Mi vida era tan normal y monótona hasta que conocí a un chico un año menor que yo, Alberto, él me hizo sentir segura y bonita.
Un día tuve un accidente y desperté en el cuerpo de una chica sumamente atractiva.
Mi alma estará en ese cuerpo durante 30 días. Tiempo suficiente para jugar con los chicos que se creen inalcanzable, entre ellos, Robin Clay.
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Cap. 20
Día 10
Decidí no ir más a la universidad. No puedo estar usurpando la vida de Milena. Hoy voy al hospital.
Conduje hasta el hospital.
Al llegar a la habitación donde se supone que está mi cuerpo, vi una cama vacía y tendida. Mi corazón sobresaltó. Empecé a llorar imaginando lo peor, ¿Será que Milena no soporto más?
Me apresuré a preguntar a una enfermera.
— Disculpe señorita, ¿Dónde está la chica de esa habitación?
— Ella está en la habitación 72. Anoche despertó.
— ¿Despertó?
— Si.
No podía creer que Milena había despertado. Me apresuré a la habitación 72. Vi a mis padres con una cara de felicidad y ahí está mi hermana y Alberto.
Entré.
— Buenos días— Miré a los ojos a Milena.
— Tú. Esperé por ti— se soltó a llorar.
Tenía dudas en mi cabeza. ¿Será que ella me escuchaba mientras estaba en coma?
— Nos pueden dejar a solas. Quiero hablar algo con mi amiga.
Mi familia y Alberto salieron del cuarto.
— No entiendo qué pasa. No sé quiénes son ellos y dicen que es mi familia. Ya les he dicho que soy Milena Wallace.
— Tranquila Milena. Entiendo por lo que pasas. Ya viví eso. Espero comprendas lo que nos pasa. Hace un mes y medio más o menos, tú venías conduciendo bajo los efectos de unos somníferos y perdiste el control porque al parecer convulsionaste y me atropellaste. En ese accidente ambas creo que íbamos a morir y al regresar a nuestros cuerpos nuestras almas entraron al cuerpo equivocado. Es difícil de creer pero así pasa. Yo estoy viviendo con tu familia y creeme que aún no asimilo muchas cosas. Pero necesito que estemos unidas en esto hasta el día de luna llena. Nos faltan veinte días para que podamos intercambiar.
— No entiendo nada. ¿De qué hablas? Estoy confundida.
— Tú estás en mi cuerpo y yo en el tuyo. Me llamo Camila.
— ¿Entonces vivo cómo Camila y tú vives como Milena?
— Así es. Quiero que por esto 20 días que faltan vivamos juntas y así te podré contar sobre mí y lo que he hecho estos días como Milena. Mis padres no van a querer al inicio, pero entre ambas los tenemos que convencer.
— Está bien. ¿Y cómo vamos a regresar a nuestros cuerpos?
— Eso lo hablamos después. Ya sabes lo básico. Hazte pasar por mi. Mis padres son buenos, por favor tratarlos bien. Mi hermana es a todo dar y ese muchacho Alberto es quien me gusta y él me quiere mucho.
— Gracias Camila. ¿Cómo le vamos a hacer para ir mi casa?
— Voy a hablar con ellos. Y recuerda que somos amigas desde hace mucho por si te preguntan y el porque nunca nos mencionamos es porque somos confidentes secretos.
Salí del cuarto.
— ¿Puedo hablar con ustedes?
— Si— Contestó mi madre.
Alberto solo me miraba de una forma curiosa.
— Quiero que Camila se termine de recuperar en mi casa. Quiero asegurarme que ella estará bien.
— No. Ella no va a ningún lado. Ella va a estar con su familia.
— Entonces puedo visitarla cuando quiera.
— Si.
Mis padres y mi hermana entraron a la habitación. Alberto se paró justo frente mío.
— ¿Qué locura dijiste a Camila?
— ¿De qué hablas? — Mi corazón se agitó. Será que me escuchó.
— Quedé cerca de la puerta y no fue mi intensión escuchar. Pero le dijiste que tú eres Camila en su cuerpo. ¿Qué estupidez es esta?
— Escuchaste mal. No dije nada parecido.
Alberto entró a la habitación. Yo quedé sentada afuera casi llorando. Alberto escuchó.
Entré y me despedí de todos.
— Nos vemos Camila. Recuerdas que tengo el mismo número. Puedes escribirme.
Le quise dar a entender que tenía su número. Espero haya comprendido lo que quise darle a entender.
