Cuando abrió los ojos, se encontró en un lugar completamente diferente. Debajo de un techo muy distinto al que estaba acostumbrada. Un techo grisáceo lleno de moho que recordaba perfectamente porque era el techo de su antiguo apartamento. El lugar donde había vivido desde la preparatoria, cuando había decidido mudarse a Tokio para seguir con sus estudios, bien lejos de su hogar natal en Okinawa.
Por un momento estaba confundida.
Se sentó rápidamente y se dió cuenta de que estaba en su cama. Su habitación no había cambiado en absoluto. Seguía siendo igual de desordenada y escasa de personalidad. Solo había en su interior una computadora al lado de las puertas corredizas que iban al balcón, un televisor pantalla plana, una pequeña mesa donde usualmente se sentaba a comer y por supuesto un baño y una pequeña cocina llena de platos sucios y envases de comidas vacíos tirados en donde quiera.
Se miró sus manos y notó que eran muy diferentes a las manos pálidas de las que se había acostumbrado los últimos años.
Estas en cambio eran de un color tostado, característico de la gente de Okinawa.
Se puso en pie rápidamente y cuando se miró en el espejo de la pared, notó sorprendida que había vuelto a ser aquella mujer de 24 años que supuestamente había decidido dejar atrás.
—He vuelto a ser Mirai —dijo consternada, acariciando su rostro suavemente con las yemas de los dedos—. No puede ser.
Se dió una fuerte cachetada a si misma creyendo que todo era un sueño pero al sentir el característico dolor ardiente en su mejilla gimió adolorida y a la misma incrédula y confundida.
—¡No puede ser! —gritó aún más alto sin poder creer absolutamente nada— He vuelto...
Flashes de todo lo que había sucedido hasta ahora inundaron su mente, desde su asesinato, su nacimiento en un nuevo mundo y los siguientes acontecimientos que indicaban su nueva vida.
—¿Todo fué un sueño? —se preguntó escéptica, frunciendo el entrecejo. Hasta sus gestos faciales se sentían diferentes. Ahora una mirada cálida y oscura le devolvía su reflejo en el espejo— Es imposible.
En ese mismo instante el timbre de su puerta sonó y cuando abrió la puerta se encontró con un rostro que reconocía perfectamente y que creía que jamás volvería a ver.
—Kai —pronunció su nombre y las letras se sintieron tan naturales que hasta a ella misma le sorprendió.
Una sonrisa cálida le devolvió el gesto y antes de que pudiese reaccionar, el susodicho corrió hacia ella y la envolvió entre sus brazos, en un fuerte abrazo cargado de sentimientos.
—Te extrañé mucho, Mirai —dijo aquella voz masculina que tantas veces la había dado ánimos cuando estudiaban juntos para las pruebas de ingreso en la Universidad y que había llorado junto a ella por alguna novela televisiva.
Si, definitivamente era él.
Su mejor amigo de la infancia.
Kai Hajimoto.
Cuando se separaron del abrazo, Mirai la cual había sido incapaz de moverse todo este tiempo logró reaccionar.
—¿Tú... que haces aquí? —lo miró una y otra vez de pies a cabezas sin poder creerlo.
Había cambiado un poco desde la última vez que lo vió cuando se graduaron de la universidad, pero su cabello negro como el carbón seguía siendo tan largo y desaliñado como siempre. Sus gafas cuadradas y sus ojos avellanas eran los mismos que antaño. La única excepción es que se veía más alto y más maduro, además de que vestía muy elegante. Como todo un ejecutivo.
Si más no recordaba, él había estudiado informática. Sabía que sueño era ser programador de videojuegos, sabía también de que poco después de graduarse había heredado la compañía de su padre y sobretodo, sabía de su compromiso con la ejecutiva de un famoso condominio. Producto de todo eso, habían perdido contacto y jamás Mirai se molestó en contactar con él.
