La cena transcurrió en silencio, salvo por los ocasionales maullidos de Michiru, que rondaba la mesa como si esperara recibir algo de la comida. Alexander, todavía acostumbrándose a la convivencia, miraba con desconfianza al gato, quien le devolvía la mirada con el mismo recelo.
Melisa notó la tensión entre ellos y sonrió divertida.
—Creo que nunca te va a aceptar del todo comentó, tomando un sorbo de su bebida.
—Eso es evidente respondió Alexander, desviando la mirada del felino. ¿Siempre has vivido sola?
La pregunta la tomó un poco por sorpresa. Lo miró y luego dejó los cubiertos sobre la mesa.
—Sí… bueno, hace cinco años que vivo en Nueva York. Mis padres siguen en California, tienen una granja y son de clase media. Son personas muy amorosas y me apoyan en todo, aunque, claro, les costó mucho aceptar que me mudara lejos para trabajar en el hospital.
Alexander la escuchaba con atención.
—¿Y cómo te llevas con ellos ahora?
Melisa sonrió con nostalgia.
—Siempre los llamo para saber cómo están. Los extraño, pero saben que estoy cumpliendo mi sueño. Desde pequeña quise ser enfermera, y cuando obtuve la oportunidad de trabajar aquí, no lo dudé. Claro, al principio fue difícil, pero con el tiempo me acostumbré.
Él imagino cómo había sido difícil esa experiencia para Melisa.
—¿Y fuera del trabajo? ¿Siempre has estado sola?
Melisa rió con cierta ironía.
—Digamos que mi vida es bastante monótona. He tenido dos novios en toda mi vida. Uno me engañó y el otro se mudó a otro estado, así que, como verás, el destino no me favorece en el amor.
Alexander arqueó una ceja.
—Vaya, eso suena… desafortunado.
—Melisa rodó los ojos. Pero, ¿sabes? No estoy realmente sola. Desde hace un año y medio tengo a Michiru.
El gato, al escuchar su nombre, maulló orgulloso y saltó a su regazo.
—Lo encontré cuando era solo un indefenso gatito, abandonado en la calle como si fuera basura. No pude dejarlo ahí, así que lo adopté y lo crié con mucho amor. Ahora míralo, es toda mi adoración gatuna.
Alexander observó al gato y luego a Melisa, notando la ternura en sus ojos al hablar de su mascota.
—Eres una mujer con un gran corazón dijo con sinceridad. No solo ayudaste a este pequeño, sino que también me ayudaste a mí, un completo desconocido.
Melisa sonrió.
—Bueno, ahora vives conmigo. Así que, técnicamente, no estoy tan sola. Al menos hasta que recuperes la memoria.
Alexander la miró fijamente, como si quisiera decir algo más, pero al final solo sonrió.
—Supongo que eso significa que estarás cuidando de mí por un tiempo.
—Exacto. Hasta que pueda yo volver al hospital a trabajar, estaremos juntos una semana hasta que se me vaya estos malestares del resfriado. Y ya que no puedes recordar quién eres, necesitamos hacer un plan.
Alexander la miró con curiosidad.
—¿Un plan?
—Sí dijo con entusiasmo. Un itinerario. Tal vez si salimos a pasear, si hacemos cosas diferentes, logres recordar algo. Podemos ir al cine, a algún parque, recorrer la ciudad… algo que despierte tu memoria.
Alexander la observó y dijo eso suena… increíblemente considerado de tu parte.
Melisa se encogió de hombros.
—No puedo dejarte aquí encerrado sin hacer nada. Además, sería interesante ver si algo te resulta familiar.
Alexander sonrió, con una expresión más relajada de la que había mostrado desde que despertó en el hospital.
—De verdad, Melisa, eres una gran mujer. No solo eres profesional y dedicada a tu trabajo, sino que además eres generosa y amable. No sé qué hice para merecer tu ayuda, pero estoy agradecido.
Melisa sintió un leve calor en sus mejillas y orejas ante el cumplido, pero no dejó que la situación se volviera demasiado sentimental. Así que, con una sonrisa traviesa, decidió bromear.
—Bueno, espero que cuando recuperes la memoria resulte que eres millonario y me des unos millones como agradecimiento.
Alexander soltó una carcajada.
—¿Así que eso es lo que esperas de mí?
—Oye, si eres pobre, al menos espero que me visites de vez en cuando Melisa guiñó un ojo.
Alexander negó con la cabeza, aún riendo.
—Trato hecho.
Ambos rieron, desde que se conocieron, la desconfianza pareció desvanecerse por completo. Había algo en aquella conversación, en la forma en la que Melisa lo hacía sentir cómodo, que lo tranquilizaba.
Tal vez, después de todo, estar sin memoria no era tan terrible si tenía a alguien como ella a su lado.
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Updated 40 Episodes
Comments
Nancy Parraga
Esperemos que cuando recuerde todo no sea casado y la abandone
2025-03-17
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Gaby🌹
😍😹
2025-03-17
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