En un mundo dominado por hombres, la legendaria maestra de artes marciales Mei Ling reencarna como un joven en la antigua Dinastía del Dragón. Ocultando su verdadera identidad femenina y su vasta experiencia, Mei Ling, ahora Huang Yi, debe navegar en una sociedad machista mientras se enfrenta a un carismático y sarcástico General, librando batallas internas y externas para sobrevivir, honrar a su familia y forjar un camino hacia la igualdad, todo mientras guarda un secreto que podría costarle la vida.
NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
12 Beso Robado.
Después de que mi actuación, que dejó a todos boquiabiertos, llegó a su fin, me senté en una mesa cercana, el corazón latiendo con fuerza, una mezcla de agotamiento por el esfuerzo físico y una adrenalina palpitante. Fue entonces cuando mis ojos se posaron de nuevo en la figura enmascarada del General, sus ojos fijos en mí con una intensidad que me hizo sentir una punzada de inquietud. Un escalofrío recorrió mi espalda. "No puede ser," pensé, con una punzada de frustración que rayaba en la indignación. "¡Este maldito pervertido también está aquí! ¡Cómo es posible que siempre logre encontrarme en los lugares más insospechados!"
El General, sin perder un instante y con la seguridad de quien sabe lo que quiere, se puso de pie y se dirigió hacia mi mesa. Un coro de aplausos, aún aturdidos por mi baile, lo acompañó. Se detuvo frente a mí, su mirada perforando la tenue tela de mi velo.
"Vaya, parece que estamos destinados a encontrarnos, gatita," dijo, su voz profunda y resonante, teñida de una burla deliciosa que solo él podía permitirse.
Mis ojos, ocultos tras el velo, ardieron con una furia contenida. "Sin duda eres un perro," respondí, mi voz apenas un susurro venenoso, cargada de un sarcasmo que esperaba que lo hiriera. "Parece que tienes un olfato excepcionalmente bueno, porque siempre logras encontrarme. ¡Típico de los perros, que siguen el rastro hasta el infierno mismo si es necesario!"
Él se rió, una risa ronca y profunda que me erizó los la nuca, un sonido que era a la vez irritante y extrañamente atractivo. "Vaya gatita, sí que eres salvaje. Lo admito, me rindo. Ya no intentaré domesticarte. Prefiero, sin duda alguna, disfrutar de tu indómita naturaleza tal como es."
"¡Jajajaja! ¿Domesticarme? ¡Qué insolencia¡ Parece que no aprendiste absolutamente nada de la última vez que intentaste dominarme! Será un placer repetirlo, y esta vez, la lección será más contundente." Con una audacia que me sorprendió incluso a mí misma, mis dedos se extendieron para acariciar su rostro enmascarado, rozando la tela con una delicadeza fingida, una caricia que era una advertencia. Luego, con un movimiento fluido y descarado, sin mostrar el menor signo de vergüenza o pudor, levanté mi pierna y la enredé alrededor de su cadera, atrayéndolo hacia mí con una fuerza inesperada. Incliné mi cabeza, sus labios buscaron los míos y me dio un beso apasionado y salvaje, mordí sus labios con una ferocidad que lo dejó sin aliento. El beso fue un torbellino de emociones desatadas: pasión ardiente, desafío abierto, burla descarada y un deseo primitivo que nos consumía a ambos. —Mi cuerpo no es un templo para ser adorado, sino un campo de batalla donde se forjan las verdaderas conexiones. Cada toque, cada beso, es una negociación de poder, y yo siempre salgo victoriosa.
Mis labios se separaron de los suyos apenas un centímetro, lo justo para susurrarle al oído, con una voz cargada de veneno y una promesa aterradora: "Maldito bastardo, cuando estemos a solas, te castraré. Y no será una muerte rápida."