CAPÍTULO 9

Desconsolada ante las palabras de su abuelo, sintió como la corriente del río se desviaba y ahora la obligaba a devolverse por el mismo camino que había emprendido, una vez su alma llegó a aquella gris dimensión entre los reinos de los vivos y los muertos.

—No, no...—rogó la princesa caída—no me dejes solita, abuelo.

—Luz de mi vida—le respondió el anciano—recupera mi corona, reclama mi trono y apacigua a los no muertos con la muerte del emperador.

Poco a poco, mientras observaba la figura de su abuelo alejarse y todo tornarse oscuro, su alma era conducida de nuevo a su cuerpo físico, el cual era llevado por la corriente del río de los muertos de regreso al mundo de los vivos, al lugar donde siempre perteneció y que fue arrebatada de la manera más dolorosa posible.

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Mientras su cuerpo era transportado de manera lenta, la guerra había empeorado entre el reino y el imperio, por lo que, sin saber que realmente la princesa caída seguía con vida, tanto el emperador como el rey Somnus habían iniciado una lucha sin fin no solo contra ellos, sino también contra el ejército de los muertos.

Tras varios días sangrientos, una extraña luz comenzaba a emerger de lo profundo del océano entre ambos territorios. En la isla que antaño había sido el pueblo de los tritones y las sirenas, donde se ubicaba las ruinas del antiguo castillo del primer rey tritón.

Dos pisos más abajo de la casi derruida edificación, se encontraban unas escaleras en forma de caracol, las cuales descendían hasta un estanque subterráneo, el cual tenía salida hacia el mar. No obstante, el estanque tenía luz propia, como si de un portal se tratara.

Fue así que, mientras se escuchaban pasos acercarse al estanque, la figura de una sirena cristalizada emergía, como si hubiera recorrido un largo viaje hasta allí.

—Bienvenida, princesa—la voz de una mujer encapuchada, resonó en el lugar—su pueblo ha estado esperando por usted.

Luego de aquellas palabras, la sirena cristalizada abrió sus ojos, para comenzar poco a poco a recuperar el tono verdadero de su piel, mientras el oxígeno inundaba sus pulmones. El dolor de haber vuelto de la muerte era tan grande que, una vez despierta, le costó salir del agua debido a que cada movimiento era como sentir mil agujas siendo clavadas en su piel sin piedad alguna.

La misteriosa mujer, luego de ver como finalmente la princesa salía del estanque, procedió a cubrir su cuerpo con una manta térmica, la cual funcionaba con varias runas, mientras Genevieve comenzaba a convulsionar. Lo único que pudo hacer ella era observar como se disipaba el trauma hasta que la princesa finalmente se desmayaría del dolor.

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Tras varias horas de sueño profundo, por fin, Genevieve logró despertar, para encontrarse durmiendo en lo que una vez había sido una de las tantas habitaciones del castillo. Aunque estaba destrozada y la maleza comenzaba a filtrarse entre las paredes, podía observar leves destellos de magia antigua que mantenían en pie la edificación.

Luego de intentar moverse con dificultad, notó que alguien le había puesto una pijama blanca al volver a su forma humana. Por lo que, caminando más cómoda, notó, bajo la luz del amanecer, algunos dibujos familiares en la pared.

—Estas flores—dijo en un susurro mientras tocaba las paredes—las hice yo de niña... ¿Es esta mi antigua habitación?

Llena de una indescriptible alegría, pero con una clara tristeza amarga, comenzó a buscar pequeños indicios de su pasado y aunque todo estaba casi destruido, encontró algunas de sus cosas, incluyendo un par de vestidos podridos por el paso del tiempo.

—Veo que reconoce este lugar—la mujer misteriosa volvió a aparecer—la magia de los difuntos aún protege lo que una vez amaron.

Genevieve, extrañada, observó como la mujer encapuchada se acercaba a una mesa y colocaba una pequeña bandeja con algo de comida. Una vez la dejó, se dirigió a un pequeño sofá en el cual se sentó, en espera de que ella se acercara.

—¿Quién eres?—preguntó con cuidado.

—Una no muerta—respondió bajándose la capucha—cuando estaba viva respondía por el nombre de Yuna.

De inmediato la princesa caída se desplomó en el sofá frente a la mujer, si era cierto lo que estaba observando, entonces la esposa de Gladiolus, el hombre que había rescatado a su hija antes de que ella muriera, se encontraba frente a ella.

—La esposa de Gladiolus...—contradijo la princesa—¡Imposible! Los no muertos son seres erráticos...

—En efecto, lo son—respondió con una sonrisa—pero el dios de la muerte me sacó del ciclo de la ira y me envío como una "no muerta inteligente" para ayudarla en su misión.

—¿Misión?—preguntó confundida.

—¿Recuerda las últimas palabras de su abuelo?—le cuestionó—verá princesa, su regreso de la muerte no fue gratis. Si bien su abuelo tuvo parte del mérito, al arrodillarse frente al dios de la muerte, su eminencia exigió dos cosas a cambio.

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Maria Elena Maciel Campusano

Maria Elena Maciel Campusano

Oh cielos! Es la esposa de Gladiolus quién le ayudará y guiará, ahora a ver qué cosas pidió el dios del Inframundo para que volviera Genevieve a la vida

2024-05-18

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