Él es Leonardo "Leo" Santamaría, hijo de uno de los dueños del hospital más prestigioso del país. Un médico brillante, pero arrogante y mujeriego. Es conocido por sus noches de fiesta, su actitud despreocupada y su fama de ser un profesor insoportable. Para él, la vida es un juego en el que nunca ha tenido que luchar por nada… hasta que la conoce a ella.
Ella es Isabela "Isa" Moreno, una estudiante de medicina determinada a convertirse en doctora para asegurar un futuro para su hijo. A sus 24 años, ha aprendido a ser fuerte, a sobrevivir sin ayuda y a mantener su vida privada en secreto. La última persona con la que querría cruzarse es con un profesor prepotente como Leo, pero el destino tiene otros planes.
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capítulo 17
Leo estacionó su auto frente a la casa de sus padres y soltó un suspiro antes de bajar. No era una visita cualquiera. Sabía que su padre, Stefano, tenía una sola intención al llamarlo: presionarlo para que aceptara la dirección del hospital.
Cruzó la puerta principal y encontró a su madre, Elena, en la sala, sirviendo té con su elegancia de siempre.
—Hijo, llegaste —dijo ella con una sonrisa dulce.
—Mamá —asintió Leo, besando su mejilla antes de girarse hacia la figura sentada en el sillón principal.
Stefano lo miró con la misma severidad de siempre. Su cabello canoso no le restaba autoridad, y su postura rígida dejaba claro que no tenía intenciones de suavizar la conversación.
—¿Cómo está tu salud? —preguntó Leo, manteniendo la formalidad.
—No he muerto todavía, si es lo que preguntas —respondió su padre con frialdad. Luego, bebió un sorbo de su café y dejó la taza con un golpe seco sobre la mesa. —Pero eso no es lo importante. Lo que quiero saber es si ya dejaste de jugar a ser un simple cirujano y aceptaste lo que te corresponde.
Leo apretó la mandíbula. Sabía que esta discusión era inevitable, pero eso no la hacía menos irritante.
—No estoy jugando, padre. Me gusta operar, salvar vidas con mis propias manos.
—¡Basta de tonterías! —Stefano golpeó el brazo del sillón, su paciencia agotada—. Ese hospital lleva nuestro apellido. No es solo un lugar donde trabajar, es nuestro legado. Y es hora de que tomes tu lugar como director.
Elena miró a su esposo con desaprobación, pero no dijo nada. Leo exhaló lentamente, tratando de contener su frustración.
—¿Y si no quiero?
—No tienes opción —espetó Stefano—. Puedes seguir siendo cirujano, pero también dirigirás el hospital. No voy a permitir que otro lo haga.
Leo bajó la mirada. Sabía que su padre jamás aceptaría un "no". Y quizás, después de tanto tiempo huyendo de su destino, era momento de dejar de pelear.
—Está bien —dijo al final, con voz tensa—. Lo haré.
Stefano asintió con aprobación, como si siempre hubiera sabido que su hijo terminaría cediendo.
Pero Leo sintió algo parecido a una derrota.
Leo sintió una calidez inesperada al ver a la pequeña de rizos oscuros mirarlo con curiosidad. Su madre, Elena, sonrió con dulzura mientras le acariciaba la mejilla a la niña.
—Vamos, dile hola a tu tío Leo —susurró ella.
La pequeña lo miró con grandes ojos brillantes y luego escondió su rostro en el cuello de su abuela.
—Es más tímida de lo que parece —comentó su hermano, riendo mientras tomaba asiento junto a su esposa.
Leo extendió una mano con cautela, sin querer asustarla.
—Hola, pequeña —dijo con voz suave.
Después de unos segundos, la niña pareció confiar en él y se dejó tomar en brazos. Leo la sostuvo con cuidado, sorprendido por lo natural que se sentía. Ella se acomodó en su regazo con facilidad, jugueteando con los botones de su camisa.
Mientras su hermano conversaba con sus padres, Leo comenzó a divagar. Se sorprendió al pensar en lo lindo que sería tener una hija así, con una mirada dulce y curiosa… y, sin darse cuenta, su mente viajó a Isabela.
La imagen de Isa con una niña de ojos vivaces y carácter fuerte se formó en su mente. Sería hermosa, sin duda. Pero la idea lo golpeó de repente y sacudió la cabeza para espantar el pensamiento.
—No, ni pensarlo —murmuró para sí mismo.
Para distraerse, tomó su teléfono y le sacó una foto a su sobrina. Miró la imagen por un momento y, sin pensarlo demasiado, la puso como fondo de pantalla.
Tal vez no estaba listo para una familia propia, pero algo en esa pequeña le provocó una sensación cálida en el pecho, algo que no había sentido en mucho tiempo.