— Cuando salimos de Fundación, yo solía hacer los mandados a mi hermana con su enamorado, el viejito extranjero Joseph.
— Él siempre me regalaba dinero, prendas y chocolates. Era muy caballeroso y un amor. No sé por qué mi hermana no fue seria, si él era un amor.
— De esas prendas, aún estaban salvadas las mías, con tantas necesidades.
— Esta mañana, teníamos que pagar el arriendo de la casa y para la comida.
— Mis papás me dijeron: "Juanita, mija, ¿tú por qué no nos prestas tus prendas para completar, mija? Y si nos queda, hacemos un poquito de comida."
— Respondí: "Bueno, aquí están." Me quité mis aretes, una cadenita con su dije y los anillos.
— Mi mamá se quitó sus aretes y una cadena. Ya esto era casi lo último que teníamos.
— Salíó mi papá a pie al mercado para la casa de empeño.
— Llegó mi papá en un taxi. Venía el conductor y una mujer como de unos cuarenta y pico de años. Ella venía sentada atrás con papi.
— Nosotras, mi mamá y yo, estábamos esperándolo, pues él había salido desde muy temprano y ya era casi noche y no venía.
— Se bajó aquella mujer del taxi. "Buenas tardes," dijo.
— Respondimos: "Buenas tardes."
— "El señor vive aquí," preguntó la mujer.
— Respondimos a la vez: "Sí, señor, ¿por qué?"
— Contestó la mujer: "No, es que yo lo encontré así y lo traje. Está como borracho. Mírenlo, venga, ayúdenlo a bajar."
— Nos abrió la puerta del carro del lado donde se encontraba mi papá.
— Nos levantamos y efectivamente, mi papá estaba más que borracho. Ni él sabía quién era y mucho menos adónde estaba.
— Entre mi mamá y yo, lo bajamos de ese carro y vimos que traía los bolsillos por fuera, no traía ni prendas ni sus propios papeles.
— Nos dice la mujer: "Para que paguen el carro, porque yo lo traje."
— Respondió mi mamá: "Y tú, ¿para qué lo trajiste? Además, él salió a empeñar unas prendas y no trae ni prendas, ni el dinero, ni su cartera encima. Seguro tú se las quitaste."
— La mujer le dijo: "Entonces, vieja pícara, me toca pagarle a mí el carro a él. ¿Acaso él es mi marido o hijo?"
— Respondió mi mamá: "A mí no me importa quién te mandó."
— La mujer le dijo vulgaridades a mi mamá. Mi mamá se le acercó y le dio un golpe a aquella mujer, y la mujer le tiró a pegar a mi mamá.
— Pero yo también le pegué.
— En vista de que la cogimos a pegarle, el tipo del taxi, que jamás había hablado, le dijo: "Vamos, vamos, montáte."
— Prendió el carro y salieron huyendo.
— Mi mamá le pregunta a papi: "Ajá, Antonio, entonces, ¿adónde echaste las prendas? Ahora sí, bonito, quedamos sin prendas, ni dinero, ni recibo."
— No sé si mi papá se hacía el loco o de verdad estaba. En fin, ahora creo que quedamos peor.
— Mañana temprano teníamos que hacer filas para bañarnos, pues estaban los hijos de mi tía y nosotros.
— Cuando vamos a entrar al baño, este estaba sucio. Cabe recordar que era un baño con cuatro palos y envuelto en bolsas de aseo negras, y no había taza.
— Ese día, la tía Luz nos botó de su casa y gritó a mi mamá con vulgaridades.
— En la casa grande vivía una prima que también era sobrina de mi mamá.
— Ella fue la que salió y le dijo a la tía: "Caramba, Luz, tú eres la que tienes cara de ponerte con María si toda la vida tú la has molestado."
— Hasta ese día vivimos ahí, nos mudamos para un cerro que quedaba cerca.
— El día que fui por primera vez a buscar al señor Porfolio a esta nueva oficina, toqué y se abrió aquella puerta marrón.
