Sansa se había desmayado de nuevo. Los tres fieles sirvientes de la princesa, porque sí, una princesa, eso es lo que Sansa era para ellos, estaban extremadamente preocupados por la situación de la señorita.
- no es normal que se desmaye tanto-, comentó Sorah preocupada por su niña.
- me preocupa que no tenga ningún recuerdo de su vida. Aunque pudo recordar al pequeño amo Ra-. Dijo Mona sentándose en la cama al lado de Sansa quién parecía haberse metido en un profundo sueño nuevamente.
-¡Por Isis!, es normal que no esté bien. Recuerden que estuvo mucho tiempo dormida. Le faltan fuerzas, está débil, y el susto de la caída al agua pudo haber sido el motivo por el cual ahora tenga lagunas, y no recuerde caai nada. Confío en que recuperará la memoria en algún momento-, habló Hassa nervioso y preocupado.
Las dos mujeres se quedaron en silencio mirando a la princesa, pero sabían que Hassa podía tener razón.
-La señorita no ha tenido una vida fácil desde que la señora abandonó este mundo para unirse al reino del gran dios Osiris-, dijo Sorah quién era una señora mayor, y que había servido a la madre de Sansa desde que era niña.
Mona era un poco más joven, pero le había jurado lealtad de por vida a la madre de Sansa cuando ella le salvó de una vida de esclavitud, a la que estaba por ser destinada en aquel entonces, y tanta había sido la amabilidad de la señora que la llevó con ella y siempre la trató muy bien. Gracias a ella pudo tener una vida digna.
-ahora que la señora ya no está, es mi deber cuidar de la princesa, para agradecer la amabilidad que recibí de la señora-, pensó mientras acariciaba el cabello de la preciosa Sansa.
-me preocupa el rumor de que la señorita va a ser enviada al harén cuando se recupere. Tenemos que hacer algo al respeto, no podemos dejar que se la lleven-, Hassa, dudoso y pensativo expresó sus preocupaciones en voz alta.
Todos se quedaron en silencio pensando en la situación que tenían que enfrentar ahora por la princesa. El silencio era tal que solo se escuchaba el ronroneo de Ra cuando saltó a la cama para acariciar el rostro de Sansa con su cabeza, y después de frotarse un rato en el cuerpo de Sansa, se subió sobre el pecho de ella acurrucándose ahí.
-tenemos que conseguir un médico por ahora, para que podamos tratar a la princesa apropiadamente. Debe recuperarse lo antes posible-, dijo Sorah.
- me ocuparé de eso. Tenemos el dinero que nos dejó la señora- para la princesa. Eso nos ayudará-, dijo Hassa.
Mona y Sorah asintieron con la cabeza y Hassa salió del lugar en busca de un médico.
Senebkay quien sabía de la posibilidad de que los sirvientes busquen un médico para Sansa, había enviado a alguien de su confianza para que pudiera estar al alcance de los sirvientes de Sansa. Quería asegurarse de que ella estuviera bien.
Senebkay sabía el estado de confusión en la que se encontraba la princesa y quería ayudarla. Esta vez él quería hacer todo lo posible para evitar que se repita la historia que habían vivido anteriormente. Una vida en donde Sansa había sido enviada al harén del Rey, y quién se había obsesionado tanto con ella que un día perdiendo la cabeza y la paciencia, abusó de ella. Y desde ese día se volvió algo habitual, ignorando a todas las mujeres del harén por Sansa.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Senebkay la conoció durante una fiesta en dónde su padre, el rey de las dos tierras, el alto y bajo Egipto, había obligado a la hermosa Sansa a bailar para todos. Él notó la tristeza en los ojos de aquella hermosa mujer cuya belleza era comparable a los dioses. Mientras danzaba, los ojos de Sansa se veían sin vida.
Desde ese día él la observó, y supo de todas las barbaridades que el rey le hacía y lo que también le obligaba a hacer. Senebkay sintió pena, y se volvió natural para él observarla desde lejos, hasta que un día, durante la temporada de caza, cruzaron palabras. Desde entonces, él buscaba entablar conversación con ella todas las veces que podía tratando de que ella confiara en él.
Pasó el tiempo, y la confianza creció y Senebkay ya estaba totalmente enamorado de ella. Era la mujer de su padre, pero eso no le importaba, no lo detuvo para frecuentarla. El amor entre ellos había nacido. Sansa encontró a alguien en quien podía refugiarse de todos los maltratos y ultrajes que recibía del rey. Para Sansa, Senebkay era su pequeño secreto, su pequeña felicidad y su gota de esperanza.
Durante mucho tiempo se vieron a escondidas, hasta que el Rey descubrió lo que estaba sucediendo entre ellos y una noche cuando Sansa y Senebkay acordaron encontrarse, el rey también había aparecido con su guardia personal.
El caos había llegado para ellos, los soldados de la guardia privada del rey detuvieron a Senebkay, y ahí frente a él, tomó a Sansa a la fuerza, todas las veces que quiso y como quiso.
Sansa estaba totalmente rota por aquello, estaba avergonzada, estaba en un estado en dónde su alma parecía haber desaparecido. Y mientras el rey golpeaba a Senebkay, a su propio hijo; Sansa se había levantado como pudo, como un alma en pena, y agarrando una pequeña daga que tenía oculto y que le había regalado Senebkay, sin que nadie se percate de ella porque todos estaban concentrados en Senebkay y el rey, ella se acercó por atrás la persona que tanto daño le había hecho, y levantando la daga arriba con las dos manos, se lo clavó al rey. Ella había usado toda su fuerza para clavarle la daga en el cuello, dejando a todos sorprendidos.
Los hombres de la guardia personal del rey, reaccionaron agarrando a Sansa y trataron de ayudar al rey, quién antes de morir dio su última orden, matar a Sansa y sepultarla con él.
Senebkay se encontraba recordando aquello... Fragmentos de lo que había pasado en su vida anterior, y sintió un dolor fuerte en el pecho. Él deseaba matar a su padre ahora mismo, pero aún no podía hacerlo. Tenía que esperar el momento adecuado para eso. Sabía lo bien custodiado que estaba su padre y en estos momentos, él aún no se podía acercar a él.
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