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ARQUITECTO DE MI PROPIO DESASTRE

ARQUITECTO DE MI PROPIO DESASTRE

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia / Arrogante / Mujer poderosa / Malentendidos / Romance de oficina
Popularitas:7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Sebastián Vélez vive convencido de que su matrimonio con Luciana Salazar es un plano perfecto que no necesita reformas, aferrándose a una vida de lujos, libertad y la compañía de sus dos gatas. Sin embargo, tras dos años de matrimonio, Luciana está lista para ampliar la familia y le entrega un ultimátum que amenaza con demoler su mundo ideal.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Hogar, dulce caos

...CAPÍTULO 15...

...----------------...

...SEBASTIÁN VÉLEZ ...

La casa de la Senadora Amanda Jiménez era gigante, cargado de ese aroma a madera costosa que hoy, más que nunca, me resultaba repulsivo. Estaba sentado en un sofá de cuero italiano, pero me sentía como si estuviera sobre brasas. A mi lado, Gabriel mantenía una postura rígida, con la mandíbula apretada, y Michelle Martínez, nuestra abogada, revisaba unos documentos con frialdad.

Frente a nosotros, la Senadora parecía haber envejecido diez años en un solo día. Ya no era la mujer imponente que entró gritando a la oficina; era una madre derrotada por la propia monstruosidad de su hija.

—Vanessa lleva veinticuatro horas desaparecida —soltó la Senadora con la voz quebrada, frotándose las manos con nerviosismo—. No contesta el teléfono, no ha usado sus tarjetas de crédito... No tenemos idea de dónde pueda estar. Creo que finalmente dimensionó lo que hizo y entró en pánico.

—O está ganando tiempo para escapar de la justicia, Senadora —intervino Michelle con tono seco—. La denuncia por tentativa de homicidio agravado ya está en curso. Que no aparezca solo empeora su situación legal ante la fiscalía.

La Senadora bajó la cabeza, dejando escapar un suspiro de vergüenza que casi me hace sentir lástima. Casi.

—Lo sé, y no pienso entorpecer el proceso —dijo Amanda, mirándome directamente a los ojos—Sebastián, Gabriel... no hay palabras para expresar cuánto lamento que mi hija haya llegado a este nivel de demencia. Me haré cargo de absolutamente todos los gastos médicos de Luciana, de las terapias, de lo que necesiten. Y quiero que sepan que, cuando la encuentren, no moveré un solo dedo para evitar que pague su castigo. Se acabó. Vanessa tiene que enfrentar las consecuencias de sus actos, aunque eso signifique la cárcel.

—El problema, Senadora —dije yo, rompiendo mi silencio con una voz que me salió más ronca de lo normal—, es que mientras Vanessa juega a las escondidas, mi esposa está en una cama de hospital luchando por no perder a nuestro hijo. El dinero de los gastos médicos no compra la paz que ella nos arrebató.

Gabriel me puso una mano en el hombro para contenerme. La tensión era inmensa.

—Estamos aquí para formalizar los acuerdos de reparación —continuó Gabriel con calma profesional—, pero también para dejar claro que, si descubrimos que alguien de su entorno está ayudando a Vanessa a esconderse, la denuncia se extenderá por complicidad.

—Nadie la está ayudando —aseguró la Senadora con firmeza—. Le corté las cuentas y el acceso a cualquier apoyo logístico. Está sola.

Salimos de la casa poco después. El sol de la ciudad me pegó en la cara, pero no sentí calidez. Solo sentía una urgencia desesperada por volver al hospital. Vanessa era un cabo suelto, una sombra que andaba por ahí fuera mientras Luciana estaba vulnerable.

—Michelle, encuentra a esa loca —le dije a la abogada mientras caminábamos hacia el auto—No me importa cuánto cueste o a quién haya que presionar. No voy a estar tranquilo hasta saber que está tras las rejas.

—Lo haré, Sebastián. Con el historial de la llamada del hotel y los videos de la obra, tiene pocas opciones —respondió ella antes de subir a su coche.

Subí al auto con Gabriel, quien arrancó de inmediato en dirección al hospital. Mi mente no dejaba de dar vueltas. ¿A dónde se va una niña rica que nunca ha tenido que esforzarse por nada cuando todo su mundo se derrumba?

Llegué al hospital con la mente todavía en la conversación en la casa de la Senadora, pero en cuanto crucé la puerta de la habitación de Luciana, el aire cambió. Seraphine estaba sentada junto a la cama y ambas reían suavemente.

—...si es niña, me gusta que sea un nombre con fuerza —decía Luciana, con la voz un poco débil pero con un brillo renovado en los ojos—. Y si es niño, nada de nombres raros, Sera, que luego Sebastián se inventa cosas.

