...🔹TRES AÑOS DESPUÉS.🔹...
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Suspiro por cuarta vez, cansado de escuchar siempre las mismas palabras por parte de los clientes. No es mi culpa que mi aroma les desagrade.
No debo tomar sus palabras en serio o terminaré deprimido y no quiero eso.
Mi jefe me mira interrogativo desde su asiento y levanto los hombros, restando importancia al asunto. No vale la pena siquiera explicarle lo de todos los días.
Trabajo en un mini-mercado como cajero. Carl es mi jefe, un Alfa de sesenta y ocho años, amigo de Ana.
Me ofreció el empleo gracias a la Omega que habló muy bien de mí. Con el tiempo, Carl fue tomando confianza.
Llevo trabajando aquí dos años y lo hago muy bien, de no ser por los clientes, en la mayoría Alfas, que vienen y se quejan diciéndo lo desagradable que es mi aroma y que deberían despedirme.
Alfas tontos, no me importa lo que ellos digan. Para mí es una bendición que piensen eso, pero algunas veces me duele mucho su rechazo porque no sólo los Alfas lo hacen.
Los Omegas, incluso algunos betas, muestras señales de rechazo en cuanto están cerca.
Tengo un ligero trauma desde aquella vez que un Alfa me violó, no puedo estar más de un minuto al lado de un Alfa a solas, comienzo a temblar y el miedo se apodera de mi cuerpo impidiendo moverme.
Ana me ayudó estos años a sobrellevarlo, pero cuando murió, hace tres meses, mis ataques han vuelto y trato de alejarme lo más que puedo de lugares solitarios. Aunque no tengo que preocuparme, mi aroma comenzó a cambiar después de tener a mi bebé y varios Alfas que intentaron acercarse, se alejaban con repulsión.
Oliver, mi pequeño bebé, nació producto de aquella violación.
Y a pesar de todo lo sucedido, no me importó y lo tuve igual, amándolo desde que me enteré.
Mi pequeño Oliver es tan tranquilo. Su cabello es castaño oscuro, tiene ojos de color negro y la piel suave y clara.
Un niño precioso, mi pequeño y lindo bebé.
Durante estos tres meses a estado viniendo conmigo al trabajo hasta su hora de entrada a la guardería. Todos los días lo llevo y también salgo deprisa para llegar a tiempo y esperarlo fuera del establecimiento.
A Carl no le molesta, es mas, siempre juega con Oliver y algunas veces se ofrece a llevarlo a la guardería.
—Se te hace tarde, niño.— la voz de Carl me saca de mis pensamientos y miro la hora en el reloj pegado a la pared.
Faltaban diez minutos para la salida de Oliver.
Me coloco el abrigo, agarro mi mochila, me despido de mi jefe y salgo corriendo aún con el uniforme puesto, por suerte la guardería queda a pocas cuadras del mini-mercado.
Espero no llegar tarde.
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Llego a la entrada del lugar y coloco mis manos sobre mis rodillas tratando de recuperar el aliento. Corrí las cinco cuadras y a pesar del frío, gotas de sudor bajan por mi frente.
Necesito hacer más ejercicio, mis piernas tiemblan y mis pulmones arden.
—Oye, ¿estás bien?
Levanto la mirada y veo a un joven mirándome extrañado, a la vez que tiende su mano.
Me alejo unos pasos por instinto y asiento tratando de regular mi respiración.
—Estoy bien.— respiro profundo y suelto todo el aire en un gran suspiro.
—Se me hizo tarde y corrí hasta aquí.— acomodo mi ropa, cubriendome bien con el abrigo.
Sonríe y lo miro detalladamente. Es un beta, joven y alto.
Nunca lo había visto por aquí, ¿será el papá de algún niño?
Sacudo mi cabeza y miro a las Omegas entrando a la guardería, me despido del beta y entro apresurado.
Busco a Oliver y lo encuentro sentado muy lejos de los demás niños y madres.
—Bebé...—me acerco a él y veo que está llorando.
—Bebé, ¿qué sucede?— pregunto arrodillandome y acercándolo a mi pecho.
Llora más fuerte y mi preocupación aumenta.
—Cariño, dile a mami que sucede.— susurro, acaricio su cabello y trato de calmarlo con mi aroma, eso siempre funciona, pero ahora no parece surtir efecto.
