Melisa despertó sintiéndose mucho mejor. El resfriado parecía estar cediendo, y con más energía decidió poner en marcha el plan que había trazado para la semana junto a Alexander. Quería hacer todo lo posible para ayudarlo a recuperar su memoria.
Se desperezó con una sonrisa y miró a Michiru, quien aún dormía hecho un ovillo a su lado.
—Hoy va a ser un buen día, pequeño susurró, acariciándole la cabeza antes de levantarse.
Ya en la cocina, sacó papel y lápiz y repasó mentalmente su itinerario. Primero, irían al parque a caminar un poco y despejar la mente. Luego, al cine a ver alguna película ligera. Más tarde, un paseo por el centro comercial, quizá alguna tienda le despertara algún recuerdo a Alexander. También quería llevarlo a tomar un helado, porque, bueno… ¿quién no ama los helados?
—Perfecto, todo listo se dijo a sí misma, satisfecha con su planificación.
Sin embargo, antes de salir, necesitaban desayunar. Melisa se dispuso a preparar algo rápido cuando recordó lo que había pasado la última vez que Alexander intentó cocinar.
—Definitivamente no puedo dejar que vuelva a acercarse a la estufa murmuró con una risita. No quiero que mi casa termine en llamas.
Poco después, Alexander apareció en la cocina, con el cabello despeinado y cara de sueño.
—Buenos días saludó con voz ronca.
—Buenos días respondió Melisa. ¿Dormiste bien?
—Sí… creo. Aunque tuve sueños raros dijo frotándose la nuca. No logro recordar nada, pero a veces siento que tengo algo en la punta de la lengua y luego… desaparece.
Melisa le sonrió con ánimo.
—Tal vez hoy tengamos más suerte. Vamos a salir, como te dije ayer.
Alexander asintió y se apoyó en la encimera.
—¿Necesitas ayuda con el desayuno?
Melisa lo miró con una ceja levantada.
—¿De verdad quieres ayudar?
—No puede ser tan difícil, ¿no?
Suspiró. No quería desanimarlo, así que decidió darle una tarea sencilla.
—Bien, solo rompe estos huevos en el bol y mézclalos para hacer huevos revueltos. Nada más.
Alexander tomó los huevos y empezó a cascar el primero. Todo parecía ir bien… hasta que vio caer pequeños trozos de cáscara dentro de la mezcla.
Melisa cerró los ojos un segundo, inhaló profundo y sonrió.
—Tranquilo, yo me encargo.
Disimuladamente, sacó los trozos de cáscara con una cuchara, mientras Alexander intentaba parecer indiferente.
—¿Quieres que haga algo más? preguntó él, tratando de que le diera otra oportunidad.
Melisa vaciló, preguntándose si debía asignarle otra tarea, pero temía que eso pudiera parecer descortés.
—Bueno… puedes picar los tomates.
Él tomó el cuchillo y comenzó a cortar, pero en menos de dos minutos…
—¡Auch!
Melisa se giró de inmediato y lo vio con el dedo ensangrentado.
—¡¿Cómo rayos te cortaste tan rápido?! exclamó llevándose una mano a la frente.
Alexander frunció el ceño y miró su dedo como si no entendiera qué había pasado.
—No lo sé… solo pasó.
Melisa suspiró y fue por el botiquín.
—Ven aquí, torpe dijo con tono divertido mientras le limpiaba la herida. Creo que cocinar definitivamente no es lo tuyo.
—Eso ya lo sabía. Pero tenía que intentarlo.
Melisa terminó de vendarle el dedo y luego señaló el sofá de la sala.
—Mejor ve a ver televisión o juega con Michiru mientras yo termino esto.
Alexander puso cara de niño regañado y fue a la sala con los hombros caídos. Melisa no pudo evitar reírse. Era un desastre en la cocina, pero había algo genuino y encantador en su actitud.
Una vez el desayuno estuvo listo, ambos comieron tranquilamente, y Michiru se subió a la silla para husmear, aunque Alexander lo miraba con recelo.
Creo que este gato no me tolera murmuró, sintiéndose observado. Me mira como si yo fuera un intruso que invadió su reino.
El felino, con sus ojos fijos, parecía reafirmar su sospecha, como un pequeño soberano juzgando a su huésped no invitado.
— Melisa soltó una carcajada.
—¡Ay, por favor! Mi Michiru es un amor con patas. Estoy segura de que malinterpretas esa mirada tan tierna dijo con una sonrisa divertida, mientras acariciaba al felino que ronroneaba con satisfacción. Dale tiempo, terminará aceptándote... o al menos eso quiero creer.
Después de desayunar, se prepararon para salir. Melisa había escogido un conjunto cómodo y casual, mientras que Alexander usó la ropa que ella le había conseguido.
Salieron al parque primero. El aire fresco y el sol templado de la mañana los recibió con calidez. Caminaron por los senderos, observando a la gente pasar: niños jugando, personas trotando y parejas disfrutando del día.
—¿Algo te resulta familiar? preguntó Melisa, observándolo de reojo.
Alexander negó con la cabeza.
—Nada todavía… pero se siente bien estar aquí.
Melisa sonrió.
—Eso es un buen comienzo.
Después del parque, fueron al cine. Melisa eligió una comedia ligera, pensando que una película divertida podría aliviar la tensión que Alexander sentía por su situación. Durante la función, en algunos momentos se sorprendió al escucharlo reírse de verdad.
—Al fin veo una sonrisa en ese rostro simpático que tienes.
Alexander se encogió de hombros no supo que decir.
Después del cine, caminaron por el centro comercial, visitando algunas tiendas sin un rumbo fijo.
—Tal vez ver algo te ayude a recordar al estar aqui dijo Melisa, pero Alexander no parecía reconocer nada.
Finalmente, terminaron el día tomando un helado en una pequeña heladería del barrio.
—Bueno, no recuperaste la memoria, pero admito que fue un día divertido dijo Melisa mientras lamía su helado de vainilla.
Alexander sonrió.
—Sí, lo fue. Gracias por hacer este día especial para mi.
Ella se encogió de hombros.
—Ya te dije, no podía dejarte solo sin hacer nada. Además, no todos los días tengo vacaciones y un compañero para hacer planes.
Alexander la miró con mirada pícara , y Melisa sintio un poco de vergüenza por esa mirada seductora. Pero antes de que pudiera decir algo más, Michiru, que iba en una pequeña mochila para gatos, maulló con impaciencia.
—Creo que él ya quiere irse dijo Alexander.
Melisa rió.
—Sí, mejor volvamos a casa. Mañana tenemos otro día de aventuras.
Y con eso, emprendieron el camino de regreso, la memoria de Alexander seguía siendo un misterio, algo dentro de él le decía que, de alguna manera, estar con Melisa le daba una sensación de hogar que no podía explicar.
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Comments
Nancy Parraga
Ojalá y pueda recordar y si está en peligro no la esponga a ella
2025-03-17
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Lisseth 👩🏽
Tal vez es un mafioso oh una empresario millonario con mujer y hijo
2025-03-17
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Norma Alvarez Vega
es un ceo millonario,sufrió un atentado?.
2025-03-30
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