Ece
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capitulo 17
Limpio una de las lágrimas secas que quedaron sobre mi mejilla mientras me miro en el espejo del baño convenciéndome de que hice lo correcto.
Sí, hice lo correcto.
Cualquier chica con un buen sentido común lo hubiese hecho ¿no?
Niego, soltando un suspiro. Estoy tan confundida, dolida y molesta... Aunque, por una parte, muy orgullosa de lo que recién acabo de hacer.
—¿Estás ahí, Ece?, logro percibir por sobre el sonido de la música a Bianca tocar la puerta del baño con delicadeza.
Chequeo en el espejo mi aspecto una última vez. No se notan las lágrimas que recién derramé pero si hay una leve hinchazón en mis labios y ojos.
Espero que no lo noten.
Salgo de baño sonriendo como si nada ha pasado.
— ¿Estás bien?
—Desapareciste por veinte minutos,me escanea al mismo tiempo en el que las palabras salen de su boca.
— Estoy bien, aseguro mientras comienzo a caminar a la salida, dejándola detrás de mí.
— ¿Segura?, insiste
— Lian dijo que no estabas bien.
Aprieto la mandíbula sintiéndome furiosa.
Que Lian actúe tan descaradamente es algo que no pienso tolerar. No debería meterse en mi vida, la vida de alguien que no le importa. ¿Cómo se atreve ese imbécil?
Ok, sí, estoy muy molesta.
Me doy vuelta para mirarla.
— Estoy bien, reitero con una sonrisa falsa. Lian no sabe nada. Deberías confiar en mí en vez de cuestionarme por lo que tu amigo ebrio te dice, escupo intentando no lucir colérica.
Ese chico a veces me saca de quicio.
Tal vez todo el tiempo.
Bianca me mira, confundida por mi actitud. Pasan largos segundos cuando por fin asiente con lentitud. Como ya no tenemos nada que decirnos, es hora de retomar nuestro camino.
Los chicos siguen donde estábamos antes; en la planta baja y la pista de baile. Me acerco a ellos, Evelyn es la primera en enfocarme y sonreír.
— ¿Dónde estabas? Ya estábamos preocupadas. Lian dijo que no estabas bien.
Aprieto mis puños conteniendo las ganas de ir a buscarlo y golpearlo hasta que mis nudillos se rompan. Idiota ¿Qué se cree? no puede ir por ahí diciendo que no estoy bien sin saber siquiera que es lo que estoy sintiendo.
Sonrío con naturalidad, debo admitir que es algo que se me da muy bien.
— Estaba por ahí...
Abriendo los ojos con respecto al imbécil chico que me gusta. No es quien yo pensaba.
Sólo tomaba aire. ¿Me perdí de algo?
Bianca sonríe.
—De nada, solo de Adriana y Diego vomitando, y de Megan coqueteando con un par de chicos, responde Evelyn con alegremente.
Señala a Megan quien está con tres chicos en la barra. Al notar que la miramos hace un par de señas para que nos acerquemos. Sufro una crisis interna cuando siento como Bianca me jala del brazo, arrastrándome hacia donde ellos se encuentran.
—Vamos, te ha guardado a uno según ella, ríe con coquetería.
—Te dejará escoger a tu preferido.
Me niego rotundamente. No quiero ir a ningún lado y tampoco quiero conocer ni elegir a alguien para ligar.
— ¿Qué hacemos? ¿Escoger mascotas? Es demente, Bianca, ellos son personas.
—Vamos, Ece, no seas aguafiestas, de seguro son muy amigables, dice insistiendo
Me niego otra vez. No soy conocida por ser muy sociable precisamente.
No creo que sea una buena idea,me quejo, resistiéndome al forcejeo de la intensa de mi mejor amiga.
—¿Qué es lo peor que puede pasar, eh?cuestiona alzando ambas cejas.
— deberías conocer más personas, Ece. No todo debe ser sobre Lian, me suelta sin empatía ni anestesia.
Muerdo el interior de mi mejilla sintiéndome descubierta y avergonzada. ¿Tan obvia soy? Ya de seguro todos se dieron cuenta de lo mucho que me gusta.
—No creas que soy estúpida, sé que estuviste con Lian, dice con seguridad, haciendo que mi estómago se encoja
— y te diré muy sinceramente cómo su amiga de ambos que soy, él no es el indicado para ti.
Su mirada me transmite compasión.
No quiero que nadie me tenga compasión. Además ya son varias personas que me dicen lo mismo en tan solo horas.
Suspiro, notando como un molesto nudo se instala en mi garganta. No me gusta hablar de eso ni siquiera con ella. Sí, es mi mejor amiga y bueno, se supone que debo sentir la abierta confianza para contarle lo que me pasa con su amigo, pero no, no soy capaz de contarle lo que siento por él ni como me siento al respecto.
Estoy tan confundida, mi cabeza y sentimientos están vueltos un lío, ni yo misma me entiendo así que no creo que nadie más pueda hacerlo, ni siquiera ella. La única cosa que sé con certeza es que estoy muy mal y eso es a causa de él, de su cercanía, de su manera de confundirme, de su extraña manera de hacerme sentir.
— No sé de qué hablas, respondo fingiendo confusión.
Es lo único que logro articular en un intento de sonar convincente.
Mi boca está seca y mi cerebro trabaja con rapidez buscando cuales serán las próximas palabras que voy a decir.
—Sí lo sabes, me responde de inmediato. Lo que antes era compasión parece volverse ira.
—no intentes negarlo. Te conozco; conozco tus expresiones, la manera de reflejar tus nervios, sé que estuviste llorando hace unos minutos, lo sé todo sobre ti y tú lo sabes. Me molesta que no hayas confiado lo suficientemente en mí como para contármelo.
—No se trata de confianza, intento defenderme aun sabiendo que no tengo oportunidades en esta conversación contra ella.
—¿Ah no? ¿y entonces de qué se trata?, pregunta con un tono cargado de sarcasmo. El brillo en sus ojos derrocha molestia, pero más que eso, tristeza.
— Es complicado, Bianca respondo ya desanimada. No es el lugar ni el momento para hablar sobre esto.
Suspira.
—Sólo digo que no es de mejores amigas ocultarse las cosas... Dice ella con un tono más calmado obviamente notando que estoy a punto de llorar de nuevo.
Cuando estoy a punto de contestar me doy cuenta de que Megan viene hacia nosotras con los chicos a su lado.
¡Carajo!.
Bien, ahora tendré que fingir un fuerte dolor de cabeza solo para largarme a casa.
— ¿Está todo bien por aquí, chicas?, pregunta Megan observándonos de manera curiosa.
—Parecía que discutían.
—Todo está bien, me apresuro a decir.
— Sí, supongamos que todo está dice Bianca sin mirarme. Está dolida, pero ya se le pasará.
—Bien... Quiero presentarles a mis amigos, Bianca arrastra las palabras sin creerse nada de lo que dijimos.
Los tres chicos bien vestidos se posan delante de nosotras. Todos son bastante atractivos.
¿A quién le quiero mentir? Son unas jodidas bellezas.
El más alto de ellos llama mi atención por un segundo.
Alto, delgado, castaño y bastante tierno.
Nuestras miradas se cruzan de una manera casi fugaz. Ya sé con quién quiero bailar.
—Bien, él es Andy, presenta Megan al primero.
Alto, porte atlético, de esos que tienen pinta de ser los capitanes del equipo de fútbol en la preparatoria; cabello marrón y una mirada de mujeriego que se puede notar a cinco kilómetros de distancia.