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Hasta Que El Tiempo Se Rompa

Hasta Que El Tiempo Se Rompa

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Vampiro
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dania B

dioses, vampiros y amor

NovelToon tiene autorización de Dania B para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 10: el susurro del destino circular

El JNC se sentía como una jaula de cristal tras la misión en la fábrica. Shion no pidió permiso; simplemente caminó hacia la salida. Sus pasos eran pesados, cargados con el conocimiento de milenios. Takahiro Namikaze la observó desde las sombras de su oficina, dejando que se fuera. Él sabía que un pájaro que recuerda sus alas siempre intenta volver al nido, aunque el nido ya no exista.

Mientras tanto, en el complejo, el aire se volvió irrespirable. Usui buscó a Shion por cada rincón, sintiendo una ansiedad que ni la marihuana más fuerte podía disipar. La ausencia de ella era un ruido blanco en su cabeza.

La noche del despertar colectivo

Shion se refugió en su antigua casa, entre el olor a humedad y los ecos de una vida humana que ya sentía ajena. Allí, rodeada de polvo, dejó que sus lágrimas fluyeran. No eran lágrimas de una chica de 18 años, sino las de un Caballero que ha visto morir a sus hermanos una y otra vez. El susurro en su mente —"Caballero... Caballero..."— era una campana que anunciaba el fin de su paz.

Pero ella no fue la única que escuchó algo esa noche.

En el JNC, un dolor punzante recorrió la columna de todos. Fue un ataque psíquico o un despertar forzado. El edificio parecía gemir mientras el "Trío de Oro" (William, Ana y Eduard), los hermanos de Shion y los Namikaze caían en un trance profundo.

Usui vio ceniza y fuego. Se vio a sí mismo como un dios de la guerra que no conocía la piedad, pero cuyo corazón estaba vacío.

Mizuki sintió el frío del Inframundo, juzgando almas con una balanza de hueso.

Minori fue el faro en una guerra celestial, escuchando los gritos de miles que dependían de su luz.

Alfred se ahogaba en siglos de soledad oceánica, y Yaquimura buscaba un orden entre cenizas de estrellas.

Cuando despertaron, el sudor frío empapaba sus ropas. No podían dormir. Se arrastraron hasta la sala común, donde la luz de la luna entraba por los grandes ventanales. Allí, William, Ana y Eduard ya no miraban con desprecio a los demás; todos compartían la misma mirada de soldados que han regresado de un frente que no pueden ubicar en el mapa.

El regreso de la Guardiana

Shion regresó al JNC cerca de la madrugada. Al entrar, sintió la energía estancada en la sala común. Se detuvo en la entrada, observándolos desde las sombras. Se veían cansados, rotos, pero extrañamente unidos por ese trauma compartido que aún no lograban nombrar.

Usui, que se había escapado al techo para evitar el parloteo incesante de Ana y para buscar aire, la vio llegar desde las alturas. Al verla caminar por el patio hacia la entrada, una sonrisa genuina, desprovista de su habitual sarcasmo, se dibujó en su rostro. Ella era el único punto fijo en su mundo de visiones de ceniza.

La Mañana de la Amnesia Selectiva

Al salir el sol, el JNC recuperó su ritmo. Increíblemente, todos se sentían renovados, como si sus cuerpos hubieran procesado el trauma de las visiones y lo hubieran convertido en energía pura. Se saludaban en la cafetería, entrenaban juntos y hablaban de cosas triviales, pero nadie mencionaba los sueños. Era un pacto tácito: si no lo decimos, no es real.

Shion bajó a desayunar con su nuevo cabello largo recogido en una trenza militar. Notó cómo Mizuki movía la mesa con un solo dedo sin darse cuenta de su fuerza, y cómo Minori curaba un pequeño corte en la mano de Ana con solo rozarla.

—¿Dormiste bien, Extranjera? —preguntó Usui, sentándose frente a ella con su habitual descaro, aunque sus ojos buscaban respuestas.

Shion tomó un sorbo de café, mirando a sus amigos y hermanos. Vio a Alfred y Yaquimura riendo con Eduard. Vio a William compartiendo tácticas con Mizuki. Por un momento, eran una familia.

—Dormí lo suficiente, Sombra —respondió ella.

—Tuvimos sueños raros —insistió Usui, bajando la voz—. Todos. Incluyendo a los tres "insoportables" del fondo. Parecías tú, pero... diferente.

Shion lo miró fijamente. Sabía que si hablaba, la burbuja de normalidad se rompería. Si les decía que eran dioses y guerreros reencarnados, los dioses vendrían a terminar el trabajo de hace milenios.

—Solo son sueños, Usui. A veces la mente juega trucos cuando el mundo se vuelve peligroso —dijo ella, con una calma que le dolió en el alma.

Usui se inclinó hacia ella, sus rostros a centímetros de distancia.

—Mientes. Pero por hoy, te lo dejaré pasar. Solo porque me gusta cómo se ve tu cabello bajo esta luz.

Shion no se alejó. Sabía que la paz era un préstamo que el destino le estaba haciendo. Disfrutó del calor de sus amigos, del carisma de Alfred y de la irritante pero magnética presencia de Usui. Pero en el fondo de su mente, ella ya estaba afilando sus katanas.

Porque ella sabía que, cuando los Dioses decidieran que el juego de la "normalidad" había terminado, ella sería la única que tendría que decidir a quién matar para salvar al resto.

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