— Me dijo: "Buenas, adelante, ven, entra."
— Al entrar, noté que tenía dos fotos de niños pequeños, y una en particular donde se veían aquellos niños y una mujer morena con cabellos largos, muy elegante, abrazándolos.
— No pregunté nada, traté de disimular.
— Me dijo: "Ven, siéntate."
— Me miraba y sonreía.
— Me dice: "Ajá, ¿y cómo te está yendo allá en la escuela?"
— Respondí: "Bien, sí, gracias a Dios."
— De pronto, se levantó y me tomó de las manos y me jalo hacia él.
— Sentía mi corazón a mil por horas, no porque me gustara, sino porque jamás me habían besado ni abrazado un hombre. Y confieso que tuve ganas de salir corriendo, pero debía esperar porque me tenía que dar para los pasajes y las copias que no hacía ni cogía la verdad.
— Porque lo que Porfolio me daba, se lo daba a mi mamá para la comida, para que mis hermanos no pasaran hambre.
— Me abrazó y susurro a mi oído: "Tú me gustas hace tiempo, yo quiero que seas mi novia, mi mujer, la mamá de mis hijos."
— Le dije: "¿Y ellos?" señalando las fotos con los niños.
— Respondió: "También son mis hijos, pero a ellos se los llevó la mamá, ellos viven en Bogotá."
— No respondí nada, me abrazó y comenzó a besarme por el cuello, luego la mejilla, llegando después a la boca. Sorprendida, quité mis labios de sus labios y él sonrió y me volvió a besar.
— Después de un rato, me dio el dinero y yo me fui a toda prisa.
— Al montarme al ascensor, me limpié mi boca con las manos. Cuando de pronto, se abrieron las puertas del ascensor para que entr
aran unas personas, me miraban como si yo fuera algo raro.
— En la escuela de enfermería, no todo era color de rosas. Siempre conseguía personas que se enamoraban de mí para hacerme la vida difícil.
— ¡Por Dios!
— Yo era la más joven del grupo. Éramos setenta y nueve mujeres y un hombre. Ellos siempre vivían pendientes de que me aprendiera y entendiera las tareas.
— Pues yo no era tan inteligente, decía, pero la verdad no creo.
— Porque como no tenía para las copias, me tomaba el trabajo de prestarles las copias a mis compañeros, quienes muy gentilmente me las prestaban.
— En los momentos que nos daban de descanso, aprovechaba y hacía mis trabajos, y con dibujos y todo.
— Se me olvidó contarles que en mi colegio hacía los mapas a mis compañeros y hacía sus tareas, sobre todo los números romanos, y ellos me pagaban.
— En la escuela tenía una amiga que ya era una señora casada con hijos, tenía como cuarenta años y era muy humilde. Y lo mejor, se llamaba como mi madre.
— María era una persona que siempre la recordaré, aunque nunca le fue bien en nuestra carrera, ella jamás logró trabajar de enfermera.
— María se tomaba el trabajo de leerme las tareas y explicarme. Nos reuníamos los domingos en su casa y hasta me guardaba almuerzo. Dios la bendiga, dondequiera que esté.
— La profesora Mercy me hacía las cosas difíciles, aunque mis compañeros me ayudaban mucho.
— Hoy es viernes y han hecho expulsión de varias compañeras. Ya sacaron a una muchacha que era de Sucre, porque supuestamente estaba embarazada y aquí no permiten embarazadas ni con enfermedades.
— Para esta entonces, aquella compañera que un día me dijo que nos fuéramos juntas y yo no traía pasajes, éramos muy buenas amigas.
— Ella siempre se venía junto conmigo, compraba su merienda y la compartía conmigo sin egoísmo.
— Ese viernes me tocó a mí.
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Comments
Eret Lopez
gente muy MUY humilde y sufridas aguantadores pero trabajadoras y dedicadas y MUY agradecidas
2024-04-05
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