Había pasado una semana desde que Aziel y Emily habían arreglado su situación. Seguía dominando su carácter volátil, pero se esforzaba por no lastimarla.
Esa mañana, Emily haría una petición casi suicida.
—Necesito regresar a la agencia —pidió con voz suave.
—No —dijo Aziel, sin mirarla.
—Por favor, creí que todo esto estaba mejorando.
—Sí, pero no podemos negar que se filtró una información muy importante y dudo que algún trabajador mío tenga la lengua tan suelta.
—No diré nada, me seguiré portando bien —aseguró sintiéndose como un cachorrito recién salido de su escuela de entrenamiento.
—¿Por qué quieres trabajar?
—Necesito dinero
—¿Cuánto?
—No, no necesito su dinero. Necesito un trabajo que pueda hacer cuando esto termine.
—Sal conmigo.
—¿Perdón? —dijo sin entender a lo que se refería.
—Tengamos una cita y volverás a la agencia —prometió.
La propuesta de Aziel dejó a Emily en shock. Una cita no era algo que hubiera esperado, especialmente no como una condición para retomar su trabajo. Se preguntaba qué tendría en mente, pero la posibilidad de volver a la agencia y retomar una especie de normalidad la llenaba de esperanza.
—Está bien, acepto —dijo finalmente, con un ligero temblor en la voz.
Aziel le dedicó una de esas raras sonrisas que parecían suavizar su rostro endurecido por años de desconfianza y secretos.
—Perfecto, prepárate. Pasaré por ti a las siete —anunció antes de levantarse del comedor, dejando a Emily sola con sus pensamientos y dudas.
La idea de una cita la inquietaba y emocionaba a partes iguales. No sabía cómo actuar, qué ponerse, o incluso, qué esperar de Aziel fuera del contexto de su compleja relación. Decidió que lo mejor sería prepararse como para cualquier otra ocasión especial, con la esperanza de que la noche le ofreciera más respuestas que preguntas.
La tarde pasó en un abrir y cerrar de ojos para Emily, quien por matar el tiempo se había sumergido en la lectura de un libro que encontró en la vasta biblioteca de la mansión Rinaldi, como título: El amante de lady Chatterley.
“Se sentía débil e infinitamente abandonada. Deseaba que algo viniera de fuera en su ayuda. Ayuda que de modo ninguno se presentaba. La sociedad era horrible porque estaba loca. La sociedad civilizada es un despropósito. El dinero y el llamado amor son sus dos grandes manías; con el dinero muy a la cabeza. En su inconexa locura el individuo se identifica a sí mismo de esas dos formas: dinero y amor”.
Entre las páginas el tiempo parecía volar, y antes de darse cuenta, el reloj marcaba las siete menos cuarto. Distraída por las tramas y personajes, no había notado cómo las horas se deslizaban entre sus dedos como granos de arena. Era una rareza disfrutar de un momento de calma y excitación, dada la tensión constante y la incertidumbre que habían marcado los últimos días en la mansión. Sin embargo, esa tranquilidad estaba a punto de ser interrumpida por la inminente cita con Aziel, algo que Emily había ignorado. Ahora, con el tiempo avanzando inexorablemente hacia su compromiso, no podía evitar sentir un revoltijo de emociones: anticipación, nerviosismo, y una curiosidad ineludible sobre lo que la noche le depararía. Se puso un vestido azul turquesa con hombros descubiertos y tacones bajos.
Bajó las escaleras, encontrando a Aziel esperándola en la sala. Su aspecto era el de siempre, elegante y controlado, pero había algo diferente en su postura, un tipo de expectativa que ella no le había visto antes.
—Te ves hermosa —fue lo primero que dijo Aziel al verla, y por un momento, Emily pudo ver algo parecido a la vulnerabilidad en sus ojos.
La cita transcurrió de una manera que Emily nunca hubiera esperado. Aziel la llevó a un pequeño restaurante que parecía sacado de una postal, con una atmósfera íntima y acogedora. La conversación fluyó más fácil de lo que ella hubiera imaginado, tocando temas triviales, evitando los que pudieran llevar a discusiones o malentendidos. Por un momento, pudo olvidar la complejidad de su relación, permitiéndose disfrutar de la compañía del otro.
Al regresar a casa, Emily se sintió confundida pero feliz. La noche había superado sus expectativas, mostrándole un lado de Aziel que no conocía. Aun así, no podía dejar de preguntarse qué significaría esto. ¿Era simplemente un gesto amable, o había algo más en la decisión de Aziel de llevarla a una cita?
—Gracias por esta noche —dijo al bajarse del auto, buscando en los ojos de Aziel alguna pista de sus pensamientos.
Los guardias bajaban de sus autos, regresando a la realidad de su posición.
—No hay de qué. Recuerda, mañana puedes volver a la agencia —respondió él, dándole una última mirada antes de entrar a la casa.
Emily se quedó un momento afuera, contemplando la noche estrellada.
Minutos después de regresar a casa, el aire aún vibraba con el eco de la velada pasada. Aitana, siempre atenta y observadora, interceptó a Emily con una notificación discreta pero cargada de significado:
—El señor está en su despacho.
Emily conocía bien el subtexto de esas palabras; era un presagio de una noche larga y solitaria para Aziel, posiblemente ahogando sus frustraciones o pensamientos en el alcohol.
Sin esperar más, Emily asintió con una mezcla de decepción y resignación, subiendo a su habitación. Había creído, quizás con un toque de ingenuidad, que su cita había marcado un cambio positivo, que había habido un momento de conexión real entre ellos, más allá de su rara relación. Pero la breve advertencia de Aitana le recordó la realidad de su situación.
Una vez en su cuarto, el silencio la envolvía como un manto. Se paró frente al espejo, despojándose lentamente del maquillaje que aplicó con tanto cuidado horas antes. Bajo la luz tenue, su reflejo le devolvía la mirada, una mezcla de tristeza y determinación en sus ojos. "¿Qué estoy haciendo aquí?" se preguntó, pero la respuesta se perdía en el vacío de la habitación.
Tomó su teléfono con una decisión renovada. A pesar de la montaña rusa de emociones que había sido esa noche, no podía permitirse quedar atrapada en la órbita de Aziel. Tenía planes, sueños, un futuro que construir lejos de las sombras de esa mansión. Con un mensaje conciso y directo, confirmó a la encargada de la agencia de modelaje su asistencia para el día siguiente.
Una vez enviado el mensaje, se recostó en la cama, mirando el techo en la oscuridad. La decisión estaba tomada, y con ella, una especie de paz. Mañana sería un nuevo día, un paso más hacia la vida que deseaba forjar para sí misma.
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Comments
Mayvelin Cuicas
que bueno que regresaste
2024-02-14
9