En este proceso pasó casi un año, Ana logró sobrevivir con lo poco que obtuvo de los
hombres que mostraban interés en ella, al cumplir 20 años, seguía buscando sin
suerte al hombre que la sacara de la pobreza. Un buen día, la mesera de uno de
los antros que frecuentaba, con quién había entablado cierta amistad, le habló
del joven empresario Ricardo Vera, dueño de su propia y exitosa compañía,
además del único heredero y actual administrador de una cadena de discotecas
bodegones y otros. Ana se emocionó ante la mención del magnate empresarial,
estaba segura de que ese era el hombre que estaba esperando; el problema
radicaba en que la joven mesera nunca lo había visto, sabía de él por medio de
conversaciones que había escuchado de los clientes, creía que era joven, mas
no sabía su edad exacta, no obstante, escucho el nombre del local de su propiedad que
más frecuentaba, también escucho que es muy reservado en su vida
personal, no se le conoce pareja, aunque en ocasiones sale de su oficina a
compartir con los clientes VIP.
Ana resolvió empezar a asistir a dicho local; poco a poco se hizo amiga del
barman, por supuesto, le coqueteo un poco para obtener información, pero el
hombre la veía como una niña algo ingenua; tenía años en ese trabajo y había
visto de todo, sabía que la joven no iba a durar mucho en este ambiente, antes
de que los leones la vieran como una presa. Una noche un par de meses después
Ana se animó, creyendo que ya se había ganado la confianza del experimentado barman,
le pregunto por el dueño de la discoteca, el hombre notando sus evidentes intenciones
le sonrió con desdén y señaló una mesa en la sala VIP donde se encontraban tres hombres.
— Es el de negro— dijo, hizo pausa al ver el rostro de Ana iluminarse, le advirtió—; no
te hagas muchas ilusiones, jamás sale con nadie de aquí, según los rumores está
enamorado de una misteriosa mujer y no tiene ojos para nadie más.
Dicho esto el hombre continuó con su trabajo, Ana observó atentamente la mesa, habían
dos hombres de negro, ella supuso que era el que estaba de frente, pensó, «no
puedo creer mi suerte, además de millonario también es guapo y joven» calculo
que tenía unos 30 años.
Pasaron los días, Ana hizo lo posible por llamar la atención del hombre desde la
distancia, un par de semanas después su esfuerzo dio frutos cuando una mesera se
acercó a ella; amablemente la invitó a unirse a la mesa del hombre en la sala VIP;
Ana se acercó y sin dejarlo hablar se presentó.
— Hola Ricardo, un placer soy Ana— dijo con una sonrisa coqueta.
El rostro del joven se tornó serio por un minuto, luego sonrió seductoramente.
— Un placer preciosa, Ricardo Vera, aunque por lo que veo ya sabes quién soy.
— Bueno, ¿cómo podría no saberlo? La verdad, frecuento este lugar solo para verte— dijo
sentándose a su lado.
Pasaron la noche coqueteando y la finalizaron intercambiando algunos besos y sus
respectivos números de teléfono; Ana estaba dichosa, pensó que había ganado
el premio gordo. Al día siguiente el hombre la llamó, acordaron una cita y pronto
se veían a diario, salían a cenar y bailar, el joven le daba regalos y parecía estar
atento a sus necesidades.
Siendo Ana una joven preciosa, el hombre estaba más que entusiasmado,
su deseo aumentó al enterarse de que era virgen, eso lo enloqueció; aumentó
su táctica de seducción, poco a poco la fue trabajando en ella hasta convencerla
de ir a un hotel, si bien Ana esperaba una noche romántica, estaba muy equivocada, el
hombre fue directo al grano dejando de lado la delicadeza o cualquier tipo de
calentamiento previo, fue brusco e hizo con ella todo lo que se le pasó por la
cabeza, la sometió a su antojo guiado por la lujuria y el deseo.
Ana se entregó por completo a él, no solo por dinero o los beneficios que podría
obtener, en realidad lo hizo de corazón, se enamorado como una adolescente de
aquel hombre. Sintió mucho dolor por la bestialidad con que la tomo, sin
embargo, le restó importancia, pensó que era normal, había escuchado de su
amiga Carla que la primera vez era dolorosa. Las noches en hoteles se
repitieron por alguno tiempo, el trato era igual, en ocasiones incluso más
violento, Ana lo justificaba para sí misma diciéndose que él se dejaba llevar
por la pasión, dejando de lado la manera tan brutal que tenía aquel hombre de
poseerla.
Un dia el hombre desaparecido sin ninguna explicación, solo entonces ella se dio
cuenta de que no sabía nada de él, no sabía dónde vivía, no conocía a sus amigos
o familia, sin tener más opción fue a la discoteca a buscarlo, al no encontrarlo preguntó
a una de las meseras por el dueño, está le dijo que se acababa de casar, a esta hora
estaría en camino a su luna de miel.
Ana sintió que el mundo se le venía encima y su corazón se le rompió, fue al baño
donde lloro y maldijo mil veces antes de lavarse la cara y calmarse lo suficiente para
salir del local, sin embargo; al acercarse a la salida vio un grupo de hombres
entrando al local, entre ellos estaba el joven a quien ella conocía como
Ricardo, se acercó y sin pensarlo le dio una cachetada, él la sujeto furioso
evitando que le diera otro golpe la subió en su hombre como si se tratara de un
bulto de papas y la sacó de la discoteca mientras ella le daba golpes en su
espalda pidiendo que la bajara. Una vez fuera, el joven la liberó, después de escuchar
un par de insultos en medio de gritos logro entender la situación, sin ninguna ceremonia le confesó:
— Lo siento por bajarte de la nueve— dijo poniendo sus manos frente a él,
mostrándole las palmas defendiéndose y a la vez deteniendola en caso de
que intentara golpearlo de nuevo—; yo no soy Ricardo Vera, aquella noche
solo te siguió la corriente— bajo las manos al ver que ella ya no era agresiva
solo se veía confundida—, te mande a llamar con la mesera porque siempre que
te veía estabas mirándome fijamente, cuando me llamaste Ricardo sin ni siquiera
dejarme hablar te segui la corriente, al principio fue solo un juego, sin embargo,
me gustabas y nunca te dijo la verdad por temor a que me dejaras—hablo muy
convincentemente haciendo todos los gestos correctos de un hombre arrepentido.
— Entonces, ¿quién eres?— pregunto aun confundida, el hombre sonrió.
— me presentó, soy Roger Velázquez. un placer hermosa.
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Comments
Liliana García
No sé porqué rogar por algo que a él no le nace!
2024-01-13
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Liliana García
Ya no me gustó la actitud de ella
2024-01-13
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