— Saluda mi mamá: "Buenas, Luz María."
Responde: "Buenas, María. ¿Cómo están? Bueno, mi hermana. Lo único fue que Andreíta ayer se me cayó y se partió la barbilla", dice mi mamá.
— Pregunta la tía Luz María: "Anda, ¿y eso qué le pasó?"
Responde mi mamá: "Se cayó, mija, y se desmayó, y se partió la cara. Y sin un peso, imagínate".
— Dice la tía Luz Marina: "Anda, sí me imagino. ¿Y entonces, cómo hicieron?"
Responde mi mamá: "Mija, Juanita y Cristin salieron corriendo hasta la casa del primo de Antonio, Octavio. Menos mal que estaban ahí los dos, y enseguida salieron para la casa en el carro de Octavio y la llevamos al hospital. Al llegar al hospital, había un médico que es de fundación y conoce a Antonio, él le cogió los puntos y no nos cobró nada. Menos mal".
— "Pasamos la tarde allí, regresamos a la casa. Ese día llovió mucho y la casa de la tía se inundó".
— "Mi prima Marina trabajaba en el Rodadero en un restaurante muy reconocido y mantenía un romance a escondidas con el dueño, quien era un hombre casado".
— "Para entonces, había quedado embarazada y, por miedo a traer otro hijo, siendo ya madre soltera, decidió realizarse un legrado (aborto)".
21:30
— "Buenas noches, ya teníamos la puerta y ventanas cerradas, listos para dormir. Salimos para ver quién era".
— "¡Ya va, quien es!" dijo mi mamá.
— Respondieron: "Yo, Luz María, abre".
— "Salimos a ver qué les había pasado".
— "Dijo mi mamá: 'Entren, ¿qué les pasó?'"
— Contestó mi tía: "Ay, María, manita. ¿Será que Marina se puede quedar aquí?"
— Mi mamá le preguntó qué tiene.
— "Vayan para adentro", nos dijo a la vez.
— Quedándose solas las dos hermanas, hablaron. Marina se quedó conmigo en mi habitación, pues ella no podía dormir en el piso por su delicado estado. Traía fiebre muy alta. Mi tía se despidió y se fue, dejándonos a Marina.
00:45
— Sentí cómo Marina temblaba por la fiebre y deliraba, así que me levanté a llamar a mi mamá, quien acudió enseguida a nuestra habitación.
— "Corre, Juanita, ve y trae agua fría y una toalla para colocarle en la cabeza, y aquí que no tenemos ni una pastilla, Dios mío".
02:30 am
— "Ya está mejor, Juanita. Acuéstate, cualquier cosa me avisas, mija".
— Respondí: "Sí, señora".
07 am
— Marina se despertó como siempre, con una sonrisa que iluminaba su hermosura.
— "Era una morena, cabellos largos negros, ojos marrones oscuros, labios no tan delgados ni gruesos, de estatura alta y un cuerpo muy bonito. Parecía una reina de belleza".
— Sentí algo molestando mi nariz, y me rasqué. Ríe: "Buenos días, dormilona. Buenos días, bella durmiente", y se reía.
— "Buenos días, Marinita".
— Me respondió: "Buenos días, Juanita. ¿Cómo amaneciste?".
— Le dije: "Bien, gracias a Dios".
— "Me dijo: 'Vamos a levantarnos para ayudar a tu tía, mija'".
— Le respondí: "Bueno, levantándonos enseguida".
— Ya mi mamá estaba en la cocina. No sé de dónde sacó para el desayuno, pero la casa tenía un olor delicioso a café recién hecho.
— Dijimos a la vez: "Buenos días".
— Contestó mi mamá: "Buenos días. ¿Cómo amanecieron? ¿Cómo te sientes, Marinita?".
10 am
— "Juanita, mija, ve a la tienda con Marinita. Vayan a la tienda y compren el almuerzo".
— "Bueno, sí, señora. ¿Qué traemos?".
— "Nada más tengo esto: media de arroz, tres huevos, cebolla y tomate. Vayan".
— Salimos entonces a la tienda.
— Dice Marinita: "Juanita, ¿me regalas si queda una Vinotal, para tomármela para la infección?".
— Le respondí: "Claro que sí", y la compré.
— Regresamos a la casa y nos pusimos a hacer la comida.
— Ese día le volvió la fiebre a mi prima y su sangrado era muy fuerte. Su rostro era pálido.
— En la tarde, mi mamá la mandó para la habitación para que el sereno de la tarde y noche no le hicieran mal.
— Una semana después.
— "Tía, ya creo que me puedo ir. Ya me siento bien, gracias por todo".
— Respondió mi mamá: "Ya te sientes bien, Marinita. Bueno, mija, más tarde te acompañamos para dejarte en tu casa".
— Mi hermana María casi no sacaba tiempo para venir a vernos.
— Recuerdo, era un domingo. Mi hermanita más pequeñita se llamaba Laurita. Comenzó a vomitar, pues no habíamos comido nada.
— En esos momentos llegó mi hermana María y su esposo. Ella en vestido de baño, él en pantaloneta y ambos a pie descalzos.
— "Buenas, ¿cómo están?" dijo María, seguido de Iván. "Buenas, permiso", él entró y se sentó en la sala comiéndose un mango verde que traía.
— Mi hermanita vomitando, y María mirándola, pero ni siquiera preguntó.
— Demoraron como unos veinte minutos y dijo María.
— "Bueno, nos vamos", y salieron. "Chao".
— Mi mamá se puso a llorar al ver que María ni siquiera preguntó qué le estaba pasando a nuestra hermana.
— La señora Blanca, la vecina, se dio cuenta de que mi hermana estaba vomitando y le
preguntó a mi mamá.
— "Señora María, ¿qué tiene la niña? Está vomitando y muy pálida".
— "Sí, señora, es que hoy no ha comido nada", contestó mi mamá.
— La señora Blanca le trajo una ollita a mi mamá con sopa, y un plato con arroz y pollo.
— "Mire, vecina, dele de esto para que se mejore la niña", después me pasó la olla y el plato.
— "Gracias, señora Blanca".
— Mi mamá repartió la comida entre todos, claro, primero le dio a Laurita.
07 de diciembre
— Mi mamá y yo fuimos al apartamento de mi hermana María, quien nos mandó a llamar para que fuéramos a Fundación a desempeñar unas prendas que ella había empeñado allá antes de venirnos.
— Dice mi mamá: "Buenos días. ¿Dime para qué me necesitas?".
— Respondió mi mamá: "Será que ustedes van a Fundación y me sacan las prendas que tengo allá donde el ciego Anaya, para que no se me pierdan".
— Mi mamá responde: "Bueno, sí. Dame los recibos y el dinero, y lo de los pasajes de nosotras".
— Este día nos fuimos todo el día y regresamos como a las siete de la noche. Al llegar a la entrada de Santa Marta, el carro pasaba primero por el Rodadero.
— Nos quedamos allí para llegar a entregarle a mi hermana las prendas.
— Dice María: "Ajá, ¿cómo les fue?". Mi mamá empezó a entregarle las prendas, y María le gritó a mi mamá, diciéndole: "Estas son las cosas que me dan rabia, nunca haces las cosas como son".
— Nosotras habíamos traído una muchacha que conocimos en el bus, y la muchacha también se sorprendió al ver las groserías de María hacia mi mamá.
— Mi mamá se levantó y me dijo: "Vamos, Juanita, vamos, mija", y comenzó a caminar rápido bajo las escaleras, dejando a María sola.
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