No sabía porqué, pero cuando las lágrimas inconscientemente empezaron a correr por sus mejillas, se dió cuenta en verdad de lo mucho que lo había extrañado y rompiendo en llanto volvió a correr hacia él y de un saltó lo abrazó con fuerza, envolviendo sus brazos en su cuello y sus piernas alrededor de su cintura.
Kai afortunadamente reaccionó a tiempo ante la inesperada arremetida de la chica y la agarró de sus muslo para evitar que se cayera. Permitió que llorara todo lo que quisiera encima de sus hombros, sin importar que mojara su camisa con lágrimas y mocos.
Al cabo de un tiempo, cuando al fin se calmó, lo permitió pasar a su pequeño apartamento. Kai observó el interior del lugar con curiosidad y Mirai no pudo evitar sentirse avergonzada.
—Veo que no haz cambiado en absoluto —dijo él con un tono de voz lleno de nostalgia—. Sigues siendo igual de desordenada que siempre.
Kai avanzó con naturalidad como si conociera el lugar como la palma de su mano y se quitó su saco negro antes de sentarse en el mullido cojín en el suelo, justo al frente de la pequeña mesa de madera. Se aflojó la corbata y suspiró relajado como si estuviera en su propia casa. Miró a Mirai la cual seguía parada en el mismo lugar, mirándolo fijamente aún sin poder creer lo que sus ojos veían. Kai rió ante la reacción de la chica y con un gesto de su mano la incitó a sentarse frente a él.
Tragando saliva sonoramente y con el corazón en la boca, Mirai se acercó con cuidado, casi como si temiera que de un momento a otro desapareciera de su vista.
Se sentó lentamente frente a él, pero sin quitarle un ojo encima. Tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar y el cabello desaliñado, además de que aún estaba en pijama.
Era consciente de la facha que seguramente debía tener pero en ese momento había algo mucho más importante.
—¿Esto es real? —preguntó ella con incredulidad—. ¿O todo esto es solo un producto más de mi loca imaginación?
Kai se tapó la cara con la mano y rió como todo un endemoniado:
—Por supuesto que todo esto es real Mirai. ¿En qué estás pensando?
Ella en cambio arrugó el espacio entre sus cejas, repentinamente molesta. Para ella nada de esto era gracioso.
Al darse cuenta de la molestia de Mirai, Kai intentó ponerse más serio y se aclaró la garganta, colocando su puño en su boca.
—Todo esto es más que real —dijo una vez recuperada la compostura—. Y lo seguirá siendo hasta el final de tus tiempos. Mientras existas, todo esto que vez aquí, incluso yo, seguirá existiendo.
—No entiendo lo que quieres decir.
—Claro que me entiendes —espetó y la señaló con su dedo índice— Estamos en tu subconsciente y esta forma que haz adoptado, es la verdadera forma de tu alma.
En ese instante una cálida luz azulada envolvió el cuerpo de ella y enseguida Mirai entendió lo que quería decir.
—Nos encontramos en lo más profundo de tu mente —continuó él explicando.
Por un segundo la decepción la inundó. En verdad quería que todo esto fuese la realidad. Que todo lo que había pasado hasta ahora fuese solo una vil y larga pesadilla. Pero decepcionada sus hombros decayeron y el brillo azulado desapareció.
—Sigo encerrada en este maldito infierno llamado vida —bramó ella con cierto desdén, apretando los puños encima de la mesa.
—¿Infierno? —intervino Kai con su característica sonrisa cordial— ¿En verdad crees que todo lo que te ha sucedido hasta ahora fué en vano?
La mirada de Kassia decayó hacia sus puños, desanimada y a la misma vez agotada.
Pero Kai prosiguió hablando:
—Se te dió una increíble oportunidad que muy pocos son capaces de obtener. Se te dió la oportunidad de renacer en un mundo totalmente nuevo y que ademas conocías perfectamente y con todos tus recuerdos intactos de tu vida anterior.
