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Sueños De Amor

Sueños De Amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Época / Amor eterno / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

En el plano terrenal, ambos son fantasmas. Él es un joven noble repudiado por su propia familia, confinado al ostracismo y al desprecio social por una terrible cicatriz que le arrebató la mirada y la confianza. Ella es una joven de deslumbrante belleza que vive invisible, sofocada bajo la sombra de una hermana manipuladora y el constante desdén de su entorno.
​Sin embargo, al cerrar los ojos, la noche borra los estigmas de la realidad. En un universo onírico recurrente, sin cicatrices ni máscaras, dos almas solitarias encuentran un refugio de devoción y pasión desinhibida. Pensando que el otro no es más que una fantasía inventada por el deseo y la soledad, pactan encontrarse una tarde en la ciudad sin la menor esperanza de que ocurra.

NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: El muro de cristal

​Cuando la medianoche finalmente envolvió el mundo despierto, la transición al sueño no trajo la liberación habitual; trajo una atmósfera de tensión helada.

​Rosalie abrió los ojos en la sala de la linterna del faro.

​El lugar había cambiado drásticamente. Las llamas cálidas de la chimenea que solían iluminar la estancia estaban reducidas a un montón de brasas mortecinas que apenas emitían un resplandor anaranjado y débil. El viento del océano golpeaba las cristaleras con un silbido agudo y triste, y la niebla exterior era tan densa que no dejaba ver la luz de la luna.

​Dorian estaba allí. Pero no estaba cerca del fuego ni en la gran cama de seda negra.

​Estaba de pie al otro lado de la habitación, pegado a la pared más oscura, de espaldas a la entrada. Llevaba el abrigo oscuro de siempre, pero mantenía el cuello subido y la cabeza inclinada hacia el suelo, evitando a toda costa girarse hacia ella.

​Rosalie dio un paso cauto hacia adelante. El sonido de sus pies sobre la madera pareció resonar con una resonancia incómoda y pesada.

​—Dorian... —murmuró ella, con la voz temblorosa.

​El cuerpo de Dorian se puso rígido como el acero, pero no se dio la vuelta.

​—No te acerques, Rosalie —dijo él. Su voz sonó fría, distante, desprovista de cualquier calidez o afecto. Era la voz de un hombre que había vuelto a erigir sus murallas defensivas—. Ya no hay necesidad de fingir. Ya viste lo que soy allá afuera. El fantasma perfecto ha muerto.

​—Dorian, por favor, escúchame... —suplicó ella, dando otro paso hacia él.

​—¡Dije que no te acerques! —estalló él, alzando la voz con un matiz de desesperación que le quebró el tono, aunque sin girarse—. Regresa a tu mundo. Olvídate de este lugar. Olvídate de que alguna vez tuviste la desgracia de cruzar tu mente con la de una criatura deforme.

​Esa primera noche en el faro terminó en un silencio opresivo. Ninguno de los dos volvió a hablar. Rosalie se quedó sentada en el suelo junto a las brasas frías, mirándole la espalda a Dorian hasta que el amanecer la devolvió a su habitación real.

​El patrón se repitió durante cuatro noches consecutivas.

​Cada medianoche, ambos regresaban al faro por pura adicción emocional, incapaces de romper el vínculo que los unía, pero el espacio entre ellos se había convertido en un abismo infranqueable. Dorian no se movía de su esquina sombría, rehuyendo el contacto físico y la mirada de Rosalie. Ella, paralizada por su propia timidez y por el temor de hacerle más daño, no se atrevía a forzar el contacto.

​Las conversaciones fluidas, las lecturas de poesía, las risas compartidas y la pasión abrasadora de sus cuerpos desaparecieron por completo. El faro de granito, que una vez fue el santuario de sus almas, se había transformado en un mausoleo de miradas esquivas y suspiros ahogados.

​El sufrimiento diurno de ambos alcanzó un punto insostenible. En la realidad, Dorian apenas dormía dos horas por noche, consumido por la culpa y el odio hacia su propio cuerpo. Rosalie había dejado de comer, incapaz de tragar alimento ante la mirada inquisitiva de su familia, sintiendo que su vida entera se desmoronaba en la oscuridad.

​El silencio se había vuelto un veneno demasiado denso para seguir respirándolo.

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