—¿Dónde estás? —se atrevió a preguntar él.
—Tendrás que adivinar —respondió ella y cortó la llamada.
Aziel estaba furioso, se despegó el móvil de la oreja y lo aventó contra el piso, haciendo que el aparato se despedazara en el suelo.
Enseguida mandó a llamar a sus mejores hombres, y un infiltrado le dio la dirección exacta de dónde estaba Emily.
—Si me estás jugando sucio, espero te atengas a las consecuencias —amenazó Aziel a su informante.
—Se lo juro, señor —reiteró el sujeto.
Aziel preparó sus armas, y junto a sus lacayos fue en helicóptero, hasta el lugar en donde tenían secuestrada a Emily.
El infiltrado les dijo qué camino debían tomar y les especificó con lujo de detalle el paradero de la señora. Cuando llegó, no aguantó el coraje y le disparó al tipo que estaba custodiando a su mujer.
La esposa de Rinaldi se estremeció por los gritos de clemencia que dio su cuidador antes de morir.
Aziel le quitó la venda a su mujer. Al principio tenía miedo, creyendo que alguno de los hombres intentaría propasarse con ella, pero cuando vio que se trataba de su esposo lo abrazó con fuerza.
—Tengo mucho miedo —confesó entre sollozos—. ¡Debemos irnos, estos tipos son peligrosos!
Él guardó su arma para poder acunar las mejillas de la joven con sus dos manos.
—Todo está bien —dijo, sintiendo como el cuerpo de Emily temblaba por el miedo.
—Dicen que son mafiosos —confesó la muchacha—, que tienen cosas que arreglar contigo.
—Tranquila, vamos a casa —dijo él.
Aziel y Emily subieron al helicóptero.
Entonces, la chica reparó en las armas que tenían todos los guardias, en primera instancia pensó que se trataba de policías que fueron a su rescate, pero no, no eran oficiales.
«Si no fuera porque tu esposo es uno de los grandes, nos la pasaríamos muy bien», había dicho el tipo que la tenía cautiva.
Ella intuyó que se refería a que era un hombre con mucho dinero, pero ahora que lo analizaba mejor, quizá, el secuestrador insinuó otra cosa.
Al llegar a casa, Aziel no pudo contener más su enojo y explotó en contra de su esposa:
—¿Por qué saliste sin mi permiso?
Ella agachó la cabeza.
—Yo quería ver a mi abuela, eso fue lo que usted me prometió.
—Nunca vuelvas a hacerlo.
—¿Por qué? —quiso saber ella.
—¿Eres tonta? —cuestionó él—. No te das cuenta de que estuviste a punto de ser asesinada por uno de mis enemigos.
—¿Enemigos? —interrogó—, ¿qué es usted?
—Digamos que tengo unos negocios no muy legales, pero ese no es tu asunto —dijo—. Ahora no saldrás a ningún lado, ¿entendiste?
—No, eso no es justo —objetó ella—. Yo cumplí mi parte.
—Eres tan terca, ¿acaso querías morir a manos de esos mal nacidos?
—No, claro que no, pero no me puede encerrar, me dijo que yo podía ver a mi abuela, siempre y cuando cumpliera lo de la boda.
—No. Ahora las reglas cambian.
—Eso no es justo, si no me deja salir, llamaré a la policía y lo acusaré.
—Ja, Ja, Ja —se burló él—. Tú no tienes idea de quién soy. Así que obedece, o tendré que amarrarte a la cama.
—No —dijo. Por dentro se sentía aterrada, pues ese tipo era más peligroso de lo que imaginó.
Aziel se inclinó hacia ella, rozando su nariz con la de la chica.
El corazón de la joven se aceleró..
—No quiero mostrarte mi lado malo —dijo él.
Se supone que la estaba amenazando y no entendía por qué le temblaron las piernas y sobre todo sentía un raro cosquilleo en el vientre.
—Usted me dijo que sí lo obedecía, obtendría mi libertad —le recordó, luego de recobrar la compostura.
Aziel se apartó de ella, tenía tantas ganas de abofetearla, era como un animal no domesticado y eso le frustraba, aún así logró contenerse.
