La impecable invitación en su mano termino aplastada entre su puño tras un arranque de irá incontrolable.
Efran Leroti no podía creer lo que había leído en ese pequeño papel: era una invitación formal a la fiesta de compromiso de Eleonora Borbon con Marquias Santivan, que se llevaría a cabo una semana después de la boda de Karime Borbon con el señor Estaban Pasivel —a la que también había sido invitado —, la cual se celebraría en tan solo cuatro días.
Algo en él ardía, haciéndolo sentir molesto sin comprender el porque; en realidad, sí que lo comprendía, pero era ilógico que estuviera celoso por la noticia de Eleonora comprometiéndose con otro siendo que fue él mismo el encargado de alejarla, presisamente con el objetivo de que se olvidará de él y por su parye olbidarla a ella. Pero ahí estaba, arrojando cosas contra la pared y tumbando costosos jarrones —que databan de más años que él mismo— contra el lustroso suelo.
Ni siquiera podía comprenderse a sí mismo en ese momento, pero por sobre todo estaba molesto con la mujer: ¿Cómo era que se había comprometido con alguien tan pronto? ¿Tan fácil le fue olvidarse de él y conseguirse a otro? Él no era una pieza fácil de reemplazar y en cambio ahora estaba siendo sustituido por un hombre que de ninguna manera podría compararsele, ni en atractivo, ni en posición social.
Además, había algo que no terminaba de entender, y es que no podía ser posible que alguien más se hubiera atrevido a acercarse a Eleonora —no por algún problema en ella, sino más bien por lo sobreprotegida que era—, incluso llegando a pedirle matrimonio. ¿Dónde había quedado el hermano sobreprotector que parecía desear enviarla a un convento? ¿Acaso había decidido que ese tipo era lo mejor para ella, o era que ese tal Marquias no había temido a Aurelio Borbon y se había acercado a ella así como él lo había hecho?
En ese momento, un pensamiento lleno su mente, dejándolo sorprendido y más colérico de lo que de por sí ya estaba. Había la posibilidad de que Marquias se hubiera aprovechado de la oportunidad que el mismo Efran había creado al enfrentarse al hermano mayor de Eleonora y exigirle mayor libertad para la joven, por lo que, de ser ese el caso, todoe ese asunto del compromiso era de hecho, por causa suya.
Debería sentirse satisfecho de haber ayudado a la mujer con sus preocupaciones porque su hermano nunca le permitiera casarse y descubrir el amor por su propia experiencia; todavía más, debería sentirse contento de que su plan funcionará de maravilla y a la joven no le hubiera pesado su ausencia y encontrará pronto a alguien más para cumplir sus sueños.
Pero lejos de sentir satisfacción, dicha y libertad; se sentía molesto, contrariado y traicionado.
Si antes había creído que alejarse de Eleonora era lo mejor para ambos, ya no más. Tal vez si era lo correcto, pero no podía soportarlo, su cabeza no podía dejar de pensar en ella y extrañarla pesé a lo poco que se conocían, era como si lo hubiese hechizado y odiaba la idea de permanecer lejos por más tiempo, imaginandola siendo feliz con otro, y sufriendo al pensarla entre los brazos de un hombre que no era él, hombre que estaría recibiendo los besos que nunca han sido suyos.
No iba a permitir esa boda, haría hasta lo imposible para evitarla y conseguir a la chica que no había podido borrar de su memoria.
Y lo imposible para él en realidad era un sacrificio a su propio orgullo, pero valdría la pena y era lo único verdaderamente grande con lo que podría tener de vuelta a la joven aun cuando le costaría mucho hacerlo; Incluso cuando se había prometido a sí mismo nunca aceptar nada de ese hombre.
Tendría que darse prisa y viajar a la ciudad vecina esa misma noche si quería llegar a tiempo para cancelar el compromiso de Eleonora antes de la fiesta del mismo, o mejor dicho, para sustituir al prometido de la joven por él mismo. Para su ventaja, hacía menos de una semana que se había enterado de la repentina visita de ese hombre a la ciudad que estaba a dos días de distancia de ahí, por lo que se daría prisa y con suerte estaría allí dentro de dos anocheceres más.
Para protegerse del sol, se vería obligado a descansar en las posadas dispersas por el camino, pero debido a su velocidad, contaba con llegar a tiempo para persuadir a ese sujeto y volver antes de la fiesta de compromiso.
Su viaje fue presuroso y cansino, no obstante, una vez que hubo llegado a su destino no perdió tiempo y se dirigió con premura a donde sabía que encontraría al príncipe de Everkal y su creador. El vampiro que lo había traído a ese mundo de tinieblas y sed de sangre, y que lo había hecho pasar por su propio hermano ante la sociedad mortal: Rafael Buganlo de Everkal.
—Efran, no esperaba tenerte aquí, bienvenido a mí humilde morada. Y dime querido mío, ¿cómo te está llendo lejos de mí? ¿Acaso la hermosa Amanda se encuentra tan agobiada en deberes que no puede venir a verme también?
—Amanda no está conmigo.
—¡Cierto! Olvidaba que te dejo hace un año para disfrutar de los placeres mundanos con cada espécimen que se le cruce en el camino.
El crujir de los nudillos de Efraín fue lo único que recibió como respuesta, sonriendo con autosuficiencia al haber conseguido enfurecer a su cría con tanta facilidad.
