Keily siempre pensó que su vida sería tranquila: libros, estudios y pasar desapercibida. Lo último que esperaba era verse comprometida con Gastón Moretti, el capitán del equipo de básquetbol de la universidad… y también el chico que más la había molestado en el pasado.
Entre compromisos familiares, apariencias que mantener y la presión de una relación inesperada, ambos descubrirán que este acuerdo no será tan sencillo como parecía.
¿Podrán sobrevivir a la farsa sin que el corazón se les escape de las manos?
NovelToon tiene autorización de Maia_M para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10: Entre vestuarios y pensamientos
Gastón
—Voy a darme una ducha antes de empezar —le dije casi de pasada, agarrando mi bolso y dejando atrás el eco de sus pasos en el pasillo.
El vapor de las duchas ya empezaba a llenar el lugar, mezclado con el eco de las conversaciones de algunos compañeros que todavía se reían por alguna jugada del entrenamiento. Yo solo quería un momento de silencio, aunque estaba claro que no iba a conseguirlo.
Entré al vestuario después de darme una ducha rápida. Todavía sentía el cuerpo cargado de energía por el entrenamiento, pero en la cabeza me daba vueltas otra cosa. Mejor dicho, otra persona.
Diego estaba sentado en el banco, atándose los botines con esa tranquilidad que siempre tenía. Me miró de reojo, como si hubiera estado esperando que yo hablara.
—¿Y bien? —soltó, levantando una ceja—. ¿Cómo va tu nueva vida de... hombre comprometido?
Bufé, dándole un manotazo a la toalla para secarme el pelo.
—No empieces.
—No estoy empezando nada, hermano —dijo él, con esa sonrisa que siempre parecía que lo sabía todo—. Solo digo que la chica parece una gran persona. Y... no seas idiota.
Lo miré, frunciendo el ceño.
—¿A qué viene eso?
Diego se encogió de hombros.
—Todos sabemos cuál es tu “tipo”, Gastón. Y también sabemos que ella no entra en esa lista. —Me apuntó con el dedo, serio—. Pero si vas a estar con ella en esta... especie de compromiso, no la lastimes.
Me quedé en silencio unos segundos, sin saber qué contestar. Nunca nadie me había hablado así, tan de frente. Y lo peor era que no podía enojarme, porque tenía razón.
Suspiré y me senté frente a él.
—Es que... resultó ser muy diferente a lo que pensaba.
Diego me miró con interés, pero no dijo nada. Solo esperó.
—Yo siempre pensé que era la típica cerebrito que no sabe nada de nada... y sí, lo es —dije, medio riéndome—, pero también... es divertida, y directa, y tiene carácter. No se deja aplastar por nada.
Diego asintió despacio.
—Eso suena a que te sorprende.
Me pasé una mano por la nuca.
—Es que... mi vida se dio vuelta de la nada, ¿entendés? Pasé de ser el tipo que no se comprometía con nadie, que salía con una y con otra sin darle vueltas... a estar comprometido con una sola chica. Y esa chica... justamente es la misma a la que siempre molestaba.
Diego sonrió apenas, como si disfrutara verme incómodo.
—Eso pasa cuando la vida te da un giro inesperado.
Me reí con él, pero al quedarme solo después, el pensamiento se me quedó pegado.
En el espejo, mientras me vestía, vi mi reflejo y no pude evitar sonreír. Recordé esa mañana, cuando ella apareció con esa pijama celeste medio infantil, preparando el desayuno. Estaba despeinada, con ojeras de pasar toda la noche leyendo, pero se veía... adorable.
No iba a admitirlo en voz alta —ni loco, no todavía—, pero estaba empezando a sentir algo por esa cerebrito.
Y lo más raro era que vivir con ella no estaba resultando tan malo como pensaba.