No sabía cuánto tiempo había pasado, pero cuando Kassia despertó, aún veía todo al revés. La sangre se le había ido a la cabeza producto de la incómoda posición en la que se encontraba pero eso parecía no importarle a sus captores ya que le convenían que se desmayara y dejara de forcejear y luchar como una loca.
Levantó la cabeza levemente intentando distinguir dónde estaba y solo se encontró con una espesa vegetación y grandes cantidades de árboles cuyas copas parecían rozar el cielo.
—¿Crees que esto funcionará? —preguntó la bruja—. Sé que raras veces te equivocas pero...
—Es la única opción que nos queda por hacer —dijo el semielfo.
Al escucharlo enseguida Kassia reaccionó presintiendo lo peor y empezó a forcejear nuevamente. Esta vez logró golpear al Assasin y este molesto la soltó bruscamente, casi tirándola con desdén. Al por fin estar libre y derecha, logró ver el lugar en donde estaban y lo que vió frente a sus ojos la dejó anonada.
Un enorme portón protegido por enormes espinas se presentó frente a sus ojos y no pudo evitar tragar en seco. Después de todo, nunca había visto en primera persona la típica puerta de una Mazmorra.
Repentinamente un hombre con cuernos y dientes puntiagudos que sobresalían de su labio inferior, interrumpió la vista de Kassia, levantándola de sus brazos amarrados por sogas como si no fuera nada más que basura.
Jeff la observó con cierto desdén, como si no fuese la gran cosa.
—¿Estás seguro de que son de la realeza, Martin? —preguntó un tanto dudoso.
Martin, que resultó ser el semielfo segundo al mando, respondió a la pregunta con un asentimiento de cabeza.
Maeves, que hasta ahora había estado inconsciente, despertó repentinamente al escuchar tantas voces desconocidas a su alrededor y al ver tantos Héroes observándola fijamente, la alertó de sobremanera y la hizo reaccionar. Se encontraba tirada en el suelo, cerca de un árbol, pero al ver a su hija al otro lado del campo, siendo maltratada, enseguida el miedo en sus ojos reaccionó, transformándose en una mujer completamente diferente. Intentó gritar pero tenía una mordaza en su boca, por lo que trató ponerse en pie. Alguien más se lo impidió, golpeando su cabeza contra el árbol.
—¿A donde creías que ibas? —preguntó la bruja de cabello violáceo con una sonrisa psicópata adornando sus labios pintados de rojo, sosteniendo con fuerza el rostro de Maeves contra la corteza del árbol sin importar que un hilillo de sangre cayera de la parte golpeada.
Los ojos de Kassia se abrieron de tal manera que parecían estar a punto de salírsele de las cuencas. Empezó a gritar y a forcejear con más fuerza, sin quitar los ojos de su madre la cual era maltratada por esa bruja prepotente.
Miró a su alrededor, intentando buscar ayuda entre los presentes pero nadie hizo nada al respecto. Miraban lo sucedido con cierta pena pero nadie hablaba ni hacia algo. Después de todo solo se trataba de unos simples NPCs de un juego que se suponían que no eran personas reales, solo una inteligencia artificial programada para seguir un determinado guión en el juego.
—Arianna, déjala en paz —ordenó Martín, con un suspiro de cansancio.
La bruja lo miró como si estuviese mal de la cabeza y refutó:
—¿Y ahora a ti que te dió? Solo es una estúpida NPC, no es una persona de verdad. Podemos hacer lo que queramos con ella...
—¡Es mi madre! —gritó Kassia con todas sus fuerzas, llamando la atención de todos los presentes. Lágrimas caían de sus ojos como agua—. Por favor, no hablen así de ella... Ella siempre estuvo a mi lado... —su voz se quebró por el llanto— Se los suplico, déjennos en paz...
El hecho de que hablaran así de ella la molestaba mucho. Aún desconocía muchas cosas de este mundo, pero si de algo estaba segura, es que los NPC eran personas muy reales con diferentes personalidades y sueños como un humano del otro mundo. Prueba de todo ello era ella misma, que había muerto en el otro mundo y había renacido en este con todos sus recuerdos intactos, pero en una nueva vida donde podía empezar de cero.
