Camila y Luciano son grandes amigos desde pequeños, ambos se quieren como hermanos, pero las trampas y envidia de una mujer perversa hacen que dos amigos, unan sus vidas por el bienestar de una inocente.
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Un corazón nuevo que guarda recuerdos ajenos
Soy Daniela Fiore Smith, tengo diecinueve años, mi vida siempre transitó entre cuatro paredes, las de mi casa y las salas, camas y pasillos fríos del hospital.
Desde los cinco años me diagnosticaron una cardiopatía grave, una sentencia silenciosa que me acompaña desde pequeña, durante todo ese tiempo, los médicos buscaron sin descanso un órgano compatible, pero nunca llegaba o no coincidían, o las familias no querían despedirse de sus seres queridos para donar. Crecí esperando una oportunidad que parecía no llegar nunca.
Para no hundirme en la tristeza ni en el miedo, busqué refugio en el saber, leí cuantos libros caían en mis manos, cursé carreras completas por modalidad virtual, aprendí varios idiomas, me formé en todo lo posible.
Solo quería ocupar la mente, distraerme, olvidar por ratos el dolor en el pecho, olvidar también la indiferencia de quienes debían amarme, porque mis padres nunca me vieron como hija amada, para ellos soy una carga pesada, un gasto constante, una vergüenza que ocultaban.
Mis padres me reprochaban estar enferma, me decían palabras que cortaban el alma, solo mi abuelito se quedó a mi lado, él para mi es mi consuelo, mi apoyo, el único que me da cariño sincero y se angustiaba por mí de verdad.
Pero también encontré otra fuerza, en las artes marciales, muchos se sorprenden, incluso dicen que es una locura con mi condición, pero para mí fue salvación.
Con la ayuda de mi gran amigo Sergio — A él lo quiero y valoro como un verdadero hermano—
Practico Taishi y Muay Thai, no para competir por fama, sino para aprender a dominar mi cuerpo, regular mis emociones, canalizar la tensión y el dolor, encontrar equilibrio. Mis maestros me enseñaron que la mente fuerte puede guiar y contener al cuerpo débil.
Me esforcé con disciplina extrema, respetando mis límites, aprendiendo a escuchar cada latido de mi corazón y logré lo que pocos creyeron posible, soy cinco veces campeona, demostré que se puede ser fuerte por dentro y por fuera, incluso cargando una enfermedad que amenazaba con apagar mi vida en cualquier momento.
Sin embargo, la fragilidad regresa, esta vez se me agravó más que nunca, siento que mis padres ya no esperan mi recuperación, que solo quieren librarse de mí cuanto antes, al ingresar al hospital, lo que más me rompe el alma fue ver caminar a mi abuelo por los pasillos, con los ojos llenos de lágrimas, caminando lento, vencido por la angustia.
—Tranquilo, señor. —Le dice el médico con voz serena y esperanzadora, mientras le pone una mano en el hombro— Por fin tenemos buenas noticias, hallamos un corazón totalmente compatible para su nieta. _ Le dice el médico responsable, de mi condición.
Me llevaron al quirófano, no recuerdo cuánto tiempo pasó, todo fue oscuridad y silencio profundo, hasta que desperté poco a poco, respiraba sin pesadez, no sentía esa presión opresiva que conocía desde niña, mi cuerpo respondía ligero, tranquilo, lleno de una vitalidad que jamás había experimentado, sentía como si ese nuevo corazón hubiera nacido conmigo, como si fuera parte mía desde siempre.
Con el paso de los días mejoré sorprendentemente rápido, pero surgió algo extraño que no logro explicar: me siento incompleta. Algo me falta, algo me llama, me impulsa a salir, a buscar sin saber qué ni dónde, a veces, entre el silencio de la noche o en mis momentos de calma, escucho frases que no son mías, que resuenan claras dentro de mí.
