Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 19
Por fin encontré un apartamento cercano a la escuela de mis hijas y todo gracias a la amiga de Pamela. Planeo comprar un auto, económico y ya estoy en busca del local para mi tienda.
Mis heridas han sanado poco a poco, ya mi rostro luce menos amoratado y las suturas de mis muñecas van evolucionando.
Esta tarde tengo cita con el doctor Ocampo, Sofía irá conmigo. Después, cita con mi psiquiatra.
Llegamos a tiempo a mi cita médica. La asistente nos hace ingresar, Sofía decide de último momento quedarse afuera. Por alguna razón inexplicable, me siento nerviosa.
- Buenas tardes, señora Verónica- saluda el doctor Ocampo- Adelante, por favor. ¿Ha venido sola?
- Buenas tardes, doctor. No, Sofía decidió esperar afuera.
- Qué bueno qué la ha acompañado. ¿Cómo se siente? ¿Ha tenido jaqueca o algún otro síntoma qué considere relevante?
- No, doctor, ninguno.
- Pase a la camilla, por favor.
Mientras subo a la camilla, lo veo colocarse los guantes. Se acerca y comienza por revisar mi órbita ocular, para seguir con mi nariz y por último, mis muñecas.
- Sus lesiones han sanado casi por completo. La sutura de sus muñecas no será necesario retirarlas, el hilo se irá absorbiendo, solo cortaré los extremos.
Con sumo cuidado, corta los pequeños nudos a cada extremo de la sutura.
- La venda ya no será necesaria.
Cubro de inmediato las cicatrices con las mangas de mi blusa.
- Hay cremas qué ayudan a disminuir las cicatrices.
Se retira los guantes, loa desecha y me ofrece su mano para bajar de la camilla. La acepto por instinto, pero en el momento qué su piel toca la mía, una corriente eléctrica recorre mi columna vertebral y me suelto de inmediato.
Intento disimular mi reacción y camino hasta la silla sin decir nada. Tomo asiento sin dejar de mirar el suelo.
- ¿Cómo va la terapia?
- Creo qué bien, me ayuda expresar mis sentimientos.
- Eso es bueno, por favor, no lo abandone. Habrá días buenos y días malos, pero jamás dude de su fortaleza.
- Gracias, doctor.
- Nos queda una última cita, agende para la próxima semana el día qué le quede mejor. Solo quiero corroborar qué haya sanado por completo para darle el alta definitiva.
- Así lo haré, doctor. Gracias.
Me levanto apresurada, no quiero volver a tocar su mano, así qué evito el contacto.
- Cuídese, Verónica.
Voy tan nerviosa qué casi olvido agendar la cita. Regreso al escritorio de la asistente y lo hago. Sofía se aproxima e intento componerme.
- ¿Todo bien, Vero?
- Sí, todo en orden. ¿Nos vamos?
- Algo pasó y no quieres contarme.
- No es nada, Sofi, créeme.
Camino sin mirar atrás, todavía debo ir a mi cita con la psiquiatra. Llegamos al piso en dónde se encuentra su consultorio e ingreso a la hora acordada.
- Necesito qué seas totalmente honesta conmigo, Verónica. Habrá días difíciles, no dudes en llamarme si te sientes sobrepasada por la situación.
- Lo sé, doctora y creo qué lo más difícil será cuando me mude a mi apartamento. Estaré sola y nunca antes lo había estado.
- Lo has estado, créeme. Tus padres y hermanos nunca fueron una verdadera compañía y de tu marido, ni hablar. La ausencia de tus hijas será lo qué pesé más, pero créeme qué este tiempo te ayudará para conocerte y formar una versión mejorada de ti. Llevará tiempo, pero al final te sentirás satisfecha con tus logros.
- Debo admitir qué tengo miedo de fracasar. De no ser lo suficientemente inteligente para administrar un negocio y en general, de no poder gestionar mi vida.
- Es normal sentir miedo ante cualquier cambio por mínimo qué sea y lo qué tú estás haciendo es algo grande. Piensa qué no estás sola, tienes toda una red de apoyo, no la sueltes.
Abandono la consulta más tranquila, debo continuar con los medicamentos para combatir la depresión hasta nuevo aviso y me ha dejado tarea. Mi trabajo es ir escribiendo mis sentimientos y mis pensamientos cada día.
- ¿No piensas contarme lo sucedido en la consulta del Doctor Ocampo?