En esta nueva vida había tenido la oportunidad de tener una madre igual de maravillosa que su madre anterior, y eso era una oportunidad que no muchos tenían el placer de recibir.
—Gritas bastante, para ser una simple NPC —dijo Jeff, el jefe del gremio, el cual aún sostenía a Kassia en el aire—. Nunca dejo de sorprenderme de este juego. Los programadores se esfuerzan mucho desarrollando a los personajes no jugables. ¿Me pregunto cuánto dinero gastarán con solo eso?
—¡No soy una NPC! —gritó ella nuevamente— Soy una persona...
—¡Ya cállate! —la interrumpió Jeff dándole un fuerte puñetazo en el estómago que le quitó todo el aire que guardaba en sus pulmones— Odio a los niños berrinchudos.
La soltó con desdén y Kassia cayó al suelo sin fuerzas, vomitando saliva y sosteniendo su vientre adolorido. El golpe fue tan fuerte que sus puntos vitales bajaron casi un 50%. Si recibía otro seguramente su cuerpo actual no aguantaría mucho y moriría. Después de todo los Héroes son mucho más fuertes y resistentes que un simple NPC como ella. Y más siendo una niña.
Otro grito se alzó entre la multitud. Era Maeves la cual no dejaba de forcejear contra la bruja y gritaba para poder llegar con su hija.
Arianna la controló rápidamente dándole una fuerte cachetada que por poco vira su cuello. Un hilillo de sangre salió de su nariz y el escozor en su mejilla ardió demasiado. Sus estadísticas vitales bajaron peligrosamente un 20% y aunque no era mucho, había logrado dejarla sumamente aturdida.
El sabor a hierro inundó su boca y tuvo que escupir dos dientes que se habían desprendido. Ahora mejor que nadie, era testigo de lo fuerte que era un Héroe, incluso una mujer como Arianna, de apariencia aparentemente débil.
No podía hacer nada contra ellos.
No podía proteger a su hija.
¿Por qué diablos le sucedía esto?
¿Por qué?
—¡Oye Martin! —le gritó Jeff caminando hacia su segundo al mando con las manos en las caderas— ¿No dijiste que solo los que tienen sangre real podrán abrir la mazmorra? ¿Como lo hacemos?
El semielfo volvió a colocar su puño debajo de su mentón con expresión pensativa, mirando fijamente a Maeves.
Una idea iluminó su rostro y sonrió de medio lado.
—Creo que deberíamos sacrificarla y salpicar su sangre en la puerta —dijo sin más, como si matar a una persona no fuese nada del otro mundo. Los ojos enrojecidos de Kassia se abrieron como platos al escuchar aquello— Si eso no funciona, tenemos a la niña para un segundo intento.
—Ya veo, tiene sentido —dijo el líder aceptando la idea de su segundo— Kihito, creo que eres el más factible para encargarte de ella —ordenó hacia el Assasin el cual sonrió satisfecho por la decisión de su jefe y avanzó hacia Maeves.
—¿Por que no puedo hacerlo yo?—protestó Arianna.
—No podemos tomar el riesgo de contaminar su sangre con tu magia —explicó Martin de inmediato— Uno nunca sabe con este tipo de Mazmorras.
Arianna hizo un puchero disconforme y soltó a Maeves de mala gana, permitiendo que Kihito se encargara de ella.
—No... —siseó Kassia con voz ronca y ahogada. Aún no se había recuperado del golpe pero aun así intentaba arrastrarse hacia su madre.
Kihito agarró con brusquedad el brazo de Maeves, obligándola a levantarse. Esta gimió aun adolorida y con sus manos amarradas, prácticamente la arrastraba hacia la puerta.
—No... ¡No por favor, no! —empezó a gritar y a forcejear con todas sus fuerzas pero su lucha era inútil contra él. La mordaza que cubría su boca ya se había soltado con tanto forcejeo y por el golpe de la bruja. No le costaba mucho arrastrarla por el suelo como si no pesara absolutamente nada.
—¡Mamá! —gritó Kassia llamando su atención. Maeves la miró y sus ojos se humedecieron aún más por las lágrimas.
