Los últimos años para Kassia habían sido duro. Alaric la entrenaba en el arte de la espada con mano férrea, tal y como la princesa le había ordenado desde un principio.
Kassia recientemente había cumplido 16 años, pero crecía rápidamente y poco a poco se volvía una mujer hecha y derecha en todos los sentidos. Sostenía una espada larga sencilla que había encontrado en alguna parte de la enorme mazmorra, pero no se comparaba con la espada cristalina que Alaric sostenía en sus manos. Una espada larga de hoja azulada casi transparente, muy parecida al cristal, pero sorprendentemente resistente comparado con su aspecto.
Las esbeltas pero fuertes piernas de Kassia se movían ágilmente mientras esquivaba los poderosos ataques del caballero de armadura negra.
Vestía una simple ropa que consistía en pantalones, camisa y botas de cuero. Junto con su cabello rubio corto fácilmente podría confundirse con un chico. La difícil vida en la mazmorra habían endurecido sus rasgos, aunque no perdía la característica belleza de la realeza. Sus ojos azules, aunque inexpresivos, seguían mostrando un brillo fugaz muy difícil de ver en una persona que solo quería morir.
Pero no era suficiente, después de todo seguía siendo una simple humana sin nada más especial que la sangre que compartía con la princesa.
La fuerza bruta y la agilidad no eran suficientes para derrotar a un héroe.
Y lo supo mejor que nadie cuando la espada de Kassia fue destruida por la fiereza de Colmillo de Cristal, la espada de Alaric.
—Eso no es justo —refutó Kassia luego de caer de nalgas en la tierra por la fuerza del impacto de la espada—. Colmillo de Cristal es una espada de clase S. Es normal que me venzas.
—¿Crees que podrías vencerme en un combate a puño limpio? —preguntó Alaric con cierto tono burlón.
Kassia lo fulminó con la mirada y se levantó sacudiendo el polvo en su trasero. Había herido directamente a su orgullo y eso la molestaba.
—Me haz estado entrenando desde los cinco años, pero nunca he podido vencerte. Supongo que he llegado a mi límite como humana.
—Es cierto, haz llegado a tu límite —dijo secamente lastimando aún más el ego de la chica—. Eres lo suficientemente fuerte para vencer a monstruos de rango medio, o al menos para vencer a un Héroe primerizo, pero si no me vences, todo esto será inútil. Seguirás estancada en el mismo lugar.
—¿Y que se supone que debo hacer? —la frustración la inundó de pies a cabeza, lanzando la inútil espada rota a algún lado del enorme salón de cristales.
—Tienes que superar tu límite, para volverte más fuerte que ningún otro.
—¿Superar mi limite?
—Si... Honestamente, no siento que estés lo suficientemente motivada.
Al escuchar aquello Kassia lo miró con una gran ira contenida y de buenas a primera dió un salto dispuesta a darle un puñetazo, no obstante Alaric es más rápido que ella y con una sola patada en las costillas la lanza a gran velocidad hasta que impacta en un enorme cristal hexagonal, provocando que este se agriete.
El poco aire en sus pulmones es extraído bruscamente cuando su espalda impacta con fuerza en la dura superficie del cristal y pequeñas gotas de sangre se liberaron de entre sus labios cuando su cuerpo cayó sin fuerzas al suelo, con su pecho bajando y subiendo bruscamente y sin ser capaz de respirar con normalidad.
Se había sorprendido por la acción de su maestro pero la verdad es que ya estaba acostumbrada a este tipo de agresiones de parte de él.
Intentó incorporarse a duras penas pero el pesado pie del caballero oscuro la presionó en la espalda y la obligó a caer nuevamente al suelo.
—Eres patética y débil —dijo inexpresivo apuntando la punta de la espada cristalina a la cabeza de la joven—. A este paso nunca serás un buen recipiente para la princesa. Debería acabar con tu penosa existencia ahora mismo.
La intensión era más que clara en sus palabras y eso en cierta forma la aterrorizó. Sus palabras habían sido duras y sumamente frías e inhumanas y por unos segundos Kassia no dudaba de lo que era capaz de hacer.
Bien sabía que Alaric nunca había logrado desarrollar cariño hacia ella. Más bien la entrenaba solo porque se lo habían ordenado, pero en ese momento Kassia pudo ver claramente el odio que le tenía a la joven.
