__El día está muy bueno para salir a pescar ¿no cree?.__Le preguntó el doctor a don Camilo.
El anciano se limitó a asentir y nada más.
Marina se quedó dormida , su noche no fue nada agradable.
__Abuelo, buenos días.__Saludó.__Me voy, voy muy tarde a la escuela y hoy tengo mis últimas clases.
Tomó fruta y algunas galletas, ignorando por completo al doctor que estaba desayunando en silencio.
__Si Marina, está bien, hija no olvides que tienes que ir a ver a la costurera por lo de tu vestido, ayer me olvidé de decirte.
__Si abuelito, yo pasaré después de clases.
El doctor se levantó de su lugar, pero antes de decir alguna palabra, entró Meridia.
Su torrente sanguíneo y su mente, le advirtió de una extraña presencia, un aura muy parecida a la suya.
__¡¡Marinaaaaaaaa!!, eres una inconciente, es tardísimo, ese tonto de José nos va a reportar, corre vamos con una hora de retraso...
Meridia vió a el hombre.
__Niñas , niñas, calma, Meri, te presento al nuevo doctor que va a atender el dispensario.
__Mucho gusto, Luis Galindo.
Meridia todavía podía leer las mentes, manipular los estados de ánimo y su sangre era capaz de reconocer a otro de la misma especie.
No le dio la mano, pues en cuanto entrara en contacto con la piel del hombre, sabría que ella no era humana.
__Mucho gusto, ¡¡corre Violeta!!.__Y salió rápidamente, casi tropezando.
Marina también salió corriendo, el doctor le provocaba tantas cosas juntas , lo mejor era no estar cerca.
Pero él tenía planes diferentes.
__¡¡Chicas, yo las llevo!!.
Meridia jaló rápido a Marina.
__No, gracias, nos vamos a pie.__Le contestó.
__Corre, el no me da buena vibra.__Le susurró a Marina.
Fue un momento de presión. Luis dejó que se fueran.
__¡¡Ya te tengo!!.__Dijo para si mismo, mientras veía las espaldas de las chicas.
La tarde trajo un norte como pocos, los vientos eran probablemente más fuertes que los últimos y dejaban a su paso una cantidad de árboles caídos.
Marina volvió y se aseguró de poner a salvo a todos los animalitos que encontró en el camino.
__¡¡Tienen que resguardarse, esta vez va a ser muy fuerte!!.__Les gritó a sus vecinos.
__Pongan madera en sus ventanas, salgan del cauce y vayan al refugio.__Dijo Meridia.
Ambas se separaron, cada una a su propia casa.
Marina llegó empapada, su cabello tenía pequeños hilos de color azul, que no eran visibles para las personas comunes.
Desde la casa de huéspedes, Luis olió su aroma, era igual a los cofres de flores que su madre tenía en sus habitaciones, jazmín y fresias.
Si ella era una humana, era la humana perfecta, pero para él, era solo una pieza elemental en su plan.
Ella se salió del baño, ya seca y con ropa para dormir, era ya de noche, la luz se fue , dejando toda la casa en completa oscuridad.
__¡¡Marina, baja por velas niña!!.__Le gritó don Camilo.
No iba a hacer eso, le tenía miedo a la oscuridad y odiaba el ruido de la lámpara de petróleo que tenía su abuelo, el olor le hacía vomitar.
__Estoy bien abuelo, gracias.
Y se acurrucó entre sus sábanas.
La tormenta arreció, los vientos tiraban árboles como si de plumas se tratara.
Ezra se escondió detrás de la pecera en forma de submarino que Marina tenía en su habitación, su piel se hizo translúcida.
Escuchó su acelerado corazón, tenía miedo y de pronto sintió una necesidad de protegerla, deseaba entrar en su cama y arroparla con su propio cuerpo.
Negó violentamente, al mismo tiempo cayó un rayo en el patio, partiendo a la mitad el árbol de mango.
Marina salió de la cama, con solo un vestido muy corto y su cabello alborotado.
Ezra sintió que su cuerpo le reclamó, su hombría en particular, en el cuerpo humano el podía tener y sentir todo lo que su cuerpo de tritón no, gracias a la maldición de Celine.
Don Camilo alumbró con su lámpara.
La lluvia era muy fuerte, Marina vió por la ventana que una familia de loros quedaron a la intemperie luego de que el gran árbol cayera.
Se puso un abrigo y bajó rápidamente, sabía que esos animales morirían si los dejaba ahí, así que son pensarlo salió a rescatarlos.
