Para cuando volvían a la residencia de Efran, Rafael mostraba una expresión de satisfacción habiendo la pasado de maravilla en la casa Borbon, pero no había dicho palabra alguna desde que ambos subieron al carruaje y por más que Efran lo mirase con intensidad para hacerlo hablar, el otro no se daba por aludido y en cambio se entretenía desabotonandose la camisa luego de haberse desecho del abrigo.
La paciencia del más joven en ese momento era nula, por lo que, ya exasperado lo suficiente ante la aparente desición de su creador a no decir palabra alguna, optó por cuestionar directamente.
—¿Y entonces?
—Y entonces, ¿qué?
El rubio giro a verlo, mostrándose confundido ante las palabras del pelinegro, pero Efran sabía que tan solo estaba actuando y que, por supuesto, sabía a lo que se refería, sin embargo decidió seguirle la corriente y no demostrar su exasperacion, pues era concientes de que de no hacerlo así, Rafael podría hacerse el enfadado y no decir nada hasta que llegarán a la mansión.
—¿Cuál es tu opinión en base a lo que viste en la fiesta?
—Sobre eso, tengo una muy amplia idea acerca de cada uno de los familiares consanguíneos de tu amada, y me atrevo a decir que, en base a mi análisis, todo está inclinado a favor tuyo.
Esas palabras consiguieron mejorar el ánimo del pelinegro, que pronto quiso saber más, irritandose ante la mala costumbre del rubio por mantener el suspenso al guardar silencio unos minutos luego de haber liberado palabras tan intrigantes como aquellas.
Inclinándose aún más hacia adelante en su asiento frente al otro, Efran le insto con ahínco que siguiera hablando.
—¿Eso te pareció, en serio? Vamos Rafael, dame los detalles de una vez y déjate el misterio para otra ocasión.
—Está bien, haré lo que me pides solo porque soy benevolente y me gusta que te quede claro. Aquí va: según a mi análisis sobre los Borbon —y sabemos que es muy certero, pues yo soy perfecto en esta área— puedo decir que no encontrarás verdaderas dificultades para conseguir ser nombrado el futuro esposo de la señorita Eleonora.
»Ahora te revelare mis opiniones sobre cada uno de los Borbon, incluyendo al recién marido de la hermana mayor y —por supuesto — al actual prometido de tu adorada.
Tras esas palabras, el ojiverde saco un papel tipo pergamino del bolso que siempre llevaba en el asiento del coche con algunas de las cosas que, él consideraba, podrían ser de utilidad en el camino. Del mismo bolso saco un cuadrado de madera y por último una pequeña caja del mismo material de la cual extrajo una pluma y un frasquito de tinta y comenzó a escribir velozmente, apoyando el pergamino en el cuadrado de madera.
No demoró ni diez minutos cuando le pasó el papel a su acompañante luego de soplarle un poco para que la tinta secará.
—Cuidado, la tinta aún está algo fresca; no querrás mancharte ni mucho menos volver a esperar hasta que vuelva a anotar todo si lo arruinas, ¿no?
Efran tomo el papel entre sus manos con cuidado de no tocar lo escrito—¿No podías solo decírmelo?, ¿era necesario escribirlo? Ni siquiera te acabaste el papel.
La ceja izquierda del mayor se elevó un poco al tiempo que este se cruzaba de brazos.
—Solo léelo, más tardas en cuestionar mis desiciones que lo que yo tarde en escribirlo.
Y sin más para decir, Efran volvió su mirada a las palabras con fina caligrafía en el papel.
...Se leía:...
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