Nuevos Visitantes

A la isla de los Robinson, como era bien sabido, no se podía ingresar, sino con una invitación previa. Solo los elegidos podían entrar. Era más que una norma, decisión que solo la fuente podía tomar y solo ella a través del oráculo, quien definiría quien sería invitado o no.

La fuente tenía el mandato supremo en el macrocosmos, en el más allá, donde solo los creadores podían ejercer funciones de mandos sobre estos y otros planos ancestrales.

El alma trasciende y el espíritu se eleva a un espectro amplio de mundos ancestrales. El cuerpo era el canal, por el cual, se adhería la materia al plano terrenal.

La fuente desprendía fuego y las antorchas con llamas azules anunciaban que había llegado un mensaje de la fuente. Cristina, se había percatado de eso, la reina diosa, pudo observar y sentir que vendrían nuevos visitantes a la isla, eran otros elegidos que ocuparían sus respectivos cargos y tronos dentro del controversial y polémico olimpo.

Los dioses no paraban de procrear y satisfacer sus caprichos carnales, como dioses decidían el futuro de la humanidad que ellos mismo habían creado, en cierto modo Zeus el responsable de muchas cosas, pero ¿quién? Cuestiona las acciones de un dios. Nadie se atrevía a hacerlo, el miedo se apoderaba de los mortales, de solo pensarlo.

Cristina siguió caminando hacia cueva, al santo manantial, pero esta iría sola, sin la presencia de Pedro, ni de Jennifer, aunque eran dioses también, ella prefirió, no decirles.

Los nuevos dioses aún tenían mucho que experimentar, creyó cristina.

Al entrar a la cueva, como siempre se abrió una pared de piedra y como era de esperarse, el agua era azul y el poso desprendía llamas azuladas. Cristina se acercó y proyectó su mano hacia el agua y se conectó a la fuente, sus ojos se tornaron de un azul intenso con llamas vivas en movimientos, sus pupilas parecían dilatadas, como cuando una persona estaba en trance espiritual.

-Se ha elegido a dos parejas, la invitación fue enviada, recién llegaron por el mar y están en busca de aventuras, espero los recibas como siempre y le des la más cordial bienvenida reina, así habló la dama del lago, brindando la información y dando instrucciones sobre la bienvenida a los nuevos huéspedes.

Los nuevos visitantes venían de Chicago, la mujer era doctora y el hombre era ingeniero informático, ambas parejas, que se habían conocido por sorpresas del destino, al punto tal que fue amor por primera vista.

Cristina recibe el mensaje y se retira haciendo una reverencia hacia la fuente, proyecta su mano sobre la pared de piedra y al salir se cerró sola. Cristina iba caminando con una dulce y picardía sonrisa. Su cuerpo se movía más de la cuenta, como siempre, su cuerpo desbordaba sensualidad y sus ojos azules e impactantes transmitían poder y dominio.

Nadie podía mantener fija la mirada con cristina, Jennifer si pudo, pero Pedro, ni siquiera se había fijado del color de sus ojos. La mirada hacia Pedro era distinta a cada persona, pero algo si era cierto, Pedro era una persona muy controlada con el manejo de las emociones y eso le daba cierto temor a Cristina, que estaba acostumbrada a doblegar con lo más profundo de su mirada.

Sus ojos hablaban por si solos y su mano completaba sus acciones, no había objetos que no pudiera mover, por más pesado que fuera, su fuerza venía desde adentro, en su interior estaban o más profundos secretos nunca antes visto, sin embargo, nunca se apartaba de su cetro, tenía un rubí, que le amplificaba su poder. Su frente también se adornaba con un rubí, lago de especial tenía el mineral y de la forma en que se manifestaban sus poderes, era todo un misterio por descubrir.

Mientras tanto, en una cabaña, se encontraba la pareja elegida, que venía de Chicago, EEUU, Ella la Dra. Nancy Villegas, de especialidad psicóloga, y el Tulio Mejía, de especialidad ingeniero en sistema y programador, decidieron pasar sus vacaciones en Hawái, vendrían en busca de aventuras con mucha adrenalina.

Alguien llama a su puerta, Tulio decidió ir y al abrir solo dejó pasar el soplo del aire que había de momento, no había nadie en la puerta, pero al bajar la mirada encontró una carta, se agachó a recogerla y cerró la puerta.

-Quien era Tesoro?, pregunto Nancy

-Alguien tocó y dejó esta invitación Cariño, respondió Tulio.

Tulio abrió la carta y la leyó en voz alta

- Señores. Nancy Villegas y Tulio Mejía\, tengan la más cordial bienvenida\, nos complace hacerles la invitación\, la isla de los misterios\, para el día de mañana\, en la puesta del sol\, los esperamos\, habrá una embarcación esperándolos. Con mucho gusto Cristina Robinson

-Es una invitación a la isla de los misterios, Tesoro, hay que ir, dijo la Dra., fuimos elegidos, muy emotiva, respondió Nancy

-Suena a mucha aventura y misterio, cariño, lo que estábamos buscando, dijo Tulio, muy emocionado también.

Se abrazaron con pasión y poco a poco fueron cayendo al piso, como dos borrachos enamorados. Esa noche saciarían su sed de amor y pasión, se comerían como leones en plena casería.

Ella vestía con un conjunto de ropa íntima de tigresa, hilo y sostén tipo brasier, se veía muy hermosa, sus piernas se adornaban con un tatuaje de un esqueleto, mordiendo una rosa bella y radiante.

Tulio vestía de bóxer y estaba dotado de un cuerpo atlético y fornido, parecía un gladiador en plena acción, solo le hacía falta el casco, pero el sable estaba listo para desenfundarlo de su vaina y hacer su mayor hazaña en batalla.

Nancy hacía de gatita traviesa y se escapaba gateando y daba saltos, cuál felino seductor, hasta que el guerrero salió al asecho y empuño su sable con fuerza a su víctima, causándole gemidos y fuertes gritos, como si fuera el último momento de su vida. El cazador se deleitaba al ver la expresión de su presa, su rostro reflejaba goce, disfrute combinado con pasión y lujuria.

Las ventanas se empañaron de vapor y de tanto amor, el lugar olía a rosas, parecía un rocío de amanecer.

Amanecía pronto y la cita se hacía cada vez más cerca. El tiempo transcurrió tan rápido que no nos habíamos dado cuenta, faltaban casi 2 horas para partir a la isla, nos esperaba un barco para llevarnos. Nos organizamos y salimos a nuestra cita.

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