__¡¡¡Jesús bendito, Marinaaaaaaaa!!!, está tronando niñaaaaa.
Don Camilo solo veía como su niña se salió a el patio con tremenda tormenta.
Marina tenía claro que ningún rayo la alcanzaría, por eso y por qué su intuición le dijo que aún en la lluvia ella no corría peligro alguno.
__¿Por qué te arriesgas así Marina, no temes a la tormenta?.__La regañó su abuelo.
__Usted sabe que puedo predecir ciertas cosas, supe que nada me va a pasar abuelo, en cambio a ellos si que les iría mal si no los rescataba.
Don Camilo se puso serio.
__No menciones eso, nunca más Marina.
Ezra vió todo desde la ventana, de pronto su cabeza le avisó que tenía una visita nada agradable, se sumergió en la feroz corriente de un río que desemboca en el Pacífico.
Llegó muy rápido, las corrientes de agua le favorecieron.
__¿No te cansas de esto, hasta cuándo vas a dejarnos sin protección?.__Le reclamó Zahida, lanzando un racimo de rayos hasta el.
__¿Tu estás provocando el Norte?, debí saberlo, te quejas de los sucios humanos, pero te beneficias de sus muertos.
__Contesta mi pregunta...__Dijo apretando los dientes.
__Cuida tus palabras Zahida, soy el rey de Tritonia...
__¡¡¡Aghhhhhhhh, maldita seaaaaaa!!!, no eres un rey, tu gente está siendo llevada a Dercetia, acaban de destruir una aldea y se llevaron a nuestras hermanas...¿cómo esperas que te considere mi rey?, eres solo un maldito fenómeno, un híbrido con sangre real y nada más.
Ezra lanzó un remolino de agua y piedras a su hermana. Pero uno de sus guardias la logró quitar del punto.
__Ahora mismo, esas sirenas están en las grutas de Perséfone, ¿no lo sabías?, las rescataron antes de que el inepto de tu primo siquiera las pudiera ver, largo de aquí Zahida, haré de cuenta que esta falta no ocurrió, pero si te atreves a volver a la superficie, te voy a enseñar a respetar mi corona, ¿entendido?...__Zahida muy a su pesar se hundió en las furiosas aguas.
Ezra llamó a los guardias.
__Que no salga en tres noches, que la encierren en las calderas.
No podía haber un castigo peor que las calderas, las sirenas odiaban el calor.
Ezra volvió al pueblo, muy cansado, nadar en agua dulce no era agradable y le consumía mucha energía.
La tormenta se había acabado, al amanecer se vió todo el desastre que causó. En las noticias se habló de pescadores desaparecidos, decían que fue un Norte fuera de tiempo y que fue de los más fuertes en treinta años.
Marina salió a los rayos del sol, poniendo a la familia de loros para que el calor les secara sus plumas, recogió todas las ramas que el viento tiró.
__Te gustan los animales, veo que rescataste a esos pequeños...__Se acercó a Marina, ayudándole a recoger las ramas.
__Son seres vivos, ellos también sufren con estas tormentas tan fuertes.
__Que pena por el árbol, ahora quedó un espacio vacío...
Don Camilo llegó con algunos amigos, entre ellos el padre de Meridia. Todos traían herramienta, comida , bebidas, todos estaban ayudando.
__Doctor, que pesar que le tocó esto , caray, ojalá y no quiera irse, los nortes no siempre son así de violentos, los dioses se deben haber molestado con nosotros.
__No iré a ninguna parte, me gusta mucho esta tierra.__No supo que más decir.
De pronto se vió rodeado de humanos que no eran monstruos, el asesino de su padre lloraba al ver la casa de su vecina en ruinas, todos ellos se reunieron a dar gracias por los alimentos, le pidieron a un Dios llamado Tlaloc, que ya no fuera más rudo con la tierra, entre todos limpiaron la comunidad.
¿Y si los humanos no son como se dice que son?, quizá cambiaron con el tiempo.
Fijó su vista en Marina, ella tenía ese raro color de cabello, al sol se podía ver esos mechones azules.
Un humano se le acercó, demasiado, sintió un nuevo sentimiento, ¿que era?, no lo sabía , pero le provocó enojo.
Marina abrazó a Miguel, su amigo desde que ella tenía Memoria , estaba muy triste, pues su padre y su tío habían desaparecido con la tormenta.
Miguel lloró sobre sus hombros, sintió la mirada del doctor e instintivamente volteó, para encontrarse con la mirada asesina de el mismísimo rey del océano más grande del planeta.
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