Oliver y Ana son los únicos que no lo rechazan.
—¿Qué sucede?— el mismo beta se acerca, ahora con una niña en brazos.
Agarro a Oliver y me levanto, él aún sigue sollozando en mi pecho.
—N-no se que le sucede, yo...— digo nervioso al no poder calmar el llanto de mi bebé y siento mis ojos aguarse.
—Oli es un niño malo.— dice la niña señalando a mi bebé.
El beta agarra su manito y la baja.
—¿Por qué dices eso, Lara?
—Oli no habla, nos ignora. Sam lo regañó.
Al oírla, la miro extrañado y Sam, la Omega que cuida a los niños de tres años, se acerca.
—Ethan, ¿puedo hablar contigo a solas?— pide, mira al beta quien se despide y se retira con la niña en brazos.
—Escucha, Ethan, la directora me pidió que hablara contigo sobre Oliver.— suspira y desvía la mirada.
—Él ya no será aceptado aquí.— dice afligida y apenada.
—Pe-pero... ¿Por qué?— agarro con más fuerza a Oliver, parece que se durmió.
—No habla, Ethan, no puede comunicarse y lo intentamos, intenté hacer lo posible para hacerlo hablar, pero es inútil, no puedo seguir. Lo siento.— responde con pesar y bajo la mirada.
—La directora tiene la última palabra.
—Fué ella quien dijo que no importaba. No es culpa suya el no poder hablar— digo dolido y niego varias veces tragando el nudo en mi garganta. Por más que le reclame, nada cambiará.
—Ya no importa. Adiós y gracias por ayudar a Oliver durante este tiempo— me alejo sin dejar que responda y salgo a la calle.
Acomodo a mi bebé, limpio las lágrimas que comenzaron a correr por mis mejillas y camino hacia la parada del autobús.
Al llegar, las personas ya estaban subiendo y apresuro mis pasos para entrar a tiempo. El chófer es un beta muy amable, me mira con una sonrisa y lo saludo amigable.
Por suerte, hoy no iba tan lleno como los demás días.
Me siento al final y me dispongo a hacerle mimos a mi bebé.
Cierro mis ojos, pensando que hacer a partir de ahora.
Cuando hablé con la directora sobre el problema de Oliver, me dijo que no había de que preocuparse, que allí había personal capacitado y que lograrían hacerlo hablar.
Le darían el trato igual que a los demás niños.
¿Por qué cambiaron de idea?
Oliver nació con un problema en sus cuerdas vocales, el médico dijo que con el tiempo se arreglaría, pero hasta ahora lo único que puede decir es "mami" y describe sus emociones con pequeños gestos o los dibuja, es muy fácil para mí entenderlo.
Parece que Sam no supo hacerlo y se alteró, aunque lo intentó durante estos meses.
Suspiro cansado y me levanto al ver que estamos llegando.
Bajo saludando a Ben, el chófer, y camino hasta nuestra casa que queda a una cuadra.
Ana me heredó la casa y una pequeña cantidad de dinero que aún sigue en el banco.
—Despierta, bebé.— lo sacudo suavemente y abre sus ojitos, lo dejo con cuidado sobre el piso y busco las llaves en mi mochila.
Abro la puerta y cargo de nuevo a Oliver, entrando a la casa.
—Mami.— solloza y se aferra a mi cuello.
—Está bien, Oli, tranquilo. Ya estamos en casa.— tiro mi mochila y lo llevo a mi habitación, donde se encuentra mi nido.
Me siento sobre las mantas y separo su rostro de mi cuello.
—Cariño, ¿qué sucedió? Dile a mami.— susurro dejando suaves besos en su rostro.
Quiero que él me lo diga.
De aparta y agarra, de su pequeña mochila, un cuaderno y un lápiz.
Espero a que termine y veo con cuidado el dibujo. No entiendo cómo no pueden comprender, sí Oliver dibuja muy claro.
—Mmm... ¿Sam te regañó?— pregunto y el asiente limpiando sus lágrimas.
—Ignoraste a los demás niños, Oli, ¿por qué?— veo que dibuja algo rápido y me lo muestra.
Cierro los ojos un momento y suspiro.