Un odio puro e inexplicable que por unos segundos la dejó anonada.
Afortunadamente un pequeño Slime azulado se interpuso en el camino, y rápidamente al verlo Alaric se apartó de Kassia y como si de una orden silenciosa se tratase se dió la vuelta y caminó sin mirar atrás hasta desaparecer en las penumbras de la Mazmorra.
Kassia suspiró aliviada y notó lo mucho que estaba temblando hasta ahora. No podía dejar de admitir que tenía miedo y al parecer el Slime lo notó y preocupado intentó hacerla levantar.
Kassia a duras penas se puso en pie y tuvo que apoyarse de la pared para poder avanzar hacia el interior de la habitación de la princesa, cuyo cuerpo yacía dormido como siempre.
Una vez en la cima de las escaleras las cuales subió prácticamente trepando, se permitió descansar sentándose en el escalón, justo frente de la pared de cristal donde seguía dormida la princesa Kassia.
—¿Estás bien? —le preguntó el Slime una vez cerca.
Kassia negó con la cabeza apenada por su creciente debilidad.
La princesa continuó hablando a través del Slime:
—Alaric suele ser muy brusco y frío, pero no te tomes tan a pecho lo que dice. En el fondo es un buen hombre...
—Hace mucho dejó de ser un hombre princesa —le interrumpió Kassia—. Ahora es solo un no-muerto. Una simple sombra de lo que alguna vez fué.
—No es así...
Kassia la volvió a interrumpir. La frialdad en su voz era más que notable:
—Tu eres peor. Finges preocuparte por mi pero en el fondo lo único que te importa es que me haga lo suficientemente fuerte como para poder contener tu poderosa alma.
Ante esas palabras un intenso silencio parecía haber engullido la Mazmorra completa.
Por unos segundos la princesa se quedó tiesa como una piedra, como si hubiese abandonado el cuerpo del Slime. Por breves segundos Kassia creyó que se había ido pero cuando menos lo esperaba habló:
—Entiendo..., tienes razón —manifestó provocando que la espalda de Kassia se tense notablemente—. Sin embargo me molesta que me lo saques en cara como si fuese la mala. Al final, ambas hicimos un trato ¿no? Yo me haría cargo de tu cuerpo, y a cambio te permitiría una muerte pacífica. No me digas que después de aquello, ahora tienes razones para vivir.
Kassia la miró con ojos agudos. Eran tan fríos como un témpano de hielo que parecían no temer a nada, aunque en el fondo le aterraba el rumbo al que era dirigido esta conversación.
—Quiero venganza. Lo sabes perfectamente.
—¿Venganza? —se preguntó la princesa removiendose en una risa juvenil pero sin gracia alguna—. Creí haberte ofrecido eso hace seis años.
Inmediatamente Kassia se puso en pie ignorando las protestas de sus músculos y con los puños apretados espetó con fuerza:
—¡No es suficiente! —una sonrisa maniática se formó en sus labios y una extraña aura se liberó desde su interior— ¡Quiero matarlos! ¡A todos!
La princesa dió un pequeño brinco ante la locura de la chica y por unos segundos dudó de su estado mental. Había sufrido mucho pero ciertamente estaba peor.
—Estás loca —bramó la princesa casi siseando entre dientes— Ya sabía yo que no estabas bien de la cabeza desde el principio, pero creo que ahora necesitas que te de una pequeña lección para que aprendas cual es tu lugar.
Dicho eso el suelo debajo de los pies de Kassia desapareció como si nunca hubiese existido y de buenas a primera se encontró cayendo en la oscuridad de la nada. Lo único que escuchó en los siguientes segundos fue su propio grito y la advertencia de la princesa en lo más profundo de su mente:
«A ver si eres capaz de sobrevivir sin mi»
Luego un fuerte golpe seco la hizo caer completamente inconsciente y todo se volvió aún más oscuro.
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Comments
Marina Hinostroza
Que va a estar motivada si solo quiere morir.
2023-11-20
1
Lucio Bravo
Kassia sigue en busca de venganza, ¿rayos que pasara ahora?
2023-07-23
1
Angie Olivera
Que locura!
2023-05-27
0