¿Que pasa cuándo el destino junta a dos personas que apenas logran llevarse bien? Embarcate junto a Agnes y Mateo en este viaje a descubrirse.
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Capítulo Q U I N C E: "Señorita Bachelet"
Cuándo pensé que los problemas se habían acabado, pasa esto. Ayer después de encontrarme con él en la salida del ascensor, almorzamos juntos ya que me invitó a un restaurante fuera de la empresa.
Me enteré que él había vuelto porqué Lara le había dicho del problema que se nos presentaría hoy con la prensa, todos los malditos titulares de casi todas las revistas de economía del país decían que en la cabeza de una de las sucursales de exportación de petróleo una mujer con papeles falsos estaba al mando.
¿Lo peor?
Pues lo peor es que el foco está centralizado en la empresa, porque la prensa asegura que los de alto rango en la empresa sabían de este fiasco que yo le estaba haciendo a la empresa y aún así me dejaron aquí. Aparte que para mi eso era en extremo peligroso, mi integridad está en peligro y mi hermana también está implicada, esto nos daña a todos porque Artemis como Ceo de los bancos de su papá también le afecta.
¡Maldita sea!
Todo un maldito escándalo y todo por mi culpa.
Algunos integrantes de la familia de Artemis odian a mi hermana y esto solo hará que ellos se peleen, escándalo grande, pelea fuerte. Yo voy a salir a declarar a la prensa, no puedo dejar que por mi culpa mi familia y también la empresa tengan problemas.
Me aterra pensar que mi pasado vuelva a mi, que me encuentre y vuelva solo para causarme mucho daño. Aunque no quisiera alejarme de mi hermana y de mi sobrina eso será lo mejor, irme lejos y que nadie, absolutamente nadie sepa nada de mi.
Será lo mejor para todos.
La decisión ya está tomada, voy a redactar dos documentos. Me gustaría entregarla directamente pero la dejaré con Lara y que ella se encargue de entregarla.
Con respecto a la prensa, voy a aclarar los rumores y decirles que se equivocan con respecto a que los directivos sabían de esto, de alguna manera debo arreglar todo este problema que estoy causando.
Mi teléfono suena y me saca de mi trance culpable.
Es mi hermana.
§En La Llamada§
— ¿Agnes estás bien?
— Sí, ¿Tú estás bien?
— Sí, sí, despreocúpate.
— ¿Cómo puedes pedirme que me despreocupe? Esto no está nada bien. — Sollocé.
— Porque problemas peores hemos afrontado juntas y aquí estamos, todo se solucionará. Hoy Artemis tuvo una reunión con un amigo de la infancia, ellos estuvieron hablando de ese problema.
— Ese es el problema Ainara, siempre ustedes solucionando mis metidas de pata.
— Pará eso está la familia Agnes Sofía, para ayudar cuando más se necesita.
— Yo solo... Dios, quisiera que esto no esté pasando.
— Se arreglará. Ven a cenar, Alina ha estado preguntando por ti.
— Sí, resolveré unas cosas aquí y salgo para allá.
§Fin de La Llamada§
No podía darme el lujo de estar tranquila, yo de alguna manera iba a solucionar todo el embrollo que arme. Es que esto es mi culpa y solo mi culpa, no de nadie más.
Proseguí con la escritura de las cartas que esperaba arreglaran un poco todo este problema. Sé que tendré que pagar un precio alto para que esto se arregle, así que estoy más que dispuesta a pagar lo que sea.
La puerta de la oficina se abrió y esa imponente figura entró a mi oficina.
Su cabello rubio bien peinado hacia atrás y el anillo de casado brillando en su dedo. Su voz salió fría y autoritaria, ya no quedaba ni una chispita de carisma en él, al menos no esa que tenía el día que lo conocí.
— Señorita Bachelet, ¿Qué es lo que la mortifica? — Sebastián preguntó.
— Este problema, precisamente también, estoy redactando una carta.
