Sansa se encontraba ahora más centrada, a cada segundo y minuto que pasaba más se convencía de que todo eso no era un sueño, y que debía relajarse para poder saber en qué situación se encontraba.
Ya se encontraba sentada, aunque le dolía el cuerpo por estar tanto tiempo inmovilizada en aquella cama. Mona ya había llegado con frutas y algo de comida y bebida.
-Vino y cerveza-, comentó viendo todo lo que estaba dispuesto en aquella mesa frente a ella. Sansa volvió a darle una mirada a todo el lugar y a las personas que tenía frente a ella. Ahora que se daba cuenta, no estaban muy tapadas, es más, tenían mucha piel expuesta... La piel bronceada, cabellos negros. Los ojos de los presentes eran de tonos marrones, color miel y negros.
De repente por la puerta entró un gato negro con ojos dorados, el pelaje era tan negro que llamaba la atención. Sus ojos dorados invitaban a mirarlos. Entró sigilosamente y llegando al lado de Sansa se subió en su regazo acurrucándose en sus brazos. Sansa sonrió al verlo y lo acarició, sin darse cuenta dijo;
-pequeño Ra, te extrañé-, al darse cuenta de sus palabras se asustó, así que sutilmente miró a las personas aún presentes en el lugar quiénes tenían una sonrisa en el rostro.
- usted pudo recordar al pequeño amo Ra-, Dijo Sorah feliz mientras en una pequeña taza que brillaba como oro depositaba comida para ofrecerle a Ra.
-o tengo dos personalidades o estoy totalmente loca-, pensó Sansa. Pero decidió olvidar aquello y pasar a las preguntas, quería interrogar a esas personas para tratar de averiguar dónde se encontraba realmente.
- ¿entonces, dicen que estamos en un lugar llamado Abys?. Y, ¿cuál es mi nombre?-, interrogó mientras agarraba unas uvas con una mano, y seguía acariciando a Ra con la otra quién estaba ronroneando, disfrutaba de ser acariciado por Sansa.
- como le dijimos señorita, usted es la hija del visir Ei, su nombre es Sansa-, respondió Hassa.
- y mi padre, ¿cómo es nuestra relación?-, indagó de nuevo. Necesitaba saber su situación dentro de la familia, eso era muy importante para entender su posición.
Mona, Sorah, y Hassa, los tres se miraron unos a otros. No sabían qué respuesta debían darle a la pequeña Sansa. Ella al notar eso, todo se volvió evidente, estaba claro que ellos no querían decir nada, y por ende supuso que no era nada bueno. Así que volvió a hablar;
- solo tienen que hablar con la verdad. Tarde o temprano me enteraré así que es mejor que ustedes me pongan al tanto de mi situación en este lugar-, dijo mientras volvía a observar todo y ahí cayó en cuenta de algo, lo que había pensado durante ese extraño sueño que tuvo antes de volver a despertar ahí nuevamente...
-este lugar en definitiva es el antiguo Egipto. Pero, es una versión mejorada y bastante mucho más mejorada de la que se da a conocer en el futuro, o mi mundo. Ya ni sé si esto es el pasado o bien otro mundo... O simplemente un sueño-, pensó muy sorprendida y aturdida por el lio mental que estaba teniendo nuevamente en su cabeza. Volvió a mirar todo en la habitación en la que se encontraba, y decidió tranquilizarse para dejar esos pensamientos de lado por ahora.
Hassa decidió hablar y contarle la situación, empezando por la madre de Sansa, quién había muerto años atrás y ahora el visir tenía una nueva esposa que ejercía mucho control sobre él. Y mucho se debía a ella que el visir evitaba e ignoraba a su hija.
Sorah tomó la palabra y le contó a Sansa que tenía una hermana y varios hermanos quiénes eran hijos de las concubinas que tuvo el visir antes de casarse con su madre, pero que todos tenian una vida cómoda en lugares diferentes dentro del imperio. Su única hermana es la hija de la nueva esposa de su padre, y es la que ocupaba la mansión principal.
Mona que escuchaba todo se atrevió a interrumpir diciendo que en muchas ocasiones tanto la madre como la hija trataron de comprarlos para poder hacerle daño a Sansa y que al no poder hacerlo, buscaban castigarlos por cualquier cosa.
Sansa sintió lástima por ellos, y a la vez se sintió agradecida al ver la sinceridad con la que esas personas la trataban.
-¿por qué nunca me di cuenta de esto?-, pensó, pero inmediatamente volvió en sí negando con la cabeza y se preguntó por qué estaba pensando aquello.
Sansa volvió a razonar con coherencia y preguntó si había algo más que debía saber. Hassa un tanto dudoso decidió hablar diciendo de nuevo;
-hay un rumor que se ha estado extendiendo, no sabemos si es verdad, pero se está hablando de que posiblemente usted pasaría a ser miembro del harem del Rey-. La preocupación y el enojo se hicieron presentes por igual en el rostro de los tres.
Sansa escupió el agua que estaba tomando al escuchar aquello. Y toda la tranquilidad que estaba procurando tener en ese momento se fue por el tubo al escuchar eso, y más al levantar su rostro para ver a sus sirvientes...
- de ninguna manera. No haré tal cosa-, dijo parándose de repente y Ra cayó al piso haciendo un ruido muy fuerte como si se estuviera quejando. Sansa por su parte al pararse así de repente, se mareó y casi se cae al suelo, si no fuera por Mona y Sorah quienes saltaron a su rescate, ella se hubiera caído y golpeado la cabeza con un mueble que había ceeca.
-Hassa, dime que lo que acabas de decir son solo rumores-, había vuelto a hablar ella con un tono que parecía estar rogando que le afirme que es asi, que son solo rumores infundados.
-no lo sabemos. Pero es lo que dijo la doncella de la esposa de tu padre-, afirmó Hassa.
-cuando el río se inquieta, aguas trae. No me sorprendería que sea verdad. ¿Cuántos años tiene el rey y, cuántas mujeres tiene?-, Sansa dudó un poco al hacer la última pregunta.
Hassa suspiró y dijo,
- el rey tiene 40 años, y 15 esposas, bueno todas son concubinas-, fue su respuesta reposando la mirada en el suelo al decir aquello.
Sansa abrió los ojos y sintió pánico, y al mismo tiempo todo le empezó a dar vueltas, pero se las arregló para preguntar sobre su propia edad, y Hassa le respondió que tenía 17 años. Y al escuchar eso, todo se puso negro y cayó al suelo, pero antes de que se pudiera golpear con algo, Mona y Sorah ya la tenían agarrada evitando que ella se pudiera lastimar.
Los tres fieles sirvientes de Sansa se asustaron, la llevaron a la cama y se aseguraron de que no estuviera muerta o algo así. Ninguno de ellos podría perdonarse a sí mismos si algo peor le sucediera a la señorita Sansa.
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Comments
hadasa
vive desmayada 🥴
2025-01-24
2
ljp
Recordó al gato 🐈⬛
2024-05-18
11
Lucia Rosalba Garcia Mercado
pero porque ella no tiene recuedos?
2024-05-08
1