—¡¿De qué sirve todo eso?! —gritó repentinamente dándole un fuerte golpe con sus puños a la madera de la mesa.
Kai apenas se movió y continuó hablando como si nada:
—Se que en estos momentos debes sentir mucho odio y rencor. Debes sentirte débil, patética y desnuda ante el enorme mundo desconocido que se abre a tu alrededor. Pero debes tener confianza. Detrás del dolor, siempre vienen cosas buenas.
—¿Que cosas buenas? Es un maldito círculo vicioso, todo esto. No importa cuántas veces reencarne, mi destino siempre será sufrir eternamente y perder lo que más me importa.
—No es cierto. El poder siempre viene cuando más lo necesitas.
Kassia lo mira como si estuviese mal de la cabeza:
—¿Poder? Soy una NPC, el ser más débil y desafortunado de todo el universo...
—No me refiero a un típico poder de videojuegos. Me refiero al poder de la perseverancia y de la vida —Kai se inclinó más hacia delante, apoyando sus codos en la mesa. Sus ojos brillaban increíblemente, como si Mirai fuese lo más maravilloso del mundo. Ella no entendía que tan estupendo veía él en ella—. No importa cuántas veces te derrivaban, siempre fuiste capaz de levantarte de nuevo, una y otra vez. Eres increíble, Mirai.
—¿Qué sabes tú? Solo eres un ser creado en mi subconsciente.
—No... ya te lo dije. Soy MUY real Mirai.
Ella frunció aún más el ceño, extrañada por las palabras de su antiguo amigo de la infancia pero repentinamente un fuerte estruendo la sobresaltó. La puerta delantera vibró con la fuerza de golpes potentes que parecían venir del otro lado de la madera y rápidamente se puso en pie.
—¿Qué es eso? —preguntó entrando en pánico repentinamente.
—Ella está cerca... —dijo Kai poniéndose en pie lentamente— Está intentando llegar a este espacio para destruir tu alma y ocupar tu cuerpo.
—¿Ella?
—La princesa de Espinas —respondió él lo que ya sospechaba.
—¿Qué? —Mirai retrocedió llena de miedo y abrazándose a si misma. No dejaba de temblar y con cada golpe parecía vibrar la habitación entera, como un terremoto— No... ¡Noooo! —gritó con todas sus fuerzas y se agachó en el suelo, cubriendo sus orejas con ambas manos— ¡No quiero morir! ¡No quiero desaparecer! ¡Qué alguien me ayude!
Kai la miró con una sonrisa triste:
—Debiste pensar en eso antes de hacer un trato con ella. Tienes que ser más honesta contigo misma, Mirai. En verdad no quieres morir... ¿verdad?
Ella lo miró con ojos llenos de lágrimas.
—¿Y qué se supone que debía hacer? ¡No tenía más opción!
Kai suspiró profundamente y luego le tendió la mano:
—Ponte de pie cobardita. La enfrentaremos juntos.
Mirai miró su mano y luego de unos segundos de dudas, la agarró con fuerza y se puso en pie, sorbiendose los mocos como una niña pequeña.
—No te dejaré sola hasta el final —dijo él dándole un casto beso en la frente.
Mirai se limpió las lágrimas con el antebrazo y más decidida decidió hacerle frente al problema. De nada servía llorar como una niña o rogar por su vida. Debía dar pelea hasta el final.
—Siempre recuerda, que aquí adentro, la que manda eres tú —dijo él y finalmente entendió.
—Yo tengo el control —espetó ella y todo su cuerpo volvió a iluminarse con una luz azul.
Cerró los ojos y se concentró todo lo que pudo. Ignorando el sonido de la puerta astillandose, rompiendose en pedazos.
—Que lugar tan interesante —dijo una voz que reconocía perfectamente. La princesa se adentraba a la habitación mirando todo con curiosidad. Esta vez tenía su forma original.