— Si. En cuanto salga yo te aviso— Abrió sus ojos como platos y pude notar que no quería que me fuera.
Salí del hospital con lágrimas en mi cara. Estaba alegre porque Milena por fin pudo despertar. Mi cuerpo esta bien, he perdido demasiado peso, que ahora está en los huesos. Nunca me había visto tan delgada.
Abrí la puerta del auto. Alberto me tomó de la mano.
— Hablemos. Vamos a un cafetín que está cerca.
— Bien.
Debería prepararme mentalmente para decirle la verdad. Mi corazón estaba tan agitado que sentía que mi estómago lo iba a vomitar.
Llegamos al cafetín.
Alberto no paraba de verme directo a mis ojos y yo solo bajaba mi mirada tratando de esquivarla.
— Eres Camila. Recordé el día que fuiste a la facultad y te topaste conmigo, dijiste que eras Cami y luego dijiste que te llamabas Milena. Explicame todo.
— Soy Milena.
— Yo te escuché que le dijiste que eras Camila. El día que texteaste conmigo dijiste que camila me ama y también me extrañé que tuvieras mi número.
— Soy Milena — Empecé a llorar— Alberto, soy Camila en este cuerpo.
Alberto tenía una cara de asombro. Mordía su labio inferior con fuerza y fruncía su ceño.
— Dime algo que solo Camila y yo sepamos.
— El día que fuimos a comer hamburguesas, ese día fui en pijama. Además, fue la primera vez que tú me besaste.
— ¿Realmente eres Camila?
— Si. Solo te pido una cosa Alberto. No te enamores de este cuerpo, no te enamores de Milena.
— Mmm no lo haré. Aunque es difícil acostumbrarse hablar contigo, parece que hablo con otra persona aunque tú esencia es la misma. Y puedo preguntar por curiosidad como es que ustedes regresarán a sus debido cuerpos.
— Es un secreto que no puedo revelar. Pero créeme que pronto estaré en mi cuerpo.
— Okey. Quiero saber detalles de ese día. Yo te dejé en tu casa y cuando te llamé estabas en otro lugar.
— Fui a ver a Robin. Él decía que yo era su novia y realmente yo no había dado un si con conciencia. Y quería que todo quedará en claro. Ese día me dijo cosas que me hicieron sentir como una basura. Y empecé a caminar muy molesta cuando tú llamaste, no me fijé en nada y bueno, me atropelló la chica que ahora es Camila.
— Increíble. Aún no puedo creerlo.
— Quiero preguntarte algo y quiero que seas lo más sincero conmigo. No mientas. ¿Me amas?
— Con todo mi ser.
— Pero no soy bonita y no quiero que en un futuro me trates mal por mi físico si es que logró cambiar mi alma con la de Milena.
— ¿Quién dice que eres fea?
— ¿Y si no logro recuperar mi cuerpo que pasará entre nosotros?
— No quiero pensar en eso.
Terminamos de hablar y caminamos hasta a el auto.
— Voy a ir despedirme de tus padres. Por favor llámame cuando estés en casa.
Sonreí.
Llegué a la casa. Le mandé un mensajito a Alberto que ya había llegado. Me tiré a la cama a llorar. ¿Qué pasaría si nunca recupero mi cuerpo? Empecé a sentir miedo, ansiedad y estrés.
Mi celular empezó a timbrar.
— Milena te pregunto porque no viniste a clase— habló Ronnie.
— Ahm Ronnie. No iré a clases por un tiempo, no me siento bien.
— Voy para tu casa.
— No hay necesidad — contesté rápido.
— Nos vemos— Ronnie colgó la llamada.
Creo que es justo que Ronnie sepa de todo este embrollo. Pero quiero hablarlo primero con Milena y que ella decida. ¿Cómo le diré que me besó varias veces? Es como una traición. Igual no puedo decirle eso a Alberto.
Me dormí un rato. Sentí que tocaban mi cabello. Era Ronnie.
— ¿Qué diablos haces acá?
— Dormiste como unas tres horas.
— Y todo este tiempo estuviste aquí. Me hubiese despertado.
— Te babeas sabes.
— Estás loco. Yo no me babeo.
— Lo que tú digas. ¿Te sientes bien?
— Si.
La empleada tocó mi puerta.
— Señorita Milena, la señorita Amanda está aquí.
— ¿Amanda? Dile que se vaya. Tiene cara para venir a verme la muy desvergonzada.
En eso entra Amanda.
— Ya mi amiga del alma no quiere verme.
