Tres años después.
Era una mañana cálida. El mercado rebosaba de personas más de lo normal, especialmente Héroes Legendarios que aún continuaban buscando la entrada de un laberinto que supuestamente se encontraba oculto en alguna parte de las montañas. Compraban por sobre todo equipamiento y pociones mágicas para revitalizar maná y curar heridas, por lo que el negocio estaba yendo muy bien para Maeves y Kassia las cuales juntas gritaban a los cuatro vientos las mercancías que tenían disponibles en el tumultuoso mercado central de la ciudad.
Nunca antes habían visto tan viva esta ciudad, y eso era bueno para el lugar y sus habitantes. De seguro el alcalde debía estar más que satisfecho.
El pequeño puesto de pociones de su madre poco a poco era rodeado por cientos de Héroes que buscaban las más fuertes y por lo tanto caras. Incluso hasta discutían y empujaban entre ellos para lograr comprar aunque sea un kit antes de que se acabaran. Por primera vez Kassia vió tantos héroes concentrados en un lugar que fácilmente podían llegar a ser cientos e incluso miles. Se dió cuenta que poco a poco el juego se iba volviendo más popular, provocando que seguramente más gamer de todo el mundo se interesen por su contenido.
Extraño, considerando que la historia no era muy diferente a cualquier otra de fantasía épica. Mientras estaba viva en el otro mundo, había jugado múltiples juegos de realidad virtual, y el último que logró terminar fue la versión Beta de un juego que pronto saldría oficialmente al mercado.
Sentada en una silla, observando como su madre atendía a sus clientes con una sonrisa y mano férrea para los negocios, volvió a mirarse en el pequeño espejo de mano plateado que su madre le había comprado como un regalo de cumpleaños. El tiempo había pasado sorprendentemente rápido en su perspectiva y poco a poco los cambios físicos se hacían más notables.
El cabello le había crecido tanto hasta llegar a la cintura y en ese momento lo tenía trenzado meticulosamente, controlando sus rebeldes rizos dorados que en ocasiones podía ser lacio, dependiendo del tiempo y la humedad del día. Una mirada azul le devolvió la vista a través del espejo y Kassia no pudo evitar sonreír. Era hermosa en todos los sentidos. Fácilmente hasta podría ser una princesa en este mundo.
Sus rasgos eran ferreamente caucásicos y en nada se parecía a la Mirai del pasado. Literalmente era como un ser salido de un cuento de hadas. No existía imperfecciones en su piel pálida y sus labios tenían un color semejante a las fresas. No tenía nada de que quejarse de su físico. Dios había sido muy bueno con ella.
Lo único que desentonaba era su aspecto. Vestía como una típica campesina y aunque ese vestido no estaba sucio, se notaba el desgaste y el uso a través de los años. Ni siquiera tenía colores elocuentes ni llamativos. Solo era de un color marrón tierra sin nada más especial excepto la intención de su madre, la cual todos los días luchaba y trabajaba mucho para tener una vida mejor.
Lo cierto es que la ropa era demasiado cara y solo los nobles o las Heroínas femeninas podían permitirse el armario lleno de trapos de calidad.
No estaban mal económicamente.
Habían corrido con suerte desde que llegaron a esta ciudad hace varios años y no habían tenido que encontrarse con ningún peligro o dificultad. Todos en el pueblo eran muy amables y no tardaron mucho en ayudarlas y hacerlas parte de la comunidad.
Con el tiempo Kassia decidió que intentaría olvidar la vida que tuvo en el pasado. Había obtenido la oportunidad de comenzar desde cero y aunque no fuese como ella esperaba y todo fuese una locura, era su vida y debía tratar de vivirla al máximo.
—¡Kassia! —gritó su madre por encima del bullicio, haciéndola reaccionar— .Necesito que me traigas más pociones, hay una caja en el fondo de la tienda.
—Si madre —espetó ella bajándose de la silla donde se encontraba sentada, detrás de la mesa de la recepción. Con el dinero de todos estos años, habían logrado comprar un pequeño establecimiento no muy glamuroso pero lo suficiente para tener un negocio.
Corrió hacia donde dijo su madre y arrastró la caja de madera llena de botellas transparentes con pociones de llamativos y chispeantes colores.