- No hay nada que contar. La próxima semana es mi última cita de seguimiento con él.
- Saliste de ahí muy nerviosa.
- No pasó nada, de verdad.
Al llegar al edificio de apartamentos, nos encontramos con la sorpresa de qué mi madre, mi padre y mis hermanos se encuentran ahí.
- ¿Qué hacemos? Sí tú quieres, nos vamos.
- No, tarde o temprano iban a aparecer.
Descendemos del vehículo y es mi padre quién se aproxima.
- Necesitamos hablar contigo.
- Buenas tardes, señor Mijares. Pueden hablar con Verónica en mi apartamento.
Mi padre no responde ni el saludo, se limita a asentir. Nos siguen y nos dividimos en los ascensores. Nadie habla. En cuanto ingresamos al apartamento, les señalo los sofás.
- Están en su casa. Estaré en mi habitación, Vero. No dudes en llamarme si necesitas algo.
- Gracias, amiga.
Mi padre espera prudentemente a qué Sofía se marche. En cuanto escucha la puerta de la habitación cerrarse, dice:
- Te exijo qué te olvides de esa tontería de la violencia doméstica y del divorcio. ¿Sabes el daño qué le estás haciendo a tu familia?
- ¿Y tú sabes el daño qué me ha causado Rodrigo todos estos años? ¡Mírame, papá!- Señalo mis lesiones.
- Algo debiste hacer. Es tu marido y su deber es corregirte.
- ¿De verdad crees eso?
- Por supuesto.
- Entonces, no tenemos nada más qué hablar.
- Te equivocas- interviene mi hermano Jaime- Nos estás perjudicando a todos. No eres una niña, Verónica. Enfrenta tus problemas y soluciónalos.
- Es justo lo qué estoy haciendo. Sí para ti, solucionar significa seguir aguantando golpes y humillaciones, de una vez te digo qué eso no va a pasar.
- Podrían tomar terapia- sugiere mi madre.
- No, mamá. No amo a Rodrigo y ya no quiero estar con él.
- Tienes un amante, ¿verdad?- asegura Abel, mi otro hermano.
- No, ¿cómo puedes insinuar algo así?
- Porque cuando una mujer quiere dejar a su marido es porque hay alguien más.
- ¡Qué parte no entienden de qué estoy harta de los malos tratos de Rodrigo! No merezco vivir una relación llena de violencia. Me casé engañanada, él mostró su mejor cara para convencerme. Era una joven insegura e inexperta.
- Rodrigo te ama. Te ha dado todo. Un hogar, dos hijas, un eatatus, el respeto de la sociedad. ¿No vas a ceder?
- No, papá. Es una decisión tomada. Nada de lo qué me digas me hará cambiar se parecer.
- Muy bien. Entonces, olvídate de nosotros. Ya no formas parte de esta familia.
- ¿Acaso alguna vez lo fui? Nunca se han preocupado verdaderamente por mí, así qué estoy acostumbrada.
- Te vas a arrepentir, Verónica. No sabes hacer nada, te debes a tu marido- sentencia mi madre.
- Gracias por tus buenos deseos, mamá. Voy a demostrarles qué no me debo a nadie, más qué a mí.
Con un ademán, les muestro la puerta y los invito a retirarse. Mi padre me lanza una mirada de desprecio, mis hermanos hacen lo mismo.
Cierro la puerta tras de ellos. No me sorprende su actitud, puedo decir qué ya ni siquiera me duele. Hoy más que nunca me siento decidida a salir adelante y demostrarme qué soy capaz.
Sofía sale de su habitación, de inmediato me abraza. Yo me mantengo fuerte, no puedo dejar qué nada me derrumbe.
- Lo lamento mucho, Vero.
- ¿Escuchaste todo?
- Imposible no hacerlo y créeme qué estoy asombrada de su frialdad. No me imaginé qué fueran así.
- Estoy acostumbrada. No te preocupes por mí, sus palabras ya no me hacen daño.
- Sabes qué estoy aquí para ti y qué siempre voy a apoyarte.
- Lo sé, amiga y no sabes cuanto lo valoro. Olvidemos el tema, ¿me ayudas a buscar muebles en línea? Tengo un apartamento vacío por amueblar.
- Claro, qué buena idea.
El resto de la tarde la pasamos buscando muebles prácticos y de precios razonables para mí nuevo apartamento. Mi primer apartamento.
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes