Aziel apretó la mandíbula al recordar la horrible traición de Kenia, por más que lo intentó, no pudo ocultar su molestia por lo que acababa de escuchar de boca de su amigo. Así que decidió levantarse de su asiento y mejor irse a casa.
—Quédate otro rato —pidió Marco, notando que Rinaldi no se sentía bien.
—Tengo muchas cosas que hacer —dijo Aziel, y siguió su camino.
En ese momento recordó a Emily, movió la cabeza de un lado a otro para apartar ese recuerdo.
En el transcurso del camino no dejó de repasar en su mente el día que Kenia lo traicionó.
Cada latido de su corazón acrecentaba su deseo de venganza. Así que condujo sin rumbo fijo, para quitarse ese amargo sabor de boca.
…
Diez minutos después, llegó a su casa, y lo primero que hizo fue preguntar por su esposa. Los guardias le informaron que había ido a ver a su abuela.
—¿Quién autorizó que la señora saliera de la casa? —interrogó él, frunciendo el entrecejo.
—Bueno, ella es la señora y por eso yo pensé que…
—¿Tú pensaste? —interrumpió Aziel—. Desde hoy tienes prohibido pensar. Cualquier cosa referente a la señora Emily, me la van a consultar a mí, ¿estamos?
—Sí, señor.
—Ahora llévenme al hospital —ordenó.
Los hombres obedecieron, con temor, ya que el joven Rinaldi tenía un fuerte temperamento.
En todo el camino, Aziel no paró de insultarlos.
…
En uno de los cuartos del hospital más prestigioso de la ciudad, estaba internada la señora Constance.
Emily miró la habitación, el doctor y todo el personal se esforzaba demasiado por atender a su abuela.
—La señora Constance está en buenas manos, el señor Rinaldi nos dio indicaciones de tener los mejores cuidados con ella —explicó el médico.
—Muchas gracias. —Emily se limpió las lágrimas.
—Es un placer para nosotros servir a su familia —dijo él.
La muchacha asintió con la cabeza, sin saber qué decir. Luego de un rato, el doctor salió de la habitación.
En ese momento, Emily se sintió afortunada, y muy agradecida, pues por sus propios medios iba a ser muy difícil darle esa calidad de cuidados a su abuela. Sí, tal vez el tipo era mal hablado, mandón, extraño y tenía pinta de mafioso, pero quitando todo eso, era una persona con algo de bondad. Además, pensó en que pasaría sí se hubiera quedado en el burdel, de seguro uno de esos tipos asquerosos la estaría tratando de lo peor o sería obligada por Luigi a meterse con muchos hombres cada noche.
—Él cumplió con su parte del trato —dijo ella en voz baja. Sin dejar de mirar a su abuela, que dormía, debido a los fuertes fármacos.
Emily pensó que no debía ser malagradecida y tenía que esforzarse por cumplir lo que le correspondía, así que dio media vuelta en dirección a la salida, pues quería irse a casa.
Agradeció al médico y a las enfermeras y se fue del hospital. Justo cuando iba a ir a buscar el auto del chofer de Aziel, alguien la interceptó.
—Hola, señora Rinaldi —dijo el hombre.
—¿Quién es usted? —cuestionó Emily, mirando con horror a aquel tipo.
—Soy un buen amigo. —Él guiñó el ojo, luego se acercó a ella y a la fuerza le puso un trapo lleno de cloroformo en la nariz.
Emily forcejeó por casi seis minutos, tratando de liberarse, pero el sujeto pesaba tres veces más que ella, era mucho más alto y sobre todo, tenía la experiencia suficiente para ese tipo de trabajos.
Por otro lado, el hombre encargado de cuidarla miraba unos vídeos en su celular, ajeno al peligro por el que pasaba su señora.
Cuando la chica al fin quedó inconsciente, el tipo la metió a una camioneta negra. Sacó su celular de la guantera del carro.
—Señora, el trabajo está hecho —informó.
—Siempre tan eficiente —respondió una voz femenina en la otra línea.
…
Treinta minutos después, Aziel llegó al hospital, exigió que le dieran informes de su esposa.
—La señora estuvo aquí, pero hace casi una hora que se fue —dijo la recepcionista.
Rinaldi apretó los puños y frunció el ceño con molestia. Fue hasta donde estaba esperando el idiota que llevó a su esposa hasta ahí.
—La señora Rinaldi no está en el hospital, y si no la encuentro en los próximos quince minutos, considérate hombre muerto —amenazó Aziel.
El chofer sintió un escalofrío, pues sabía que el señor no estaba bromeando. Así que salió del auto y se apuró en buscar algún rastro de la joven
Aziel tomó su móvil e informó a varios subordinados sobre lo que había pasado con su esposa. Todos acataron sus órdenes y comenzaron a buscarla.
De lado de la mafia tenían tantos enemigos, que Aziel no sabía de quién sospechar. Luego, ante la sociedad, era un “empresario multimillonario”, cualquier ladronzuelo, pudo llevarse a su esposa para sacar ventaja de ello.
Uno de sus hombres al fin había dado con las personas que secuestraron a la chica.
—Todo indica que son los Falori —externó.
Eso hizo que Aziel se enojara más, pero también aumentó su preocupación, es decir, esos tipos no se iban a tentar el corazón y menos si saben que se trata de su esposa.
—Señor —dijo otro de los hombres—. Han mandado algo. Se lo he reenviado a su móvil.
Aziel tomó su celular y buscó dicho vídeo, en el que se podía ver cómo tenían esposada a la muchacha y vendaron sus ojos.
Una enorme preocupación inundó a Aziel. Temía por la integridad de Emily.
En eso su móvil comenzó a sonar, indicando una llamada entrante. Aziel no conocía el número, pero dio por hecho que se trataba de los Falori, así que respondió.
—Aziel, mi amor, ¿eres tú? —dijo Kenia en la otra línea, una gran sonrisa se dibujó en sus labios.
—¿Dónde está mi esposa? —interrogó Rinaldi, ignorando el tono meloso en el que le habló su exnovia.
—¿Esposa? —preguntó Kenia con incredulidad—. En serio llamas esposa a esa copia barata de mí.
—¿Dónde está mi esposa?, es la última vez que pregunto. Si no me dices, iré por ella y me encargaré de quien esté detrás de su desaparición —amenazó él.
—Siempre tan rudo, siempre tan “gánster” —canturreó ella.
—No tengo ganas de platicar contigo, Kenia, quiero a mi esposa —interrumpió Aziel. Apretando su móvil.
—Yo quiero verte.
—Pero yo no —masculló él.
—Izi, por favor, deja de ser tan rencoroso —suplicó ella.
—¿Me entregas a mi esposa por las buenas o por las malas? —cuestionó él. Kenia ya lo tenía harta.
—¡Tanto alboroto por una mocosa insípida! —exclamó la mujer. Sin poder ocultar sus celos—. Tal vez debería apretar el gatillo en su pequeña cabecita. Quizá, así aprendas a ser amable conmigo.
Aziel no dijo más, pues sabía que Kenia sería capaz de matar a Emily, la mujer lo tenía atado de pies y manos.
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Comments
Francisca Miranda Garcia
pinche vieja si lo dejo por otro ahora que quiere
2024-08-14
1
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Madre mía, cómo será la destrucción de esta mujer, así el idiota no quiera a la esposa yo creo que hacer de todo para rescatarla , ojalá no la violen. 🤔☹️☹️🇦🇲
2024-07-06
4
Diana Quintero
Kenya es una maldita zorra, casada y todavía detrás de Aziel 😡😡😡
2024-07-05
0