Paseo su mano derecha enjoyada con un anillo en cada dedo —todos igual de extravagantes y llamativos a excepción del pequeño que descansaba en su anular— por sus largos y rubios cabellos —casi castaños— antes de tomar la palabra otra vez, en esta ocasión, con la seriedad que parecía requerir al tener a su novicio rebelde ante su presencia sin él haberlo ordenado.
—Está bien, olvidemos eso. ¿A qué debo el honor de tu inesperada visita? ¿Te has decidido a aceptar tu posición como mi pequeño hermano y aceptar los cargos y beneficios que eso conlleva?
—Estoy aquí porque necesito tu ayuda, Rafael. La ayuda que puedes brindarme con tu posición como príncipe de Everkal.
—Vaya, esa sí que es una enorme sorpresa. Creí que habías dicho que no te interesaba ninguna ayuda que procediera de mí.
—¿Vas a hacerlo o no?
—Eso depende de lo que se trate.
El vampiro rubio estaba demasiado curioso para entonces, ansioso por descubrir la razón que llevo a su cría ante él esa noche para solicitar su ayuda, sintiendo la irritación de verse privado a saber los pensamientos de los de su propia especie. —Debe ser algo grande para que estés aquí, desesperado por mi ayuda.
—Exageras demasiado las cosas.
—¿Es así?
Cruzó las piernas de manera que su pantorrilla izquierda quedó sobre su rodilla derecha, sentado en el mullido sillón individual de su lujoso salón privado; descansando su bello rostro varonil sobre la mano derecha y mirando con mi ntensidad al vampiro más joven, luciendo una reluciente sonrisa gatuna al ver la indesición danzar por un segundo en el rostro de su hermano.
Efraín, que permanecía de pie frente a su creador, dudo por un momento en lo que estaba haciendo, no sintiéndose seguro de confiar en ese ser de proceder astuto, pero la desconfianza duró poco al recordar que no le tenía mucho tiempo y sabiendo que de ninguna manera permitiría que Eleonora se casará con alguien más que no fuera él.
—A la segunda semana de mi llegada a Palevor —más precisamente a la ciudad de Alverpor—, conocí a una hermosa joven mortal de cuyo aroma quedé prendado.
Al principio deseaba beber su sangre, pero hubo algo en su personalidad y manera de sentir que me hizo sentir identificado con ella y no pude beber su sangre; le ofrecí mi amistad e incluso cene con su familia, pero entonces fue cuando caí en la cuenta de que pensaba en ella más de la cuenta y me era imposible no percatarme de su presencia o notar su ausencia más que de ninguna otra persona.
»Decídi que ese interés era peligroso y opte por poner distancia entre nosotros creyendo que era lo mejor para ambos, pero ahora me entero que ella está por casarse y celebrar su fiesta de compromiso dentro de poco...
—¿Y no lo quieres? ¿Te arrepientes ahora de tu comportamiento anterior y deseas arruinar el compromiso?
—... Sí.
—¿Te das cuenta de lo qué dices? ¿Le arruinaras la boda a esa joven solo por tu capricho y después qué, Efran? ¿Llegará otro y lo alejaras igual? ¿Causaras que quedé soltera por lo que le reste de vida? No te tenía en ese nivel de egoísmo.
—Pienso casarme con ella, Athos.
El rubio se incorporo en su lugar, demasiado sorprendido por los planes de su cría y demasiado indignado por ser llamado por su verdadero nombre, que hacía tiempo no usaba, con ese tono de reto en el más joven.
—¿Estás loco? ¿Cómo piensas casarte con una mortal?... Efran, ¡¿le has contado algo sobre nosotros?!
Athos se puso de pie enfurecido, acercándose unos paso a su novato de manera intimidante. Pesé a eso, Efran no se intimidó y en cambio se enfureció también ante la insinuación.
—¡¿Me crees estúpido?! Por supuesto que no lo hice.
—¿Entonces? ¿Te casarás con ella y luego planeas revelarle lo que eres y transformarla? Porque créeme que no podrás ocultarselo por mucho tiempo si contraen matrimonio, y un mortal no puede poseer tal información; una cosa son las leyendas e historias que cuentan para asustarse y otra es la certeza de nuestro existir. Tendrás que transformarla.
—¡NO! No pienso hacer eso. Me casaré con ella y viviré como su esposo hasta que muera; cuando sea demasiado obvio que somos diferentes, cuando él blanco comienza a teñir sus cabellos y las arrugas adornen su bella piel, mientras que el mío permanezca negro como la noche misma y mi piel siga tan impecable y pálida como la noche en que me convertiste, entonces me encargaré de ella dependiendo de cómo se torne la situación, pero ten por seguro que no representará un peligro para los de nuestra estirpe. Te lo juro por mi honor, y que sufra el castigo que te apetezca mejor si fallo en mi palabra.
El rubio volvió a asombrarse como llevaba haciendo desde la llegada de su joven cría, más impresionado tras su terquedad con el tema, dispuesto a refutar sus palabras y reclamar lo insensato y riesgoso de su plan, pero pronto un pensamiento paso por su mente antes incluso de que pudiera abrir la boca.
—Efran, ¿existe la posibilidad de que esa mujer mortal sea tu destinada?
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