— Si no te vas voy a llamar a la policía por irrumpir en propiedad privada. Estoy de mal humor así que vete.
— ¿Y Ronnie que hace acá?
— Estoy en la casa de mi prometida— contestó Ronnie— Vete Amanda.
— No me iré. Quiero hablar con ella.
—Di lo que tengas que decir y luego te vas.
— Está bien. Llegó un muchacho a buscarte hoy. Un tal Robin.
No puede ser otra vez este idiota.
—¿Quién es Robin? — preguntó Ronnie..
— Tanto que te la tiras de Santa y engañas a Ronnie. Dicho esto me voy.
Maldita víbora.
— ¿Quién es Robin?
Mi ser titubeó y entró en un conflicto interno en si le decía la verdad.
— No te voy a mentir Ronnie. Un día fui a la facultad de medicina a buscar una amiga y él en cuanto me vio, empezó a coquetear y ahora quiere algo. Pero yo no tengo ningún interés en él.
— Mmm bueno. Si te sigue molestando solo dime para ponerlo en su sitio.
— Okey. Ronnie, la chica que atropellé acaba de despertar. Me gustaría que la conocieras.
Creo que lo mejor es que él sepa la verdad. Pero quería que fuese Milena quién le diga.
— Me alegra que haya despertado. Tú me dices cuándo.
— Quiero dormir un poco más. Y contigo no puedo.
— Ya me estás corriendo— se rió — Bueno, me voy. Descansa.
Ronnie salió del cuarto.
Llamé a mi hermana Ana, claro que no podía decirle hermana y mi actuación tenía que continuar.
— Hola, soy Milena. ¿Cómo sigue Camila?
— ¿Como tienes mi número? Pero bueno, ella está bien. Mañana le darán de alta con la condición que si se siente mal regresa al hospital.
— Me alegra. ¿Estás cerca de ella?
— Si. Te la paso.
Ana le dio el celular a Milena.
— Hola Milena, soy Camila. Escúchame okey. Mañana voy en la tarde a la casa donde irás a vivir momentáneamente. Quiero contarte cada cosa.
— Bueno. Te esperaré. Cuidado no llegas.
Colgué la llamada.
Día 11
No pude dormir pensando tantas cosas. La angustia se apoderaba de mi. Empezaba a sentirme estresada. Tenía tantas dudas, tantas preguntas que no tenían respuesta.
Esperé en mi cuarto con ansias que llegará la tarde.
La señora Wallace entró al cuarto.
— Hoy tampoco vas a la universidad.
— Mamá, te soy sincera, es que no entiendo nada de lo que hablan los profesores.
— Entiendo. Entonces descansa un tiempo y cuando te sientas lista, regresas. He visto que Ronnie ha estado viniendo. Sabes que cuando estuviste hospitalizada solo fue dos veces en ese mes. Había pasado algo entre ustedes, verdad?
— Si. Pero ya estamos bien.
— Por él quisiste quitarte la vida hija.
— No fue por él. Amanda me mostró la peor cara. Y te pediré que no la dejen entrar.
— ¿Qué te hizo Amanda?
— No quiero hablar de eso. Me siento indispuesta. Una pregunta mamá. ¿Ronnie dormía aquí los domingo?
— Mmm— Se tiró la carcajada— Si. No sólo los domingo, cuando tenían ganas. ¿Eso tampoco lo recuerdas?
Me dio una vergüenza.
— Y porque dejaste que durmiera aquí, cuando me lo contó me dio una gran pena.
— Tú eras la que quería. Ese tema fue un pleito de un mes entero. Al final decidí apoyarte y tú empezaste a tener una vida sexual con Ronnie. Un día de estos te pidió la mano para casarse.
— ¿Y mi padre?
— Andas muy preguntona el día de hoy.
La señora Wallace salió del cuarto. Ella vivía casi todo el tiempo afuera, en el trabajo y de compras.
Me alisté para ir a la casa de mis padres pues ya era hora. Ana me había avisado que ya habían salido del hospital.
Al llegar sentí un poco de nostalgia. Milena estaba en mi cuarto.
— Es un poco pequeño aquí. No es que menosprecie sino que la costumbre de ver todo espacioso.
— Te entiendo. Me pasa lo contrario. Siento tu cuarto tan amplio que tanto espacio me da miedo. Durante este tiempo viviendo como Milena, me di cuenta que Ronnie te quiere mucho.
— Él no me quiere— su cara se puso triste.
— Él si te quiere. Quién no es tu amiga para nada es Amanda pero ya la he puesto en su lugar— sonreí.