(YAOI/BL)
Dark es un Vampiro pura sangre de la familia Nightingale. Es quién reina en el pueblo de Las Lunas Llenas. Es un muy buen gobernador y muchas personas se ofrecen para darle su sangre, pero él no acepta a cualquiera porque la sangre que debe beber debe ser única, especial y de la más alta calidad. Sin embargo, después de que la persona que tenía para beber sangre comienza a perder calidad en sus vasos sanguíneos, la preocupación lo asalta al creer que no podrá encontrar a alguien igual o incluso mejor que pueda darle vitalidad, fuerza y sobre todo poder. Sin embargo, cuando encuentra a Honey se da cuenta de que se había equivocado.
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DESPERTAR.
Despertó y le tomó trabajo el enfocar sus ojos en algo. Pestañeó varias veces hasta que vio que era de día. Sintió el malestar en su cuello y soltó un quejido por moverlo de forma brusca.
Se puso de pie con cuidado y vio a Jays buscándole ropa.
—Buenos días, joven Honey, es sábado, así que debe ducharse muy bien porque su majestad puede alimentarse.
—Ya lo hizo —murmuró.
Jays lo quedó mirando y fue cuando vio las marcas en su cuello de color rojo. Después de la primera mordida, las aberturas era sencillo que se sanen de inmediato, pero los recipientes de sangre obtenían las cicatrices de aquellos colmillos que siempre entraban en su piel.
—Oh, no me lo había informado. Lo lamento mucho, yo solo me encargo de dejarlo listo y ya, él decide si tiene hambre. ¿Quiere pasar al baño?
Asintió y se fue para hacer sus necesidades diarias. Se quedó viendo en el espejo un poco y vio su cabello más largo. Soltó un suspiro porque Dark tenía razón. Las palabras siempre se las llevaba el viento, pero una acción permanecería para siempre y Honey había entendido más que bien que no debía volver a ensuciarse jamás en su vida ni uno solo de sus cabellos.
Tragó saliva, luego bajó para tomar desayuno y tenía un hambre descomunal. Comió todo lo que había en la mesa y hasta pidió más de todo.
Jays simplemente se encargó de limpiar su boca y lo observaba con una sonrisa porque se estaba alimentando muy bien. No quiso preguntar mucho sobre la mordida porque era algo en lo que no debía entrometerse, pero asumió que, lo que había influido era el hecho de que Honey se había ensuciado. Algo que sabía que, a su Rey, le molestaba. Era por eso que siempre ella estaba al pendiente de todas las cosas.
Cuando Honey terminó, salió con muchas cosas nuevamente para alimentar a los conejos. Dejó todo amontonado casi como en una torre y se alejó esperando que los conejos regresen. Tardaron un poco, pero menos que la vez pasada. Se quedó con ellos hasta que terminaron de comer y todos se fueron. Dark lo observó desde arriba igual que siempre y como hablaba feliz con Jays. Seguía estando furioso por lo mucho que Honey se había ensuciado, pero pensó en que quería verlo totalmente bien y cómodo y, si ver a esos conejos lo tenía feliz, entonces iban a ser suyos y se iba a encargar de cuidarlos para él.
Levantó su brazo derecho mientras lo seguía viendo caminar por el lugar y un hombre apareció detrás de él.
—Dígame, mi Rey.
—Gayle, dile a todos los del castillo que, aquellos conejos son intocables. El que se atreva a tocarlos, entonces lo mataré.
—A su orden, mi Rey.
El hombre simplemente desapareció así como llegó y cada uno de los vampiros se fue enterando de la orden. Algunos asintieron sin problema algunos porque no era molestia el seguir una orden, pero a uno y otro no les gustó mucho sabiendo que estaban perdiendo parte de su comida diaria.
—Jays, ¿cuánto tiempo le duran los recipientes de sangre? —preguntó Honey mientras estaba sentado bajo un árbol.
—A nuestro Rey le suelen durar entre cuarenta años, aunque algunos han enfermado por cosas externas y han fallecido muchos de forma lamentable a pesar de que él los ha cuidado muchísimo.
—¿Cuántos ha tenido en total?
—Cincuenta.
—Son muchos —susurró Honey alzando la mirada observando aquella ventana.
Intentó pensar en como serían los demás. En sí serían más lindos, más divertidos, más tranquilos, con mejor memoria y menos curiosidad. Pensó en muchas cosas que no supo lo que le produjeron, pero nada más terminó bajando la mirada soltando un suspiro. No movía mucho su cabeza porque el cuello le seguía doliendo, así que mantuvo la mirada baja por unos minutos en silencio.
Jays lo quedó mirando unos segundos tras ver aquella expresión. Una expresión que incontables veces había visto en otros recipientes de sangre y que no era algo bueno en lo absoluto.
Muchos recipientes de sangre habían enfermado y, debido a esas enfermedades, como la última, es que habían fallecido, pero no todos lo habían hecho por aquello. Jays conocía muy bien el motivo de la muerte de todos y, de los cincuenta, diez habían muerto por haberse suicidado porque habían cometido el error de enamorarse del vampiro.