—Bebé, ¿recuerdas la historia sobre papá?— le pregunto abriendo mis ojos y él asiente.
—Papá se fue al cielo antes de que nacieras, cariño, pero me tienes a mí. Soy tu mami, algunos niños sólo tienen a su mami y eso no es malo— explico como puedo y que me entienda, asiente de nuevo y oculta su rostro en mi pecho.
Los niños de la guardería, todos, tienen a sus dos padres juntos. Oliver, desde que entró, siempre me preguntaba sobre su otro padre, al final sin saber que decirle le conté una historia, una en la que mi supuesta pareja, mi Alfa, se iba a la guerra y moría en combate.
¿Qué otra historia podía contarle?
Él lo creyó y fue suficiente para mí. Se emocionó bastante al saber que su padre fue un "héroe".
Qué decepción cuando se entere la verdad.
—¿Tienes hambre, bebé?— lo dejo sobre las mantas y me levanto.
Sin mirarme se da la vuelta.
—Oli, no me ignores.— susurro y apoyo mis rodillas sobre las mantas.
—Bebé...—
Sigue ignorandome y no insisto más, me levanto y voy hacia donde deje mi mochila. Saco mi celular y veo que tengo un mensaje.
^^^· PAO- cafetería ·^^^
^^^—Ethan, lamento informarte que ya no necesitamos tus servicios como empleado. Puedes recoger el pago mensual dentro de los tres días siguientes.^^^
Leo el mensaje de nuevo dejándome caer al piso y apoyando mi espalda contra la pared.
Trabajaba los fines de semana en una cafetería cerca de aquí, estaba allí toda la tarde y Oliver me acompañaba, había un sector para niños.
Atraigo ambas rodillas a mi pecho y oculto mi rostro entre ellas.
¿Por qué parece que ahora se me está complicando todo?
Todo iba bien, creí que seríamos felices con Ana, pero parece que no tengo tanta suerte.
Sólo le traje lamentos a la Omega, no fue fácil para ella cuídarme cuando estaba embarazado. El dinero que recibía del Estado alcanzaba para comer y pagar algunos servicios, no podía darse el lujo de comprarse algo para ella.
Varias veces quise irme y ella me lo impidió, por eso, después de que naciera Oliver, busqué con ansias cualquier trabajo y Ana me recomendó con Carl.
El pago que recibía no era mucho, pero alcanzaba para ayudarla con los gastos de la casa. Meses después, Paola me contrató como mesero en su cafetería y con ese dinero le compraba las cosas a Oliver, todo lo que necesitaba.
Ana cuidaba a mi bebé mientras trabajaba. Aún así, yo sabia que era una gran carga para ella.
Por eso, cuando Oliver cumplió sus tres añitos, lo inscribí en la guardería. Y días después, recibí un llamado del hospital informando que habían ingresado a la Omega por un paro respiratorio y a la semana se anunció su muerte.
Ni siquiera pude ir a su entierro, su hermana se la llevó a su pueblo natal donde vivía toda la familia de la Omega.
Lamento y lloro su muerte en silencio durante la noche para que Oliver no me vea.
—Mami.
Levanto la mirada y mi bebé me observa triste y arrepentido.
Abro mis brazos y corre hacia mí, ocultando su rostro en mi cuello.
—Mami, mami.
—Estoy bien, bebé. No te preocupes.— susurro tragando el nudo en mi garganta, pero sin poder detener mis lágrimas.
—Ya no llores.
—Mami.— levanta su rostro y con sus pequeñas manos limpia mis mejillas, sonrío y beso su frente.
Observo sus oscuros ojos, aparte de la preocupación, están llenos de inocencia y dulzura. Haría de todo para que sigas manteniendo esa mirada.
—Conseguiré otro trabajo para darte lo mejor, mi pequeño bebé.— digo en promesa, recibiendo un tierno beso en mi mejilla.
—Siempre, lo mejor para tí...
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Updated 30 Episodes
Comments
Allison Carvajal
como dicen las desgracias nunca vienen solas/Sob/
2023-12-29
1
Buñuelo
Nojoa no se puede estar más salado en está vida
2023-10-16
1
Irma Ruelas
😍😍😍🤔🫣
2023-06-30
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