Una de las calles de Baooh, se llena de los escombros del gran edificio, donde se encontraba Kazuki junto con Vibi. Parece que la búsqueda de la fruta tuvo ciertos inconvenientes, sobre todo el hecho que una especie de criatura limo, comenzó a destruir todo el edificio mientras lo consumía todo y se expandía. Apenas pudieron escapar de ese lugar, la vampira sostenía entre sus manos uno de los frutos que buscaban.
Su compañero estaba recostado en una cama con una fuerte herida en su pecho, además tenía varias ampollas en su piel, mientras solo se quejaba de ese ardiente dolor. La vampira solo se quedaba viendo la majestuosidad de la fruta que tiene entre sus manos, un fruto conocido solamente como “Fruto del paraíso”, poco a poco su curiosidad le planteaba preguntas, que ella misma trataba de contestarse.
Su compañero solo observó un rato a la vampira, ella tenía demasiado interés en la fruta, al punto que acerco su boca para darle una mordida.
― ¡No lo hagas! ¡No te atrevas! Tenemos órdenes para transportarla, no para usarla ―Dijo sosteniendo su herida, mientras se trataba de levantar.
Su compañera vampiro solo sonrió, luego solo puso el fruto en una mesa cercana. Ahora mismo se encontraban en una casa donde se refugiaban. Su compañero se encontraba algo herido por el combate que ellos tuvieron. La vampira caminó donde estaba su amigo para sentarse a su lado en la cama.
―Súcuba… Siendo una ama de un grupo de demonios ―Dijo cruzándose de brazos mientras su amigo fruncía el ceño.
― ¡Agh! Con un demonio de enfermedades, ¿Quién no podría llegar a eso? ―Frustrado solo hizo un gesto insatisfecho.
La vampira solo continuó hablando, mientras tocaba su propia barbilla con su dedo.
―A menos, que pensara seguir escalando ―Luego de eso se quedó unos segundos en silencio, su compañero la miro y antes que pudiera decirle algo, ella solo prosiguió hablando― los humanos, criaturas bastante fascinantes.
―Al final, todos provienen de un ser tan legendario como “El primer hombre”, un descendiente de esa categoría, les da una clara ventaja ―Dijo su compañero, mirando ahora el techo de la casa.
Sin embargo, la vampira no pensaba eso. La vampira solo miró a su compañero malherido, acercándose a su compañero, puso su mano en la herida de su amigo. Luego solo vio como su compañero se quejaba de dolor.
― ¡AAgh! ¡Maldita sea! ―Se quejó.
―Pero los demonios provienen de la “Primera mujer”, en eso caso ¿No deberíamos ser iguales? Bajo esa misma lógica ―Con un tono pensativo en su voz.
―Siempre has sido muy rara ―Miro a su compañera, mientras su herida comenzaba a cicatrizar.
Los demonios no son simples criaturas de carnes, sus almas pueden ser lastimadas y eso les provoca heridas bastante difíciles de sanar. La vampira solo meditaba un poco, sobre la conversación que tuvo con el humano. Sin olvidar, ese chico puede que significara más de lo que puede ver a primera vista. Pero sus alertas se apagaron, solamente al sentir la gran cantidad de miedo que ese humano experimentaba.
Aún solo era un inútil.
―No creo que sobreviva demasiado.
―A lo mejor se una a los demás humanos, solo siendo esclavos o “pecadores” ―Suspiro aliviado mientras toco su herida siendo sanada, pero las ampollas en su piel, no se irían, aunque lo intentara, provocando un pequeño gesto triste.
―Puede ser ―Dijo la vampira solo mirando a la ventana.
―Bueno, volvamos simplemente a donde…
―No pienso volver ―Dijo la vampira muy seria.
Su compañero se quedó unos segundos pensando en sus palabras. Pero la vampira, llevaba mucho tiempo reflexionando sobre lo ocurrido, vio como el edificio colapso por completo, pero, sobre todo, pudo ver los ojos de un humano completamente distinto al que había conocido. Un humano con un espíritu de supervivencia. Kazuki no fue el primero, pero si fue la gota que derramo el vaso sobre su curiosidad.
El primero que conoció simplemente estaba asustado, pero parecía estar muy diferente cuando este lucho con el limo para mantenerse con vida. En ese momento, no pudo evitar sonreír por la lo divertido de toda la situación, le parecía exageradamente hilarante.