Cuándo él iba a responderme, enseguida agregue :
>> De hecho dos cartas, una en la que solicitó una rueda de prensa para aclarar los rumores y la otra es mi renuncia.
— ¿Pero como que una renuncia? ¿Ya hablaste con Mateo al respecto?
— Yo no tengo nada que hablar con el señor Mateo, él hace mucho tiempo que se fue y yo simplemente no puedo seguir al mando de la empresa, eso les perjudicaría y a mi también.
— Tengo entendido que firmaste un contrato con él, no puedes simplemente irte.
— Sé lo que hice, aunque tengo un az bajo la manga. Yo firmé un contrato dónde sería la asistente de Mateo no la encargada de la sucursal y aparte estoy dispuesta a pagar cualquier multa que se me imponga por no cumplir con el tiempo requerido en el contrato.
— ¿Al menos leíste las letras pequeñas del contrato?
Quise hacer un Flashback en mi cabeza y buscar en mi complicado cerebro esas letras pequeñas que Sebastián decía.
Al no encontrar ningún indicio solo negué.
— No, no lo hice. Pero en realidad no importa, si es dinero o mucho dinero buscaré la forma de pagarlo.
Él iba a volver a abrir la boca, pero no lo dejé.
>> Y ya terminé, entregaré la carta a la prensa y está te la quedas tú.
Le extendí mi carta de renuncia y él no tuvo más remedio que aceptarla.
— Él no dejará que te marches.
— Él no tiene ningún derecho de retenerme aquí.
Sebastián asintió y fue acercándose a mi, algo que me llenó de incomodidad. Era mucha cercanía, si alguien entrará en la oficina y nos viese así pensaría muy mal. Aparte él está casado, sería otra fresa para el pastel.
Su perfume me embriago por completo. Era varonil y exquisito como él.
Recostó su cuerpo en la esquina del escritorio y abrió sus piernas acorralandome.
>> ¿Sebastián qué haces?
— Algo que quería hacer desde aquel día en el que te estabas haciendo la muerta. ¿Recuerdas?
— No me estaba haciendo la muerta, en realidad si me sentía mal. — Dije retrocediendo y de inmediato mi cuerpo chocó con el extenso ventanal.
Sebastián me dio una sonrisa ladina que me heló la piel entera, los vellos de mi piel se erizaron.
— Por supuesto que sí.
Sentí mucho sarcasmo en su voz. Se puso de pie y mis piernas vacilaron. Tomó mi mano la cuál se encontraba fría y besó el dorso de esta.
— Sebastián aléjate por favor.
— Pero si no estoy haciendo nada Agnes.
— Te recuerdo que estás casado.
— Sí, con una mujer que no amo.
— Pero casado.
La puerta sonó estruendosamente, pego a la pared de la oficina. Unos mocasines negros muy elegantes fue lo que mi vista vio primero, luego un pantalón de vestir igual de negro que los mocasines, una camisa negra con botones y sin corbata acompañada de un saco negro. Lo que me sacó de mi trance fue esa cara molesta, esa cara que conocía tan bien.
— Sebastián, creo que la señorita Bachelet tiene razón. De hecho mi tía, tú esposa, te espera abajo.
Sebastián trago grueso y asintió, cuándo se disponía a salir de la oficina los fuertes brazos de Mateo lo interrumpieron tomándolo por la camisa.
>> Qué sea la última vez que la tocas, no quisiera recordarte que es mía.
Mis ojos casi se salen de sus órbitas. No porque mi jefe había llegado si no porqué de sus labios salieron aquellas palabras.
Él me proclamó suya.
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Retardado pero seguro, Dios santo esto se pone caliente.
No había actualizado porque ayer fue mi cumpleaños y estaba ya saben, celebrando.
Pero aquí está su regalito❤️💋
Los te quiero mucho jajajajaja disfruten florecitas obsesiv@s❤️🔥
Adry❤️🔥
si la empiezan ,por aquí no la terminan❓