Emily negó con la cabeza, sintiendo el cuerpo pesado de Aziel, sobre el suyo.
—Así nadie va a dudar de este matrimonio. —Puso su frente sobre la de ella.
—¡No! —exclamó la joven, escapando de su agarre.
Aziel la miró con molestia, y dijo:
—Te ayudé a salir de ese maldito prostíbulo, pagué todo lo necesario para lidiar con el problema de salud de tu abuela, ¿y de qué sirvió?
—Yo no he dicho nada —aseguró Emily con el cabello alborotado por el forcejeo.
—Me has clavado un puñal en la espalda. ¿Tienes idea de que va a pasar con el imperio Rinaldi si descubren que he mentido?
Ella negó con la cabeza.
—Lo perderé todo y gracias a ti —masculló él.
—¡Yo no le dije a nadie, en serio! —aseguró Emily.
—¡Cállate! Deja ya de mentir, maldita sea, de verdad crees que seguiré creyendo en tu carita de mosca muerta. Me has demostrado que no eres más que una mocosa imbécil —escupió él.
—¡Usted está loco! —gritó ella entre lágrimas.
—Contigo termino de darme cuenta de que todas las mujeres son iguales.
—¡No entiende que yo no dije nada! —escupió. Luego a su mente llegó el recuerdo de lo que había platicado con Kenia, pero no, ella no podría traicionarla, se suponía que eran amigas.
—¡Eres una mentirosa! Has roto el trato, ahora exijo que me pagues todo lo que he gastado en tu abuela —dijo él, sintiendo que las vena en su frente iba a explotar.
Emily agachó la cabeza, había metido la pata.
—Yo…
—Vas a pagarme o prefieres que te lleve al cochino burdel —amenazó él.
—Como quiera —dijo ella, sí cometió un error, pero no era para que ese tipo la tratara así.
—Bien, págame entonces. Quiero ver.
—Pues, cóbrese —soltó ella—. Si dice que me llevará al burdel, hágalo usted, es igual de asqueroso que los tipos de ese lugar.
Aziel la miró con atención, luego se comenzó a desabrochar la camisa.
Emily se arrepintió de sus palabras.
—Mire, yo ya me voy a mi casa —dijo, sin saber cómo zafarse de eso.
Aziel se acercó a ella.
—Tratas de aparentar que eres una mojigata; pero muy dentro de ti sé que quieres esto tanto como yo —habló Aziel de forma pausada. Después estampó sus labios contra los de Emily sin dejar siquiera que la chica entendiera lo que estaba pasando.
Ella lo mordió con fuerza, al separarse con brusquedad, creyó que el hombre le daría una cachetada, pero no fue así.
»Quiero que salgas y traigas mi dinero, si no tu abuela lo va a pagar.
Ella asintió con la cabeza, salió deprisa de la habitación ¿Qué se suponía que iba a hacer ahora? Justo cuando estaba a punto de irse por la puerta principal, Aitana la detuvo. Emily se acurrucó en sus brazos.
—Tranquila —susurró la anciana, guiando a la muchacha hasta su cuarto.
—¿Qué voy a hacer? —preguntó con las manos temblorosas, sentada en la cama de la mujer.
—Esperaremos a qué se le pase el coraje.
—Él me desechó, ¿Acaso no escuchó sus gritos?
—Usted es su esposa, ante la sociedad, ante las leyes, y ante el señor Arce.
—¿Qué tiene que ver el señor Arce? —preguntó ahora más confundida que antes.
—Es el encargado de cumplir el testamento del señor Edson al pie de la letra, eso lo convierte en el dolor de cabeza del joven Aziel, ha dudado de la veracidad de su matrimonio desde antes de conocerla.
—¿Y qué tengo que hacer ahora?
—Esperar, el joven no la va a correr, así como así, él saldría perdiendo más que usted.
Emily dejó escapar una bocanada de aire. Lo que más miedo le daba es que sí había contado el secreto de su matrimonio falso.
»No va a pasar nada malo, si el señor tuviera intenciones de lastimarla, ya lo hubiera hecho.
—¡Eso sí que es un consuelo!—respondió ella sin pensar, poniendo los ojos en blanco.
—Por ese tipo de comentarios es que se mete en tantos problemas —regañó Aitana.
—Lo siento. —La chica miró sus manos, todavía estaban temblando.
—Voy a hacer más deberes, señora, en un par de horas volveré por si necesita algo —informó la mujer, se acomodó el delantal, y luego salió del cuarto.
Mientras tanto, Emily se recostó en la cama, cerró los ojos, deseando aparecer en su casa, quería que todo eso no se tratara más que de una pesadilla; pero al abrirlos se encontró con la habitación de Aitana.
Aziel estaba en su cuarto con cientos de cosas en la mente, ese asunto de Kenia y la discusión que tuvo con su esposa lo tenía muy mal. Abrió una de las tantas botellas de licor que guardaba en su habitación y comenzó a tomar.