Pero su compañero, claramente estaba enfadado, por ello solo se levantó para gritarle fuerte a su compañera lo estúpido que eran sus pensamientos.
― ¡Cuantas veces tengo que repetírtelo! ―Firmemente se dirigió a ella mientras se levantaba de la cama― Se acabó.
Una sensación familiar recorre el cuerpo de la vampira, ella solo se entrelazó las manos tratando de mantener sus palabras, mientras como si estuviera debajo de una fría lluvia solo temblaba un poco de frío.
―Solo deja todo esto ―Su compañero solo estiro su mano a la vampira que aún le daba la espalda.
Pero ella no tenía intenciones de volver a donde llevaba tanto tiempo, una fuerte curiosidad brindaba una sonrisa en su rostro. Ella solo se volteó para ver a su compañero a los ojos. Chocando una mirada muy feliz, con una completamente enfadada.
No era la primera vez que lo ve de esta forma.
― ¿Qué debo dejar? ―Dijo manteniendo una sonrisa.
―Eres una vampira muy rara ―Solo suspiro, mientras luego tuvo unos segundos pensando para seguir diciendo― estamos en paz, podemos simplemente cumplir con nuestro objetivo.
― ¿Siempre? ¿Dónde está la libertad entonces? Somos demonios, no somos ángeles, no debemos regirnos por alguna clase de reglamento.
―Tú… ¿Qué te paso? No eres la misma, nunca creí, que llegarías a este extremo.
―Ella, no querría que solamente lo dudara ―Se fijaba en los ojos de su compañero.
Con mucho enojo solamente concentro toda su furia, con uno de los muebles de la habitación, dándole una fuerte patada, que hace a la silla de madera chocar con la pared, rompiéndose por todo el suelo. De verdad estaba enojado, pero su amiga mantiene la serenidad.
―No te atrevas a nombrar a esa maldita ¡Perra! ―Señalo sobre la persona que entraba como un tema a la conversación.
― ¿Perra? ¿Hablas del demonio de la libertad? Esperaba que lo entendieras… Solo, esperaba me acompañaras.
―No ―Decepcionado solo camino a la mesa tomando la fruta para abrir la puerta de la habitación donde se encontraba.
Se estuvo unos segundos pensando, al darle la espalda a su compañera, que solo se mantiene parada de pie en esa habitación, dentro de una casa ajena su propiedad, con unos pensamientos que llevaban molestando a su compañero durante mucho tiempo, él solo quería dejarla a su suerte sin ninguna clase de remordimientos. La vampira solo se quedó en silencio, sentía todo lo que su amigo quería decirle, ni siquiera era necesario continuar la conversación.
Como ultima oportunidad, su amigo mantuvo su mano en la perilla de la puerta para abandonar la habitación, la invito a que olvidaran la tontería. Pero ella solo sintió que él minimizó sus propios sentimientos, esta escena no era algo que mostraran públicamente. Todo esto ocurrió dentro de las paredes de una casa sola y nadie escuchaba lo que estos dos seres del verdadero inframundo discuten.
La vampira solo se volteó para decirle algo a su amigo, pero la puerta solo se cerró, dejándola completamente sola en la habitación. No pudo sentirse completamente triste, solo quería no estar sola.
Pero si era necesario, solo caminaría por las calles de este mundo humano. Sin la protección de su antiguo jefe. Miro una marca en su pecho que resplandecía con fuerza, solo toco esta marca con sus dedos y conjuraba algo en voz muy baja.
La marcaba parpadeaba con intensidad, como un aparato electrónico siendo sobrecargado a punto de explotar. Ella trató de manejarlo lo mejor posible, pero simplemente un misterioso trozo de papel que estaba encendido al rojo vivo, solo se posicionaba frente a ella.
La vampira solo camino a donde estaba el contrato y lo tomo con sus manos ignorando las llamas que lo envuelven. Solamente rompe el contrato sin una expresión de preocupación en su rostro, luego de eso, la marca en su pecho brillaba con mucha intensidad, mientras poco a poco se iba desvaneciendo. Cuando solo quedaba el recuerdo de su marca en el pecho, la vampira solo iba a salir de esta casa.
Para comprobar eso.
(Existirá ¿Algo que diferencia a un humano de un demonio?)
―Continuará―
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