Al terminar la boda, la nueva señora Rinaldi se dirigió a casa con su marido. Varios reporteros los siguieron. La chica trató de recordar si alguna vez escuchó hablar sobre esos tal “Rinaldi”, pero nada.
Al bajar de uno de los lujosos carros de su marido, cientos de flashes se hicieron presentes, todos los fotógrafos querían tener fotos del “feliz matrimonio” en primera plana. Emily se sintió como una tonta, pues hace tres días, nadie siquiera la volteaba a ver y ahora todos querían fotos de ella.
Cuando por fin lograron llegar a la casa, Rinaldi acompañó a Emily a su habitación. La chica comenzó a sentir un enorme miedo, ella nunca había intimado con nadie, y no quería que su primera vez fuera con un tipo grosero y manipulador.
Aunque de modo legal, eran marido y mujer, él había dicho que eso era una farsa, pero una duda inquietaba su ser. ¿Qué tal si él se quería pasar de listo?
¿Quién iría a ayudarla?, ¿a dónde podría huir?, si ese tipo parecía tener un inmenso poder.
Él abrió la puerta de su habitación. Ella entró rogando que ese sujeto no la tocara. Las piernas le flaquearon. En su pecho su corazón bombeaba tan rápido que en cualquier momento le podía fallar.
Aziel se sentó en la cama, inspeccionando el rostro de la chica. No se veía nada mal arreglada de esa forma. Había tenido cientos de mujeres antes y todas eran más hermosas que ella.
Emily se quedó parada frente a él. Pensando si podría sobrevivir a una caída del balcón de ese cuarto a la calle. Necesitaba tener un plan por si él quería hacerle algo.
Rinaldi se levantó de la cama y salió del cuarto. Mandó a uno de sus empleados a vigilar que los reporteros se fueran de allí.
Después de una hora, le aseguraron que ya no había nadie. Él se fue de la casa un tanto melancólico, el recuerdo de aquella maldita mujer lo seguía torturando. Se sentía tan idiota, ¿cómo pudo haber confiado en sus palabras?
Por otro lado, en la habitación, Emily se sintió tranquila de que Aziel ya no estaba allí, pero al mirarse al espejo, se sentía decepcionada de sí misma, se casó con un extraño, sin siquiera saber el porqué. Nada en su vida había salido como lo planeó.
Ella negó con la cabeza y se cambió de ropa, pues cumplió su parte, ya qué estaba casada con ese tipo, ahora podía ir a ver a su abuela.
Cuando estuvo lista salió de la habitación y le habló a uno de los hombres, informando que debía ir a cierto lugar, pues tenía que visitar con urgencia a su abuela.
El guardia frente a ella, sabía que ahora esa muchacha era la señora de la casa, así que no vio mal cumplir su petición. Así que asintió con la cabeza y obedeció sus órdenes.
Al otro lado de la ciudad, Aziel conducía para llegar a uno de los tantos bares que eran propiedad de su padre.
La celebración, los votos matrimoniales, el vestido blanco, su traje color caqui, los adornos de mesa, todo eso le recordaba a ella, la maldita mujer que odiaba tanto como amaba.
—Eres un imbécil —se dijo a sí mismo. —Su vista estaba al frente y tenía ambas manos sobre el volante.
Después de un rato, Rinaldi llegó a su destino, se bajó del auto, entró al bar y pidió una copa. Se alegró mucho de ver a Marco, por un momento dudó que iría a su llamado.
—Hombre recién casado, ¿en un bar?, ¿en qué lío te metiste? —se burló. Pero en su interior la preocupación se hizo latente, no era normal pasar tu noche de bodas tomando alcohol con un amigo.
—Todo es una mierda —externó Aziel, se sentó a lado de Marco.
—Horas de casado y ya piensas así, te hace falta calle —dijo, tratando de indagar qué había pasado, para poder darle algún consejo.