Después de un rato, el joven Rinaldi no pudo más con su dolor de cabeza y decidió salir de su casa, necesitaba platicar con alguien, sacar todo el caos en su mente. Optó por marcarle a su mejor amigo, Marco.
Se quedaron de ver de nuevo en el bar de siempre.
En cuanto Aziel llegó, y Marco posó sus ojos en él, se dio cuenta de que el tipo estaba muy mal.
—¿Viste un muerto?
—Algo así —confesó Aziel—. Digamos que la tragedia me persigue.
—¿Qué? —Marco no podía creer que su amigo estuviera ya entrado en copas, sin duda eso ya era un problema en él.
—La maldita de Kenia sabe que mi matrimonio es falso, ¿te imaginas qué hará el “encargado” si se entera de eso?
—¿Qué no hará?, sería una mejor pregunta —respondió Marco frunciendo el ceño.
Un incómodo silencio se apoderó del lugar.
—Todo se está yendo a la mierda.
Marco empezó a analizar la situación y tratar de intuir qué es lo que buscaba Kenia. Lo último de lo que se enteró es que se había adueñado del imperio de su esposo.
—Tal vez está tratando de conseguir más poder. Supe que su marido enfermó y ella es la que se hace cargo de todo. Quizá te busque con la intención de obtener una alianza, aún hay zonas donde dominan otros líderes. Kenia es astuta y sabe que para lograr sus objetivos no lo puede hacer sola.
—Es una maldita arpía, te apuesto lo que sea a qué ha estado envenenando al marido —soltó Aziel.
—Lo más probable.
—Ahora quiero otro trago y olvidarme de todo esto por un rato. —Aziel se masajeó la sien.
—No —dijo Marco—, no estás para otro trago, debes estar sobrio, tienes muchos problemas que arreglar.
—Tú no me mandas —soltó Aziel.
—No, pero soy tu amigo y sabes que quiero que todo te salga bien. Si sigues con esta actitud, el “encargado” te va a quitar hasta los zapatos que calzas.
Aziel estaba un poco tomado, más no era un tonto, sabía que cualquier paso en falso y el imperio sería de otro hombre, uno que, según Arce, si pudiera llevar las cosas como era debido.
—Bien —dijo.
—Vamos a mi casa a qué te despejes un poco. —Marco se levantó de su asiento.
Aziel no tuvo de otra que seguir a su amigo.
…
Cuando llegaron a la casa de Marco, Aziel se recostó en el sofá y se quedó dormido. Un par de horas más tarde, despertó.
Marco le sirvió un poco de té y esperó a que Aziel comenzara a hablar.
—Me voy a reunir con Kenia —soltó.
—¿Estás seguro de eso? —cuestionó Marco. Sabiendo que ella era el talón de Aquiles de Aziel.
—Sí. No sé qué es lo que quiere, pero lo voy a averiguar y la haré caer en su propio juego.
—Ten mucho cuidado —pidió Marco—, ella sabe muy bien cómo manipular.
—Lo sé; pero no me queda de otra, tengo que evitar a toda costa que se le afloje la lengua.
—¿Qué harás con tu esposa? —quiso saber Marco.
Aziel exhaló con pesadez.
—No sé.
Marco miró la confusión en los ojos de su amigo.
—Arce la conoce, Aziel, no puedes solo deshacerte de ella.
—Lo sé.
Ninguno agregó otro comentario.
Al paso de media hora, Aziel se fue a su casa, tenía cosas que planear, Kenia ya le había visto la cara una vez y no dejaría que eso volviera a pasar, en esta ocasión él sería el que tomaría el control de la situación. Si ella creía que lo tenía comiendo de su mano, estaba muy equivocada.
Cuando subió las escaleras para llegar a su habitación se encontró con Aitana y Rinaldi se atrevió a preguntarle por Emily.
—Está en mi cuarto.
Aziel decidió no tomarle mucha importancia a eso, así que se fue a su habitación para seguir perfeccionando las estrategias que tenía en contra de Kenia. Aunque de vez en cuando el rostro de Emily, volvía aparecer en su mente, recordaba lo tonta que era, sus labios y lo hermosa que se veía sonrojada, lo dulce de su voz, incluso tratando de sonar amenazante. Rinaldi negó con la cabeza, había jurado nunca volver a sentir algo por una mujer. Además, Emily le juró que no dijo nada, pero era más que obvio que de alguien debió salir esa información y dudaba más de ella que de cualquier empleado que estuviera a su mando, así que la respondona, dulce y tierna Emily, también era una gran bocona.
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Comments
Diana Quintero
aparte es una mentirosa, le contó todo a Kenia y le dice Aziel que no, Aziel debería darle para que aprenda, a no decirle mentiras, el hace todo por ella y cada vez la embarra más y más 😡😡😡😡
2024-07-05
2
Adriana Sanchez
Es muy blando y tonto, debió averiguar todo del trabajo de Emily, ya me autora la Emily por buta
2024-07-04
0
Maria Jose Ruiz
El cerebro fracturado de Emily se tendría que llamar la novela. Que protagonista tan tonta!!!.. Me saca de quicio...
2024-06-22
1