Capítulo 2

Después de eso, Luigi dio media vuelta y se fue de allí. El hombre caminó hasta su casa, la muchacha había preparado la cena, ya que su abuela no se sentía muy bien. Raquel, madre de Julio, era la única razón por la que Emily no abandonaba esa casa.

—Mañana quiero que me acompañes a un lugar —ordenó.

La joven asintió con la cabeza. Antes de irse a dormir, volvió a curar las heridas de su padre.

Al día siguiente, Julio se despertó muy de mañana, fue hasta el cuarto donde dormía su hija.

—No se te olvide hoy a las seis de la tarde.

La chica abrió los ojos y se puso lo primero que encontró, necesitaba preparar el almuerzo de su abuela.

No se le hizo extraña la petición de su padre, pues en ocasiones anteriores lo había acompañado a hacer reparaciones, ya que a este, le fallaba mucho la vista y era tan necio que no quería ponerse anteojos.

Al llegar la hora, juntos se encaminaron al lugar. En cuanto estuvo allí, Julio le dijo al guardia de su cita con Luigi. El hombre miró con asombro a Emily y los dejó pasar. Al entrar se sentaron en un pequeño sofá color negro, el olor a tabaco inundó las fosas nasales de la joven.

—Pasa —ordenó una mujer.

El hombre se puso de pie y fue en dirección a la oficina de Luigi, después de un par de minutos salió de allí.

Se sentó a lado de Emily y le dijo:

—Ayer fueron unos tipos a amenazarme de muerte, tengo que conseguir este dinero, en un rato el señor Luigi te dará indicaciones.

La jovencita no entendía muy bien lo que estaba pasando.

Julio salió de allí y se fue directo a su casa, lo único que quedaba era esperar a que Pietro y sus hombres fueran por el dinero. En cuanto llegó a su hogar le externó la noticia a su madre y esta, cayó al suelo de semejante impresión.

Emily se levantó de su asiento e intentó irse del lugar, uno de los guardias la detuvo.

—Tengo que ir a casa, mi abuela…

El tipo no la dejó terminar.

—Es propiedad del señor Luigi y saldrá solo cuando él lo autorice —puntualizó.

Arrugó el entrecejo. No creía lo que ese tipo le acababa de decir.

A los minutos salió, miró de arriba abajo a la chica y dijo:

—Muy básica, pero sé que encontraré quien pague muy buen dinero por ti.

—¿¡Qué!? —cuestionó la joven incrédula.

—¿Acaso no te explicó aquel imbécil a qué has venido? —Una carcajada salió de los labios del hombre—. Tu padre acaba de venderte, necesitaba salvarse el culo, ahora me perteneces.

La muchacha negó con la cabeza. Su padre podía ser muchas cosas, pero nunca creyó que eran tan malo como para hacerle eso.

—Yo puedo hacer aseo, sé lavar ropa a mano, cocinar, hago muchos postres, por favor llegamos a un acuerdo —suplicó ella.

—No me interesa hacer tratos contigo, mocosa, ahora cámbiate que un cliente muy importante ha pedido ver la nueva mercancía. —En sus labios se dibujó una sonrisa torcida.

La muchacha se rehusó a aceptar ese destino tan cruel. Tenía que haber una manera de salir de ese sitio.

—Si sigues así, iré y yo mismo mataré a la rata de Julio —amenazó—. Y deja de llorar que los clientes odian a las chillonas.

A la joven no le quedó de otra que obedecer.

Dentro del lugar estaba, Aziel Rinaldi, con un humor de perros, aún no podía creer las estupideces de su gran padre.

Su vista se posó en el montón de rostros de las mujeres que estaban allí.

«Tiene cara de mujerzuela», pensó, cuando una fémina le sonrió coqueta.

«Demasiada silicona»

«Muy corriente»

Y así una a una iba descartando a las chicas, era cierto que todo sería una farsa; sin embargo, no quería ser recordado como el capo que tomó por esposa a una ordinaria. Entre tantas muchacha debía haber una que fuera lo que él buscaba.

Entonces, la vio a lo lejos, una joven muy delgada, cabello castaño, nada voluptuosa, se veía linda, sí, pero muy común. Si la pudiera definir con una palabra sería “simple”. No existía comparación con las modelos con las que solía salir. Aziel Rinaldi se levantó de su asiento y fue hasta dónde habían llevado a la chica.

—Esta área tiene restricción —dijo una persona de seguridad, obstruyendo el paso.

—¿Me hablas a mí? —interrogó Aziel con burla—. No sé con qué derecho te atreves a siquiera dirigirme la palabra.

—Won —pronunció Luigi—. El señor Rinaldi es nuestro mejor cliente y ninguna área está restringida para alguien tan importante como él.

Aziel resopló, molesto. Entonces subió hasta el lugar de las “subastas”.

Se sentó y miró con curiosidad lo que estaba pasando. La chica de cabello castaño no dejaba de llorar.

Aziel de ladeó la cabeza, usando su imaginación dándose una idea de cómo se vería esa mujer con un vestido de novia.

—No está tan mal —pensó en voz alta.

La primera chica fue subastada, entonces, Aziel se puso de pie.

—Quiero a la llorona de cabello castaño —pronunció esas palabras con firmeza.

El corazón de la chica se iba a salir de su pecho.

—Aún no llegamos hasta ella, señor —informó el tipo encargado de la subasta.

Aziel arrugó la frente.

—A mí no me gusta esperar —soltó con molestia.

Luigi apareció de nuevo y aseguró que no había ningún problema, que él podía tomar a cuanta mujer quisiera.

—Solo a esa —dijo con asco.

Emily sentía que sus oraciones fueron escuchadas, pues el joven que la salvó no parecía ser un depravado como esos asquerosos hombres que la rodeaban, más bien, se veía malhumorado, quizá con él si podría llegar a un acuerdo, cómo fuese tenía un poco de esperanza, ansiaba poder librarse de eso. El recuerdo de su abuela inundó su mente, eso que vivía era una pesadilla y pronto iba a despertar.

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Comments

Lorenza Malpica

Lorenza Malpica

ufff aunque el la quiera para esposa de mentiras es mucho mejor que ser abusada por un viejo asqueroso

2024-07-10

2

Diana Quintero

Diana Quintero

pobre Emily, pero la salvo de que otro rufián y asqueroso viejo la tocara 😔😔 sería que la abuelita se murió con esa noticia, que le dio ese infeliz 😢😢😢😡😡😡😡

2024-07-05

3

yenifer marquez la escritora ✨

yenifer marquez la escritora ✨

Pobrecita Emily

2024-06-01

1

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