que falta
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Excelente comienzo
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play