Mayra debe sacar a sus hermanas menores de la cárcel, ya que fueron emboscadas y caturadas por la policía aluego de que alguien las traicionó.
Las sicarias son llamadas "Hadas sangrientas" por la facilidad de escape y la escena terrorifica que dejan detrás. Al tener semejante reputación, se volvieron el interés de los oficiales policiales que apuuestan por sus cabezas, pero no todos son así.
El capitán solo quiere justicia para su ciudad, y aunque no le guste admitirlo, debe reconocer que las hermanas Dimou han logrado desaparecer escorias de la sociedad; esas que siempre salen libre de prisión gracias a sus contactos. Sin embargo, al hacerlo también cometen delitos y deben pagar la pena correspondiente a la gravedad.
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Pequeña trampa
Lo que Mayra y Alicia no saben es que Selene se fue a duchar para despertar un "poco más" de la noche que no ha dormido y por la que piensa seguir sin hacerlo.
Mientras la mayor va en su auto hasta la casa que compró, Selene sale de su habitación y observa a su hermana menor con una sonrisa.
—¿Fue a verlo?— cuestiona, por lo que Alicia asiente— Perfecto, iniciaremos con la segunda parte del plan.
—No existe.
—No te conté, mejor dicho. —Mira la hora en un reloj de pared que tiene Mayra y empieza a caminar hacia la puerta.
—¿A dónde vas?— indaga la menor.
—A encerrarlos.
—¿Cómo? Tú le diste las llaves.
— Lo sé. Iré fingiendo "ver" que pasará con el policía y después los dejaré solos.
—¿Y si las llaves no están en la puerta?
—Nuestra hermana tiene la costumbre de dejarlas en la cerradura. Incluso, te digo más, sabiendo que están lejos de todo el mundo, dudo mucho que haya cerrado siquiera la puerta.
—No es tan confiada.
—Bueno, de no ser así, entonces le inventaré algo— levanta los hombros y continúa su camino, aunque escucha a su hermana detrás.
—Voy contigo, quiero presenciar la captura de los tortolitos— ríe Alicia.
Ambas empiezan a hacerlo y le piden a un hombre de su seguridad que les preste el auto, ya que están haciendo un trabajo solas y no necesitan de la ayuda de nadie, como ya ha pasado anteriormente, por lo que el hombre asiente, les entrega las llaves y las deja ir, sin avisarle a su jefe, pensando en que él ya sabe.
Cuando las chicas llegan al futuro hogar de Mayra, la ven sentada aún en su auto, se acercan a ella y la miran preocupadas.
—¿Lo has matado tan rápido?— cuestiona Selene.
—No he entrado.— responde la mayor.
Mayra por primera vez en su vida, está nerviosa. No sabe qué hacer, qué decir o cómo actuar frente a Dorian, quien claramente puede intimidarla con una sola mirada, aunque ella se haga la valiente.
Además, el secuestro no fue parte de su idea, o sí, pero sería otro, diferente.
Lo tendrían en otro sitio, no en su casa, la que compró para vivir tranquila, lejos de todo lo ilegal o de los mismos policías.
Pero ahora tiene, justamente, al capitán allí.
Sus hermanas esperan pacientemente y calladas junto a ella, hasta que la mayor se levanta y camina hacia la puerta principal. Entra por ella notando lo limpió que está todo y algunos detalles más que son posibles de ignorar, como los electrodomésticos aún embalados y los muebles que no tienen sus puertas cerradas del todo porque algo se los impide.
—¿Qué pensaban hacer aquí?— cuestiona dando vuelta su cuerpo para enfrentar a sus hermanas.
—Me tomaría unas vacaciones con Basil— miente Selene, pero la mayor le cree.
—A mi casa, ese hombre, no puede entrar— asegura Mayra.
—En tu habitación está Dorian— avisa Alicia.
Las tres caminan hasta allí, pasando la cocina, y abre la puerta con calma, notando al policía despierto y de pie, aparentemente estaba cansado de estar sentado y había decidido caminar por todos lados impaciente, ya que no podía salir.
—La hada mayor— menciona él con voz rasposa por causa del sueño.
Sin embargo, él no quiere dormir, ni recostarse. Quiso esperar a las hermanas o ver si realmente la mayor lo visitaría.
—Dorian Raptis— responde Mayra.
Selene y Alicia se miran mutuamente y sonríen sabiendo que hicieron bien en planear el secuestro.
La menor le hace una seña a Selene para dejarlos solos y ella asiente, saliendo primero.
Cuando están fuera de la habitación, tantean si la puerta trasera, que está justo al lado de la habitación; está cerrada con su llave y se fijan si las mencionadas están en la puerta principal, la cual está abierta, tal cual lo pensó Selene.
—Están aquí— asiente la menor.
Ambas chocan los cinco en silencio y salen de la casa, cierran la puerta y pasan la llave, dejándolos encerrados, al igual que con la reja, por las dudas de que logren romper la cerradura para escapar.
Una puerta blindada sería imposible de romper al igual que su cerradura, pero nunca se sabe, no pueden confiarse de eso. Aunque sí confían en las fuertes rejas que Mayra mandó a colocar para que no le roben nada mientras arreglaba todo.
Grandes puertas de reja con más de cuatro cerraduras únicas.
Estando paradas frente a los autos; el de Mayra y el que le prestaron, deciden que cada una manejará uno, ya que los recientemente secuestrados no necesitarán usar ningún vehículo.
Selene espera a que Alicia se vaya en el auto de la mayor para enviarle un mensaje a Mayra, avisándole de la travesura que han cometido y que si quiere sacarle las esposas a Dorian, sus llaves están dentro de la ropa interior que dejó para ellos.
Y sí, Selene también se preocupo por la higiene de quienes vivirán unos días o semanas juntos. Compró lencería para Mayra y boxer para el policía. Unas mudas de ropa y abrigo, luego, deberán lavar las prendas usadas para volver a cambiarse.
Ellos deberán ver cómo conviven.
Si se matan, o si se aman.
El plan inicial era secuestrar a Dorian, con lo que cumplieron.
El segundo plan, del que Alicia no estaba enterada porque capaz que se negaba; era también encerrar a Mayra.
Y lo lograron.
Fueron silenciosas e inteligentes.