Esa voz, dulce, tierna, llena de amor sincero:
—No te preocupes, siempre estaré contigo, te amo…
Esas palabras me estremecen, me aprietan el pecho, me hacen llorar sin razón aparente. Siento la necesidad urgente de encontrar a esas personas, saber quiénes son, entender por qué sus sentimientos viven ahora en mí. Nunca me enamoré en mi vida; mi corazón antiguo solo conocía dolor y limitaciones. Sergio es mi mejor amigo, mi compañero fiel, lo aprecio mucho… pero solo como un hermano, nada más. Y ahora llevo dentro sentimientos que no nacieron en mí, un amor inmenso, una tristeza profunda, una despedida dolorosa que me pertenece aunque no la viví.
—¡Por favor perdóname, no me dejes! Nuestra hija te necesita._ Es una voz, que suena con desesperación, es un hombre suplicando que no lo abandonen, me siento decepcionada, a la vez con mucha tristeza, ¿Quien es ese hombre? ¿Que le hizo a aquella mujer? ¿Quien era ella? Son muchas las preguntas que yo misma me hago.
Ahora tengo salud, fuerza, vida nueva, pero comprendo que este corazón no solo me dio latidos, también guardó todo el amor que su dueña anterior llevaba consigo y debo descubrir la verdad, conocer su historia y cumplir, sin saber aún cómo, lo que ese amor sigue pidiendo.
Soy Gerardo Fiore, y me consume la furia, me arde por dentro cada día que pasa.
Hace diecinueve años cometí el acto que me pareció justicia, le robé a las hijas de mi exnovia, Lidia Carmona, ella era todo para mí, pero prefirió casarse con Miguel, eligió a otro y me dejó con las manos vacías y el alma llena de rencor, entonces pensé, si ella me quitó mi felicidad, yo le quitaré lo que más ama, las pequeñas que ella les dio la vida, a una la abandone cerca de un contenedor de basura, a la otra me la quede, que hoy lleva de nombre Daniela.
Yo soy estéril, nunca pude darle un hijo a Amalia, mi esposa, así que mentí sin dudar, le dije que la había adoptado, oculté la verdad para parecer padre y llenar el vacío que la naturaleza me negó.
Jamás quise como hija a Daniela, ni la voy a querer, para mí, es una bastarda que me salió enferma, un estorbo, un gasto inútil, me da asco, me parece una pérdida de tiempo y dinero verla sufrir de su corazón enfermo, lo que haga mi esposa con ella, me da igual, que la trate mal, que la humille, no lleva mi sangre, ¿por qué tendría que importarme?
Lo que me vuelve loco de rabia es mi propio padre, ese viejo terco y ciego solo ve en ella dulzura y bondad, desde que era pequeña la protegió de todos, incluso de nosotros, le pagó cada tratamiento, compró libros, le dio estudios, le cumplía cada deseo, la defendía sin dudar.
Le he gritado mil veces ¡Es inútil, papá! ¡Se va a morir pronto, desperdicias tu fortuna en alguien que nada te debe! Le prohibía seguir ayudándola, me opuse con todas mis fuerzas y ¿sabes lo que hizo? Me demandó, me denunció por maltrato psicológico ante todos.
Tiene mucho poder, mucho dinero, y ahora lo veo claro, se lo está dejando todo a Daniela, mi propia herencia, lo que me corresponde por derecho, se lo dará a esa niña que ni siquiera lleva mi sangre.
Me hierve la sangre al pensarlo, no puedo permitirlo, no voy a quedarme con las manos cruzadas, viendo cómo me quitan lo que es mío, debo acabar con ella antes de que firme cualquier papel, antes que herede todo lo que me pertenece, que nadie se entere, que parezca su enfermedad, así recupero lo que me roban y nadie podrá reclamarme nada.
Me guardo la furia por fuera, sonrío cuando alucino con mis planes y resultados, en eso me vienen en mente, ¿Que habrá pasado con la otra bastarda? _ Reacciono, que me importa lo que le pase, ahora lo importante es que nadie me quite lo que me corresponde, ni mi padre, ni esa niña que no vale nada.