—Por favor... —suplicó Maeves con la voz entrecortada por el llanto. Su corazón latía con fuerza dentro de su pecho y el miedo la dominaba, pero aún así no dejaba de pensar en el bien de su hija mientras la arrastraban por el suelo— Por favor, se los suplico... Pueden matarme y hacer lo que quieran con mi cuerpo... Pero.... no dejen que mi hija vea... Se los suplico... ¡Por favooorrr!
—¡Mamii! —chilló Kassia intentando levantarse pero sus piernas no le respondían. No podía moverse en absoluto. Solo podía llorar impotente. No quería ver lo que estaba a punto de suceder, pero no podía retirar la mirada. Estaba paralizada y no dejaba de temblar. Nunca antes había sentido algo como eso, mucho menos en su anterior vida.
El tal Kihito obligó a Maeves a ponerse en pie y la empujó con fuerza, golpeando su espalda contra el gran portón que superaba diez veces su tamaño. Desenvainó la espada corta que colgaba en su espalda baja. Era una hoja de color plateado cuyo mango no tenía nada de especial, excepto que tenía un aspecto levemente curvado hasta la punta.
Maeves unió sus manos temblorosas y comenzó a suplicar. Era consciente de lo que iba a pasar pero solo deseaba una cosa.
—Por favor se los suplico, no dejen que mi niña vea esto... Por favor... ¿Cómo pueden ser tan crueles?
Kihito frunció el entrecejo un tanto molesto y chasqueo sus dientes resignándose.
—Maldición, ¡Petra! —gritó llamando a alguien en particular entre el grupo de Héroes.
—¿Si?—respondió una chica vestida con túnicas de sacerdotiza y de aspecto torpe. Su kimono era blanco y rojo, holgado en la parte baja hasta sus pies.
—Cúbrele los ojos a la niña, no dejes que vea —ordenó y la tal Petra no tardó en obedecer. Corrió hacia la niña y la puso en pie para cubrir sus ojos con su mano.
—Gracias —dijo Maeves con una sonrisa triste adornando su rostro y cerró los ojos esperando lo que ya sabía que vendría.
Kassia no dejaba de temblar entre los brazos de la tal Petra. Miles de recuerdos no dejaban de pasar por su mente. Recuerdos de momentos que había compartido con su madre, desde la primera vez que la vió cuando nació en este nuevo mundo, hasta todas las veces que su madre curaba sus heridas cada vez que se caía mientras jugaba.
Todos eran recuerdos hermosos, que pronto serían manchados y transformados en algo muy doloroso. Un extraño sentimiento nació en su interior. ¿En serio permitiría esto?
Había perdido su vida de manera miserable en su anterior vida, y ahora perdería lo más importante que tenía en este mundo. ¿Por qué le sucedían estas cosas? ¿Por qué Dios se empeñaba tanto en hacerla sufrir de esta manera? ¿Era acaso esto lo que quería? ¿Que sufriera en todas sus vidas de manera miserable?
"No es justo."
"Yo siempre soy la víctima."
"Estoy cansada de serlo."
"No, ya basta..."
—¡Noooo! —gritó fuertemente Kassia removiéndose en los brazos de la sacerdotisa, provocando que la mano caiga de sus ojos, justo cuando la espada de Kihito caía, cortando el cuerpo de Maeves, liberando una gran cantidad de sangre que salpicó efectivamente en la puerta.
Al ver aquello Kassia se paralizó de pies a cabeza, como si le hubiesen dado pausa a ella en especial.
Todo a su alrededor transcurría en cámara lenta mientras veía como el cuerpo de su madre caía lentamente al suelo, sin dejar de observarla a ella con su característica sonrisa maternal adornando sus labios.
Se quedó unos segundos en el suelo, mientras la sangre la rodeaba lentamente, respirando a duras penas, mientras que la barra de vitalidad encima de su cabeza disminuía alarmantemente rápido, y hasta que llegó a cero, su pecho dejó de moverse y sus ojos perdieron el brillo y el optimismo que siempre la caracterizaba.
Había muerto definitivamente.
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Updated 92 Episodes
Comments
Marina Hinostroza
Muy canallas los "héroes"
2023-11-20
3
Angie Olivera
Wow que bárbaro
2023-05-27
0
Lucio Bravo
Chale pobre de Kassia, perder a su madre frente a ella, todo lo que tiene que sufrir, ojala y los mate a esos aventureros.
2023-02-20
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