Un extenso cabello rubio platinado caía por su espalda como un velo lleno de rizos rebeldes, además de que vestía un hermoso vestido blanco que rozaba el suelo. Lo único que se escuchaba era el sonido estridente de los tacones golpeando el piso de madera, caminando pausadamente y llena de confianza hacia Mirai, la cual permanecía quieta con los ojos cerrados.
—Con que esta es la forma de tu alma —dijo la princesa de espinas con cierto deje de burla en su voz—. Es curioso que tu alma sea tan diferente a tu cuerpo físico, pero ya no importa... —bramó ella parándose justo al frente de la susodicha, alzando su brazo que se había transformado en la hoja de una guadaña negra como su propia alma—. No sé si tu cuerpo resistirá mi poder, pero no puedo seguir esperando hasta que cumplas los 18. Este es tu fin, mi pequeña descendiente.
Sonrió confiada de lo que pronto tendría y cuando la guadaña arremetió hacia Mirai con gran velocidad, algo que no se esperaba ocurrió. Una fuerza invisible la hizo retroceder varios pasos y cuando volvió a levantar la mirada hacia la chica se encontró con algo raro.
Centenares de carteles de "Advertencia" flotantes de color Rojo y negro la cubrieron de piez a cabeza como una barrera protectora unas letras aparecieron justo encima de su cabeza.
...OBJETO INMORTAL...
...CLASE: ??...
...NIVEL: ??...
...ADVERTENCIA: Este objeto no puede ser destruido debido a una intervención desconocida en el sistema. ...
—¿Qué demonios... es eso? —se preguntó con los orbes de sus ojos a punto de salírsele de las cuencas—. Nunca he visto algo como esto.
En ese instante los ojos de Mirai se abrieron y casi por instinto la princesa salió bruscamente de su inconsciente. Algo definitivamente le decía que era peligroso por lo que no dudó ni un segundo en volver al cuerpo del Slime y con un fuerte grito llamó a su leal sirviente:
—¡Alaric!
En ese mismo momento a una velocidad impresionante su sirviente bloqueó con su espada el veloz ataque de Kassia, la cual había vuelto en si, a la realidad y en el cuerpo al que había renacido.
En sus manos sostenía solo una simple espada que había recogido de los múltiples tesoros que habían en la habitación del jefe de la Mazmorra, la cual fácilmente había sido rota por la sorprendente dureza de Colmillo de Cristal.
Alaric sin dudarlo dos veces arremetió contra ella y con una fuerte onda expansiva la lanzó por sus aires hasta que su cuerpo aterrizó en los peldaños de la escalera hacia el trono, donde se encontraba el verdadero cuerpo de la princesa.
Una gran nube de pólvo se levantó cubriendo por completo casi todo el lugar y cuando Alaric pensó que había acabado con ella, escuchó una inesperada risa proveniente del mismo lugar.
—Jejeje... —entre el polvo y los escombros Kassia se levantó lentamente— Realmente tu espada es increíble... —estaba muy herida y seguro debían haberse roto una buena cantidad de huesos, pero no borraba su maniática sonrisa—. No entiendo muy bien que está pasando, ni porqué nací en este mundo, pero por alguna razón inentendible... mi contador de HP no baja del 1%.
—¡Ten cuidado Alaric! Ella no es normal —le advirtió la princesa a su caballero.
Una neblina blanquecina se liberó del interior del yelmo de Alaric como un aliento silencioso y casi inexistente.
Alaric agarró su espada con ambas manos dispuesto a seguir las órdenes de su ama. Se puso en posición de ataque y a una velocidad impresionante, como un Rayo negro, volvió a atacar.
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Comments
Marina Hinostroza
guao!! ahora sí a hacerle frente a esa patética bella durmiente...
2023-11-20
1
Lucio Bravo
Kassia finalmente desperto, y se ve que es súper fuerte, excelente capítulo.
2023-09-04
0