—Si eso es lo que quieres, eso tendrás, ahora es una orden, te mantendré encerrada aquí —dijo. Para luego salir de la habitación.
En la sala, amenazó a sus hombres con cuidar a su esposa y no dejar que se fuera de nuevo.
—Cualquiera que no acate mis reglas, lo mataré —les dijo con firmeza y se fue de allí.
…
Días posteriores, Emily trató de llegar a un acuerdo, pero todos sus intentos fueron en vano.
En una ocasión, Aitana le fue a dejar la comida, y allí se atrevió a preguntar sobre los negocios ilegales de su esposo.
—Nadie tiene permitido hablar de eso —dijo la mujer, pero en su lengua sentía esa comezón por contar más de la cuenta—. Aunque usted es la señora…
Emily asintió con la cabeza.
—Dígame lo que sabe —pidió la joven.
En ese momento, Aitana fijó su mirada a la puerta, después volvió su vista a Emily y dijo:
—Los Rinaldi son más que solo empresarios, ellos son una mafia —explicó la mujer en voz baja.
Emily sintió un hormigueo por todo su cuerpo.
—¿Son asesinos? —preguntó en un hilo de voz.
Aitana miró el angustiado rostro de la joven, y se arrepintió de haber contado esas cosas.
—Tengo pendientes que hacer, con su permiso, señora —dijo y salió del cuarto.
La chica estaba pálida, ¡por el amor de Dios!, no solo se casó con un desconocido, gruñón, sino que, se había casado con un desconocido, gruñón y mafioso. Eso sí que era mala suerte.
…
Días después, Emily seguía sintiendo esa angustia por su abuela, si habían tratado de acabar con su vida por ser la esposa de ese tipo, que tal, si iban por Constante por esa misma razón.
Esa tarde, cuando Aitana le fue a dejar su comida, Emily pidió ver a Aziel.
—En cuánto el señor venga le diré su petición —aseguró la mujer—. Le doy un consejo, si quiere conseguir algo, use palabras sensatas.
—¿Palabras sensatas? —repitió Emily, tratando de entender a qué se refería.
—Sí, dice un proverbio que las palabras sensatas son agradables y las asemeja a un panal de miel.
—Bien —respondió no muy convencida de usar palabras dulces con Aziel.
Después de decir eso, Aitana le dedicó una pequeña sonrisa y se fue de la habitación.
Horas más tarde, Rinaldi subió a ver a Emily.
—¿Por qué no sales de tu cuarto? —quiso saber él.
—Usted dijo que tenía que estar encerrada aquí.
—Bueno, encerrada en la casa, puedes salir a la sala —explicó él.
—Señor, quiero ver a mi abuela —soltó ella.
Él frunció el ceño.
—Eres una mocosa muy testaruda.
En ese momento sus palabras tomaron otro significado, pues ahora sabía que, frente a ella, tenía un delincuente. Así que, pasó de valentonada a asustada en segundos.
—Es solo que mi abuela me necesita…
—Ya la viste, hay médicos cuidando de ella, ¿acaso tu presencia hará que se recupere?
—¡No, pero quiero estar a su lado! —exclamó, elevando un poco el tono de su voz.
Él la regresó a ver con mala cara.
Emily cubrió su boca con sus manos, arrepentida de haberse portado de esa forma, no quería hacerlo enojar, puesto que sus ojos ya lo veían como el capo que Aitana confesó que era.
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Comments
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Bueno, esta bien que al inicio se haya negado a casarse y toda la pataleta, pero por Dios, acaso no ves que te pueden matar o algo peor? ya tiene que dejar de ser tan infantil, tan inmadura, cumpla y aproveche todo. 🤨🤔🤔☹️🇦🇲
2024-07-06
4
Diana Quintero
Aziel debe dejar que esa IMBECIL de Emily se vaya y se exponga al peligro, es tan idiota que va derecho al burdel 😡😡😡
2024-07-05
0
yenifer marquez la escritora ✨
Que carácter tiene aziel
2024-06-01
3