—Gracias amor —dijo su madre y procedió vendiendo más botellas.
Kassia suspiró aburrida y aprovechando que su madre estaba distraída, decidió ir a explorar un rato por la ciudad. Sonrió extasiada con un plan en mente y logró salir de la tienda oculta entre las piernas de los clientes, aprovechando su pequeño tamaño y contextura. Cuando logró pasar el muro de personas evitando por los pelos ser pisoteada, respiró aire fresco y comenzó a saltar de alegría por completar su primera misión. Puede que mentalmente ya fuese una mujer, pero de vez en cuando era divertido actuar como una niña normal.
Dió un vistazo a la calle y notó que esta estaba incluso más llena de gente que la tienda. Los negocios a ambos lados se llenaban en cuestiones de segundos y el bullicio de la gente llegaba a ser insoportable. Empezó a caminar con calma y a observar cada personaje que pasaba por su lado. Todos eran muy originales y portaban cada tipo de armas que a Kassia le intrigaba la clase de habilidades que guardaría en su interior. Los que la conocían, al verla pasar la saludaban enérgicamente, incluso una que otra anciana le regalaba algún dulce o aperitivo.
—Gracias —decía Kassia con una sonrisa mientras disfrutaba de su deliciosa piruleta.
Definitivamente era la niña linda del pueblo.
Continuó avanzando hasta que pasó por un callejón donde se encontró a varios niños que al parecer estaban molestando a otro.
—¡Déjenlo en paz! —gritó ella de inmediato, provocando sobresaltos en los niños los cuales al verla empezaron a correr despavoridos.
Cuando ya no los vió más, Kassia corrió hacia el niño tirado en el suelo, bañado de pies a cabezas por el fango de los charcos de agua y la basura en el suelo.
—¿Estas bien? —preguntó, ayudándolo a levantarse. Los ojos del muchacho se conectaron con los de ella y una sensación de deja vu la envolvió de pies a cabezas.
Imágenes de lo sucedido en su vida pasada la atravesaron como una daga en el corazón y de repente tuvo náuseas.
—¿Estás bien tu? —preguntó el niño de unos 9 años poniéndose en pie. Tenía el cabello castaño oscuro y raspones en todo el rostro. El verde de sus ojos se veía un poco apagado pero se veían grandes y honestos.
La tez de Kassia perdía poco a poco su color natural, volviéndose un color más enfermizo. Temblaba y respiraba pesadamente como si hubiese recorrido un gran maratón.
El chico la miró con extrañeza y la llamó nuevamente para hacerla reaccionar, pero parecía ida en sus pensamientos. Dió un paso hacia ella para tocarla pero Kassia se apartó bruscamente y corrió por donde vino, hacia la luz de la calle principal. El niño vagabundo la miró con una de sus pobladas cejas arqueadas. ¿Qué sucedía con esa niña?
Kassia corrió y corrió hasta que no pudo más y tuvo que parar en la misma plaza de la ciudad donde se encontraba una bonita fuente con la escultura de la Diosa Madre en lo más alto. Se sentó en el muro de la fuente, intentando recuperar el aliento. Cuando ya estuvo más calmada, apretó su mano en su pecho y cerró los ojos para intentar volver a ocultar todos esos recuerdos dolorosos.
Sabía perfectamente que el niño no tenía la culpa y que había sido irrespetuosa de su parte, pero no lo había podido evitar. Había entrado en pánico y los nervios los tenía por los cielos.
De repente empezaron a sonar las campanas de la Iglesia, sobresaltándola. Eso la alarmó enseguida ya que las campanadas solo anunciaban una cosa: Que alguien encontró una Mazmorra en las cercanías de la ciudad.
Los héroes cercanos al escucharlo empezaron gritar extasiados ya que para ellos las Mazmorras representaban todo tipo de aventuras, riquezas, misterios y enemigos que eliminar. Por un segundo Kassia los envidió, ya que vivían para lo que les gustaba y podían ir a donde quisieran sin temerle a los monstruos del bosque.
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Comments
Lucio Bravo
Pobre Kassi, no podra vivir tranquila con esos recuerdos, como me pone triste.
2023-02-18
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