Reencarna en un mundo mágico, con la oportunidad de vencer los miedos que la ataron en su primera vida.
** Mundo mágico con muchas historias **
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Hermanas 1
Willow apenas recordaba la llegada.
Entre sueños sintió manos suaves sosteniéndola, voces de doncellas murmurando, alguien retirando sus botas.
Después, nada.
Durmió profundamente hasta bien pasado el mediodía, y cuando por fin abrió los ojos, la luz cálida entraba por la ventana.
Al salir de su habitación, apenas tuvo tiempo de estirar los brazos cuando dos pares de manos la atraparon de inmediato.
Celeste: ¡Willow! ¡Despierta por fin!
Elena: ¡Vamos, te preparamos té cerca del campo de entrenamiento!
Willow: ¿Eh? ¿Tan pronto…?
Celeste: ¡Ya es tarde! ¡Ven, ven!
La arrastraron entre risas hasta un elegante set de té instalado bajo un gran árbol, justo al borde del área donde los soldados entrenaban.
El sonido del acero golpeando, los gritos de instrucción y el sudor militar servían como… “escenario”.
Willow, tímida, sonrió con la taza entre las manos.
Willow: Esto… es muy agradable, gracias.
Pero lo que ellas consideraban “agradable” era otra cosa.
Elena: Mira Willow, ese capitán es muy amable, ¿quieres que te lo presentemos?
Celeste: ¿Y ves a ese de allí? Tiene fama de escribir poemas secretos a las chicas bonitas. ¡Perfecto para ti!
Willow se sonrojó, torpe, riendo nerviosa.
Willow: No, no hace falta… no vine a conocer soldados…
Desde el campo, Levi Cromwell los observaba mientras supervisaba los entrenamientos.
Y cuanto más escuchaba, más se tensaba su expresión.
Primero, su ceño fruncido..
Luego, la boca apretada..
Y finalmente, los nudillos blancos alrededor de su espada.
Celeste: ¡Willow! ¡mañana será la fiesta de cumpleaños de nuestro primo Lucan!
Elena: ¡Es muy guapo y un bailarín encantador! ¡Serían una pareja perfecta!
Willow casi derramó su té.
Willow: ¿P-pareja…?
Celeste: ¡Claro! ¡Él adora a las chicas dulces como tú!
Elena: ¡Y papá deja invitar a quien queramos! ¡Será genial!
Willow solo alcanzó a sonreír débilmente, completamente abrumada.
Pero del otro lado del jardín, dos hombres estaban a punto de estallar.
El duque Highmont, que había salido a supervisar la preparación para recibirlos en el salón, se detuvo al escuchar las palabras de sus hijas.
Su cara se puso roja de indignación.
Duque Highmont: ¡Celeste! ¡Elena! ¡Dejen de hostigar a la invitada del reino!
Elena: ¡Pero papá, Willow sería perfecta para..
Celeste: ¡Lucan va a desmayarse cuando la vea!
El duque cerró los puños, pero antes de que pudiera decir más… escuchó un gruñido contenido.
A unos metros, Levi Cromwell parecía listo para incendiar todo el ducado.
Su voz salió profunda, controlada… pero helada.
Levi: ¿Una pareja perfecta, dijeron?
Las hermanas ni se inmutaron.. al contrario, se entusiasmaron más.
Celeste: ¡Oh, sí! ¡Lucan es tan encantador!
Elena: ¡Y Willow necesita relajarse! ¡Trabaja demasiado!
Willow bajó la mirada, roja como un tomate.
Willow: No sé si sea..
Pero Levi dio un paso adelante, el aura de autoridad militar envolviéndolo.
Levi: Willow vino aquí a trabajar. No está en su itinerario asistir a fiestas… ni conocer primos suyos.
Celeste: ¡General, no arruine todo!
Elena: ¡La pobre Willow solo sonríe porque es educada!
Willow: ¡N-no, de verdad, yo…!
Duque Highmont: ¡Niñas, basta! ¡Por el amor de..
Pero ya era tarde. Las hermanas hablaban más, el general estaba enfurecido… y Willow atrapada en medio de un incendio social que no sabía apagar.
Aun así, el reconocimiento por su trabajo del día anterior por parte de los soldados, sumado a los elogios sinceros de las hermanas, ayudaba a que la confianza de Willow creciera poco a poco. Cada pequeño gesto, cada palabra honesta, le hacía sentir que quizá sí había un lugar para ella en esa nueva realidad que aún la abrumaba.
Aunque no dijo nada mas, las hermanas interpretaron su silencio como una aceptación implícita. Para ellas, era evidente que Willow las acompañaría al cumpleaños de su primo Lucan. Por lo que ya estaban emocionadas, imaginando vestidos, conversaciones y anécdotas futuras. Incluso comenzaron a bromear.. como solo dos hermanas acostumbradas a la fantasía podían hacerlo.. sobre la posibilidad de que Willow y Lucan se enamoraran.
Elena: Si terminan casándose, espero que sus hijos hereden ese cabello rosa tan lindo.
Celeste: ¡Serían adorables! Dos pequeños niños con mechoncitos rosados corriendo por la mansión..
Willow solo sonrió por cortesía, sin animarse a corregirlas. No estaba segura de nada todavía.. ni del evento, ni del primo, ni del futuro. Pero por primera vez desde su llegada, el peso en su pecho parecía un poco más liviano… y eso, para ella, ya era un comienzo..
El general seguía furioso, con la mandíbula tensa y los pasos marcados. Cada vez que escuchaba a las hermanas hablar emocionadas del cumpleaños de Lucan, sentía cómo la irritación le subía por el pecho.
En su mente, solo había una preocupación clara.. impedir que Willow fuera a esa fiesta.
Mientras él daba vueltas por el pasillo, Celeste y Elena ya habían tomado a Willow del brazo.
Elena: ¡Vamos, tienes que elegir un vestido precioso!
Celeste: Sí, uno que combine con tu cabello rosa. ¡Será perfecto!
Willow, un poco desorientada, apenas alcanzó a murmurar algo antes de que la arrastraran hacia la sala donde se guardaban los vestidos formales.
Celeste: Imagínate si te enamoras de Lucan…
Elena: ¡Ay sí! ¡Sería tan romántico! Y podrías quedarte mucho más tiempo con nosotras.
Celeste: Seríamos como tres hermanas.
Willow: Bueno… yo…
Elena: Ya lo sabemos, eres tímida. ¡Pero te verás hermosa!
Mientras las hermanas revolvían telas, colores y accesorios, el general observaba desde la puerta entreabierta, frunciendo el ceño. Su enojo hervía sin que él lograra descifrar del todo por qué.
[Esto es absurdo. No puedo permitir que pierda tiempo en fiestas. Es una maga inteligente… demasiado inteligente como para desperdiciarse así.. tendre que intervenir.. Solo es porque es útil para el equipo. Nada más.]
Pero aún así, la punzada en su estómago no desaparecía.