Quiso decirle sobre aquellas veces y quiso advertirle porque Honey era bueno, amable y dulce y no merecía tener una muerte como aquella o seguir encadenado al Rey sabiendo que sus sentimientos jamás iban a ser correspondidos, mas no dijo nada. Se acercó a él para acariciar su cabello con cuidado y comenzó a tararear una canción con amabilidad y dulzura mientras tomaba un mechón para peinarlo con sus dedos. Él no dijo nada, pero se podía comenzar a sentir más tranquilo y en paz por tenerla cerca.
Luego, simplemente siguieron caminando. Era una de las muchas caminatas diarias que solían hacer hasta que se detuvieron frente al jardín de las rosas para ver como, aquellas rosas que habían estado casi muertas, ahora comenzaban a tener color.
Honey se sintió más que feliz por eso y quiso contarle a su amo, pero se abstuvo y aquella idea se esfumó de su cabeza demasiado rápido cuando se desconcentró por otras cosas que habían alrededor. Se preocupó de no ensuciarse ni un poco sus manos o su ropa y Jays se dio cuenta de aquella precaución, así que asumió que su Rey le había dado una muy buena lección anoche.
—¿Aún no tiene hambre?
—No, estoy bien, quiero seguir caminando otro poco —habló mientras comenzaba a caminar para ir al valle que habían visitado la vez pasada.
Quería ver nuevamente esas lindas sirenas y el agua cristalina, así que ella lo acompañó sin problema. Y, al igual que la vez pasada, lo difícil no fue bajar, sino que subir. Él se intentó convencer de que podía lograrlo, pero a penas llevaba cinco escalones y ya estaba más que agotado. Jays lo vio casi arrastrarse por los escalones casi dando sus últimos movimientos de vida cuando sus pies seguían estando en el suelo.
—Desde mañana saldré a trotar todas las mañana.
Ella no le creyó mucho, pero nada más asintió porque estaba más que dispuesta a salir con él si es que realmente se atrevía a hacerlo.
—Desearía que este collar fuera mágico y me llevara volando hasta mi cama.
—Lastimosamente, no lo es, joven Honey, el collar solo almacena parte del dolor que experimenta por la mordida. O, es lo que yo sé.
—Sí, creo que es verdad porque el dolor fue poco comparado con la primera vez. Aunque lo peor no fue el dolor, más bien fue ver su rostro de aquella manera tan horrible.
Jays pestañeó varias veces procesando lo que acababa de decir y asumió que había oído mal.
—Disculpe, ¿dijo su rostro de aquella manera?
—Sí, alrededor de sus ojos sus venas negras se marcaron, su rostro entero se volvió más tenebroso de lo que ya era y sus colmillos eran enormes.
—¿Usted lo vio de aquella manera?
Honey asintió.
—Sí y me dio mucho miedo.
Jays desvió la mirada porque eso jamás había sucedido. No recordaba el momento en que su Rey había mostrado su verdadera naturaleza ante uno de sus recipientes de sangre. Sabía que siempre los mordía, bebía su sangre y se iba sin mostrar ni decir nada más. Tragó saliva porque la sensación de un mal presentimiento se había instalado en la boca de su estómago y tuvo muchas dudas sobre demasiadas cosas.
—¿Está seguro de lo que me está diciendo? —preguntó ella con un poco de miedo.
—Sí, ¿por qué te asombras tanto? ¿No es eso lo que hacía con sus otros recipientes de sangre?
Ella sabía que, ante aquella pregunta, la respuesta era una negación, pero, si decía aquello, entonces Honey se iba a sentir especial de alguna manera y eso no podía suceder.
—Sí, tiene razón. Suele hacerlo para asustarlos, aunque creí que se iba a tomar un poco más de tiempo para mostrarle esa faceta.
—Sí, ojalá me hubiera dado una cuenta regresiva para prepararme o algo como: tres, dos, uno, ¡sorpresa!
Ella sonrió.
—Creo que las sorpresas es algo que nuestro Rey no conoce.
—¿No le hacen fiestas de cumpleaños? —inquirió tirado en las escaleras aún recuperando el aliento.
—Pueden hacerse, pero cuando cumpla otros cien años.
—Tendrá que esperar mucho para eso. ¿Sabes a qué edad lo convirtieron en vampiro?
Jays negó con su cabeza.
—Él no fue creado, él nació siendo un vampiro, es por eso que es pura sangre al igual que sus hermanos. Cuentan que, la mujer que los dio a luz, después de traer a nuestro Rey al mundo, falleció.
—Imagino que el tener a tantos hijos vampiros fue mucho.
—No, ese no fue el problema. Ella estaba bien de salud, pero fue porque, al tener a nuestro Rey en su vientre, era demasiado poderoso y el saciar su sangre era casi imposible, entonces él la comenzó a devorar desde dentro. Cuando él llegó al mundo, su madre ya estaba muerta.
Honey, al oír aquello, se aterró. Sintió un escalofrío por la espalda baja y que toda la piel se le ponía de gallina porque era lo más descabellado que había oído.
—¿Se estaba comiendo a su propia madre? —preguntó sin poder creerlo del todo.
—Así es, pero ella fue lo suficientemente fuerte para que él pudiera nacer. Debido a que, desde aquella edad él era así, cuando fue creciendo fue peor. Su pasado es un tanto oscuro y con cosas que no son muy bonitas de contar, pero nuestro Rey pudo cambiar encontrando el camino del bien. Si él fuera nuestro enemigo, entonces ya estaríamos todos muertos sin duda alguna.