20

— Un día jamás olvidaré.

— Abrió y pasó el trago a mi papá, luego a mí y después a su primo y a él.

— Como a las diez y media, le dijo a mi mamá: "Vieja, vamos a mandar a comprar algo para comer. ¿Qué prefieren, pollo o pizza? Ustedes dirán sin pena."

— Todos nos quedamos mirando, sin querer parecer interesados, ya que en casa no teníamos mucho dinero.

— Mi mamá le contestó: "No, si quiere, mande a comprar y hacemos aquí. Además, es mejor, creo yo."

— Él preguntó: "¿Y usted, qué prefiere? No es molestia."

— Mi mamá respondió: "No, nada. Él y yo vamos a comprar", señalando a mi papá, quien asintió con la cabeza.

— Manuel de Jesús sacó dinero y se lo dio a mi mamá, diciendo: "Viejita, compra también algo para los niños, para que ellos también compartan con nosotros."

— Desde ese momento, ganó la simpatía de mis padres. Salieron mis padres a comprar.

— Mi mamá era la mejor cocinera del mundo, y si hablo de mi papá, ¡ufff!, no tenía comparación con nadie. Hicieron carne asada con yuca y papas, una salsa, también trajeron gaseosa y chitos para mis hermanos, además de una picada de queso, cebolla y limón.

— A las doce se despidió, diciendo a mi mamá y a mi papá: "Me voy muy complacido de haberlos conocido. Gracias por atenderme y hacerme sentir como en casa. Mañana vuelvo por la mañana con el favor de Dios."

— A las 7:00 am me levanté temprano, ya que mis padres se habían levantado, hicieron aseo y café.

— "Buenos días, ¿cómo amanecieron?", preguntó Manuel de Jesús.

— Respondimos todos en la casa: "Buenos días, bien, gracias a Dios."

— Mi mamá le dijo: "Adelante, toma café."

— Él respondió: "Bueno, sí, señora, gracias."

— Mi papá le llevó el café, y se sentaron en la sala.

— Manuel de Jesús propuso: "Entonces, ¿vamos de paseo al río o a la playa? ¿Dónde quieren ir ustedes?"

— Mi mamá le dijo: "Más bien, ¿por qué no nos haces el favor de llevarnos a Minca a hablar con una señora que está vendiendo una casa por allá, en el callejón?"

— Él aceptó: "Ah, bueno, entonces vamos de una."

— Salimos con él. En el camino, mi mamá y él iban hablando.

— Llegamos a Minca, mi mamá habló con las personas que buscaba, pero resultó que tenían que llevar a un señor mayor a la urgencia y no pasaban carros.

— La señora le pidió a mi mamá: "¿Será que ustedes nos pueden dar chance para bajar hasta Santa Marta? Es que vamos para el médico."

— Mi mamá le dijo: "Ah, bueno, espere, yo le digo a él para ver qué dice."

— Se acercó a Manuel de Jesús y le transmitió la solicitud.

— Él respondió: "Claro que sí, señora, que lo traigan, como no. ¡Imagínense!"

— Ayudaron a bajar y montar al señor, un viejito de unos noventa y ocho años, y a su hija mayor, que lo llevaba.

— Los dejamos en la entrada de Santa Marta, como pidieron, nos despedimos y seguimos nuestro camino.

— Llegamos a casa, mi papá había cocinado, e invitamos a almorzar a Manuel de Jesús.

— Más tarde se despidió y se fue.

— Por la noche, regresó y estuvo un rato en la casa, conociéndonos mejor.

— A la mañana siguiente, llegó temprano, trayendo desayuno para compartir en familia.

— "Buenas, ¿cómo amanecieron?", saludó.

— Mi mamá le respondió: "Buenas, adelante. Toma café."

— Él comentó: "Miren, viejita, aquí les traigo para desayunar en familia."

— Ya en casa estaban haciendo yuca con queso y café con leche.

— Mi mamá le recibió y dijo: "Será para completar, porque ya estamos haciendo yuca con queso."

— Él respondió: "Bueno, viejita, usted sabrá si la hace ahora o la guarda."

— Mi mamá decidió: "No, no, hago y acompletamos."

— Desayunó con nosotros y se le veía muy alegre.

— Luego, dijo: "Mañana me voy para Venezuela."

— Tenía su hogar y negocio allá.

— Nos contó: "Es que soy casado, pero esa mujer lo quiere todo para ella. Tengo tres bebés con ella. No quiere que mi mamá vaya adónde estoy ni que yo le dé nada."

— Se despidió y se fue, sin decirme nada de esperarlo o gustarme, solo "chao".

— Diez días después, estábamos sentados en la puerta y vimos su camioneta del otro lado de la calle, que pitó, dio la vuelta y se estacionó en la puerta de la casa.

— Se bajó saludando: "Buenas noches, muñequita hermosa." Sentí alegría, pero a la vez no debía ilusionarme, ya que era un hombre casado.

— También ya había conocido a un joven casi de mi edad, hijo de padres cristianos, pero él no lo era, y tenían un restaurante cerca de mi casa. Se llamaba Julián Cortez.

— Era el hombre ideal: joven, apuesto, trabajador, pero tenía su "pero".

— "Manuel de Jesús, ¡hola! ¿Cuándo llegaste?", dije emocionada.

— Él respondió: "Acabo de entrar a la ciudad, muñequita hermosa. ¿Cómo estás? ¿Y tus viejos, tus hermanos, mi comadre? ¿Cómo están?"

— Respondí: "Bien, gracias a Dios. Mi mamá y papá salieron, los niños están bien, y María, ahí con su barriga."

— Él dijo: "Ah, sí, con mi ahijado", y sonrió.

Respondí: "Sí, tu ahijado."

— Él me preguntó: "¿Y tú cómo estás?"

— Respondí: "Bien, gracias a Dios."

— La verdad, ya empezaba a gustarme un poco. No sé si fue su trato.

— Al rato se despidió y quedó en regresar.

— A las 10:30 am, mi mamá dijo: "Juanita, llegó Manuel de Jesús."

— Él saludó: "Buenas, ¿cómo están? ¿Cómo amanecieron?"

— Respondimos todos: "Buenas, adelante."

— Me miró y me dijo: "¿Cómo amaneciste, muñequita hermosa? Ayer no pude regresar, discúlpame. Como venía de viaje, me quedé dormido."

— Se sonrió y dijo: "Pero aquí estoy."

— Se sentó en la mesa con nosotros, y mi mamá le trajo café.

— Comenzó a hablar: "Tengo un fuerte problema en Maracaibo", así era como él decía. "Imagínense que mi mamá y mi esposa se fueron a tiros peleando por el dinero."

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