—¿Le dijiste a alguien que venías? —interrogó Rinaldi.
—Sí, a mi mascota ¿No viste que llegué solo a tu boda?
—Lo siento, tengo muchas cosas en la cabeza. Necesito contarte algo.
—Te acabas de casar, relájate —atinó a decir Marco.
—No —Aziel le dio un trago a su bebida—. Todo esto es falso. Mi padre hasta muerto me jode la vida.
—¿De qué me perdí? —quiso saber el hombre, mientras su entrecejo se fruncía
—De la maldita Kenia —masculló, sintiéndose avergonzado de sí mismo, por sonar tan ridículo.
—Oh, ella —dijo Marco soltando un suspiro.
Él era el mejor amigo de Aziel, pero su trágico episodio con Kenia, no se lo había contado ni a él.
—Esa perra, maldita, me demostró que el amor es una mierda —escupió Aziel—. Y mi padre era un estúpido, loco, ¿sabes cómo voy a poder heredar su maldito imperio?
—¿Cómo? —cuestionó.
— Casándome, ¿qué cláusula de mierda es esa?
Marco aún no entendía a qué se refería su amigo.
—Conocí a mi esposa hace tres días, la encontré en un burdel, toda está basura es falsa, yo no siento nada por ella, y es un hecho que ella me odia. Me estoy enrollando en un maldito matrimonio por contrato —soltó Aziel.
—¡Maldición! Yo de verdad te creí el cuento de que la habías conocido hace meses. ¿Por qué me mentiste?
—El resultado iba a ser el mismo, yo no voy a perder mi fortuna por las mamarrachadas de mi padre.
—¿Pero casarte con una desconocida?
—Te repito que el amor es una mierda.
—Justo te iba a decir algo sobre… ya sabes quién —soltó el hombre, ahora arrepentido de abordar ese tema.
—¿Qué? De la puta de Kenia, suéltalo, ya no puede joderme más la existencia.
Marco trató de despejar su mente. De verdad pensó que su amigo se había vuelto a enamorar y por eso se casó, pues ya superó el pasado con su caótica exnovia.
—Sé detectar las mentiras, solo suéltalo.
—Bueno —suspiró resignado—. Falori se casó… se casó con Kenia.
Rinaldi sintió que una patada en los bajos dolía menos, su maldita exnovia no solo lo había dejado plantado el día de su boda, sino que ahora sabía que lo hizo por su rival en los “negocios”.
—No esperaba menos de esa zorra —dijo. Pero muy dentro de su corazón dolió, porque por más cruel que haya sido, él seguía teniendo sentimientos por ella.
Todos sabían el tipo de mujer que era Kenia, era hermosa, sí, pero también ambiciosa, en un principio se había acercado a Aziel, por ser el heredero de los Rinaldi. Solo le interesaba el poder y al ver que pasaba el tiempo y Aziel no tenía el liderazgo en el imperio Rinaldi, Kenia tramó otro plan y ese fue ser amante de Falori, un hombre como quince años mayor que ella, pero que a diferencia de Aziel ya era líder.
Kenia se le metió hasta por los ojos y Falori cayó en su trampa, sintiéndose perdidamente “enamorado” de ella, le ofreció todo, tiempo después un anillo de compromiso y a Kenia no le importó desechar a Aziel.
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Comments
Diana Quintero
Angel no a tenido una buena vida a pesar de los millones, que tiene 😔😔
2024-07-05
1
Aura Potosme
me parece injusto el le dijo q primero se iba a casar ya ella le cumplió porque no dejar q vaya y vea a su abuela a menos q el ta antes q ella lo supiera la tiene en tratamiento y viendo ella llegue su abuelita este mejor
2024-06-29
2
Elena Isabel Barrera Nieto
hola buenas tardes me gusta esta historia me parece muy bonita hasta ahora pero me da tristeza esa pobre niña que tiene que pasar por tanta tristeza por amor a su abuela
2024-06-26
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