—¡Hey! Te escuché —dije, acercándome y dejando un beso suave en la frente de mi esposa—. Me alegra ver que ya estás mejor.

—Hay que mantener la esperanza viva, Sebas —respondió ella, apretando mi mano—. Este pequeño es un guerrero.

Sera se levantó para darme espacio, dándome una mirada de apoyo antes de salir. No pasaron ni cinco minutos cuando la puerta se abrió de nuevo. El doctor entró acompañado de dos enfermeros que traían una camilla de traslado.

—Señores, es hora —anunció el médico con tono profesional—. Vamos a llevar a Luciana a la unidad de imagenología para una ecografía de alta resolución. Necesitamos ver cómo ha evolucionado el embrión en estas últimas horas. Señor Vélez, puede acompañarnos si desea.

Ayudaron a Luciana a pasar de cama a camilla con precaución. Cada vez que ella hacía un gesto de dolor por las costillas, yo sentía que se me partía algo por dentro. Recorrimos los pasillos en silencio hasta llegar a la sala de ecografía. El ambiente allí era frío y oscuro, iluminado solo por el resplandor de los monitores.

La doctora de turno aplicó el gel y comenzó el examen. Luciana y yo nos quedamos pegados a la pantalla, buscando ese pequeño parpadeo de luz que representaba la vida. El sonido del corazón llenó la sala. Era constante, pero el rostro del médico seguía serio mientras señalaba una mancha oscura cerca del saco gestacional.

Al terminar, nos llevaron de regreso a la habitación. Una vez que Luciana estuvo acomodada de nuevo, el médico se cruzó de brazos y nos miró fijamente. Su expresión no dejaba lugar a dudas sobre la gravedad del asunto.

—Escúchenme bien, porque esto es vital —dijo el doctor, bajando el tono—. El bebé está ahí, pero el desprendimiento no ha cedido. Dada la condición de las fracturas de Luciana y la inestabilidad del saco, ella estará en el hospital por un buen tiempo. No es negociable.

Luciana tragó saliva, mirando hacia la ventana del hospital.

—Si de verdad no quieren perder a ese bebé —continuó el médico, mirándola directamente a ella—, tendrá que quedarse aquí bajo monitoreo estricto, sin importar qué pase afuera, sin importar el trabajo o el aburrimiento. Esto se ha convertido oficialmente en un embarazo de alto riesgo. Cualquier esfuerzo, por mínimo que sea, podría ser fatal.

Miré a Luciana y vi cómo procesaba la noticia. Estar encerrada semanas o meses en una habitación era su peor pesadilla, pero la determinación en su rostro me dio la respuesta antes de que hablara.

—Me quedaré —dijo ella con firmeza, aunque sus ojos estaban cristalizados—. Haré lo que sea necesario para que mi hijo nazca bien.

—Así será, mi amor —le dije, besando sus manos—Yo me encargo de todo lo demás.

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Dejé a Luciana bajo la vigilancia de Seraphine, asegurándole que solo iría a ducharme y a buscar sus cosas esenciales. Ella asintió, regalándome una de esas miradas que dicen "yo me encargo, vete a descansar un rato".

Mantuve la sonrisa hasta el último segundo, le di un beso en la frente a Luciana y salí de la habitación caminando con la seguridad de un roble.

Pero en cuanto crucé el umbral de nuestra casa y el sonido de la cerradura encajó en su sitio, la armadura que había estado sosteniendo durante las últimas cuarenta y ocho horas se desintegró.

Mis piernas simplemente dejaron de funcionar. Me deslicé por la madera de la puerta hasta que mi trasero golpeó el suelo frío. Apoyé la espalda con fuerza, sintiendo cómo el aire se me escapaba de los pulmones en bocanadas erráticas. Mis manos, esas que habían estado sosteniendo las de Luciana con firmeza, empezaron a temblar tanto que tuve que esconderlas entre mis rodillas.

Había tenido que ser el hombre fuerte para Luciana. Su apoyo incondicional. El tipo centrado ante la situación. Pero aquí, solo, el terror me estaba devorando vivo. Tenía pánico de casi haber perdido a Luciana en esa caída. Y luego estaba... lo otro.

El bebé.

No me malentiendan, escuchar ese latido en el monitor me hizo llorar de alivio por ella, porque sé cuánto lo deseaba, porque por fin seremos esa familia que soñamos. Pero si soy sincero conmigo mismo —esa honestidad brutal que no le admitiría a nadie—, no estoy saltando de una sola pata.

La noticia que debería ser pura alegría se sentía en mi cabeza como una cuenta regresiva. No se lo admitiría a Luciana, no ahora que ella está en una cama de hospital aferrándose a la vida, pero tengo un miedo atroz. No estoy saltando de una sola pata. Estoy aterrado.

Tengo miedo. Un miedo atroz de ser padre.

¿Yo? ¿El tipo que hace chistes en los funerales? ¿El que a veces se olvida de dónde dejó las llaves? ¿Cómo voy a ser responsable de una vida? Tengo pánico de cometer errores estúpidos, de no estar a la altura, de que ese niño o niña crezca y me odie porque no supe ser el guía que necesitaba. Ser padre es una responsabilidad que no se puede tomar a la ligera, y ahora mismo siento que me estoy ahogando en ella.

—Mierda... —susurré, enterrando la cara en mis manos, tratando de controlar los sollozos que amenazaban con salir.

En medio de mi hiperventilación, sentí un roce suave en mis tobillos. Mis gatas se habían acercado. Empezaron a rodearme, maullando bajito y ronroneando, como si detectaran el cortocircuito emocional que estaba sufriendo.

De repente, sentí un peso pequeño y decidido sobre mi rodilla. Levanté la vista. Era Sera, la gata más amargada y territorial de la casa, la que normalmente me mira con desprecio si trato de cargarla. Me puso una pata en la pierna, clavando apenas las uñas para llamar mi atención, y me miró fijamente con sus ojos amarillos mientras soltaba un ronroneo profundo, casi vibratorio, como si me estuviera ordenando que volviera a la tierra.

Solté un suspiro largo, esta vez más profundo. y, por primera vez en 48 horas, mis músculos empezaron a soltarse. Acaricié el lomo de la gata y cerré los ojos. Poco a poco, el temblor de mis manos cedió.

—Tú también crees que voy a ser un desastre, ¿verdad, gorda? —susurré con la voz rota.

Ella solo parpadeó y se quedó ahí, firme. Me quedé un rato más en el suelo, permitiéndome ser vulnerable antes de tener que ducharme, ponerme ropa limpia y volver al hospital a ser, una vez más, el Sebastián que todos conocen.

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Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Excelente,divertida extraordinaria
Nancy Parraga
Veamos que va hacer Luciana con esos padres hdp y un ex obsesionado esto es como una bomba 💣a punto de explotar 💥
Nancy Parraga
Ahora ya no es Vanessa, es un ex que creo que psicópata y unos suegros que rayan a la locura
Nancy Parraga
Por Dios Sebas estás más cagado que palo de gallinero🤣🤣 te persiguen los enemigos 🤣
💞Agustina Intriago 💕🌙
Pobre Sebas si no le llueve le escampa 🤣🤣🤣🤣
💞Agustina Intriago 💕🌙
Creo que ese par de desgraciados no son tus padres
💞Agustina Intriago 💕🌙
Primero Vanessa ahora el ex ridículo y también unos padres hdp que merecen que se los envié a martes 🙏🏼
💞Agustina Intriago 💕🌙
Sebastián creo que deberías de darte unos baño de no se que para que te quiten a todos esas personas obsesionadas 🤣🤣🤣
Nancy Parraga
Ese hombre se merecía el golpe y no solo uno si no algunos como pueden tratar así a su hija o sea que no es hija de ellos
Nancy Parraga
La verdad que la familia de Luciana son una joyita de la peor calaña
Nancy Parraga
Pobre sebas no sale de una y le llega otra creo que atraes el caos ahora te llegó el ex a dar problemas 🤣🤣
Nancy Parraga
El héroe caído le puso el cansancio y una locomotora 🚂 le queda corta en ronquidos 😂😂😂😂😂
Nancy Parraga
😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂Sebas pagaras piso por qué dudo que ese par solo te graven para ellas 🤣🤣🤣🤣
Nancy Parraga
Esa mujer si que es una loca de remate, presentarse en el departamento de Sebas
Nancy Parraga
Hay Seba se que no estás brincando en una pata Pero es tu hijo y debes cuidarle se que no estabas preparado Pero nadie está preparado para ser padre pero ya te toco
Nancy Parraga
Ahora le toca a Sebas y a Luciana tomar las cosas con calma para retener el embarazo
Nancy Parraga
por Dios ojalá que den rápido con Vanessa por qué esa mujer es un peligro en la calle
Nancy Parraga
Lo mejor que pudo hacer Sebas fue confiar en su esposa
Nancy Parraga
La verdad que esa mujer es el diablo y eso por qué la madre la a de concentir por ser la hija de la senadora ella se cree invencible
Maya
Se supone que el es el esposo el único que puede autorizar su salida ojalas no se salgan con la suya
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