—¿Mi..., destinada?
—Por lo qué me has contado, me parece que esa podría ser la explicación más lógica.
—Es imposible; tú más que nadie sabe lo improbable que es eso. Sabes qué pienso sobre ello: es una tontería y una ridiculez inventada por un vampiro que ansiaba poder justificar su absurdo amor por una aldeana mortal.
El rubio asintió lentamente mientras volvía sobre sus pasos y tomaba asiento otra vez.
—Sé lo que piensas del tema, pero debes recordar que existe un considerable número de nuestros hermanos que afirman la veracidad de los destinados como para que lo tomes a la ligera y te convenzas de que no es verdad.
—Tan solo son ocho de ellos.
Para Efran, esa conversación no estaba teniendo ningún sentido y solo perdían el tiempo en tonterías, pero su creador parecía creer en verdad en esa posibilidad y no parecía dispuesto a permitir un cambio en la conversación.
—Te equivocas, son solo ocho los que ahora están junto a su destinado, pero han sido muchos más los que consiguieron la dicha de encontrarse con la criatura elegida por la diosa Monrea para ser su otra mitad.
»Dime, ¿ella correspondió tus atenciones?
—Sí, incluso me dí cuenta al inmiscuirme en su mente que llegó a pensar en que le propondría matrimonio y parecía entusiasmada por eso.
—¿Y sí la razón de ese nivel de interés a ti es precisamente porque eres su destinado?.
—No lo creo, en primer lugar no era la única que tenía ese propósito, muchas jóvenes de la ciudad lo deseaban y ella no tendría porqué ser la excepción, sería además muy conveniente para ella por varios motivos; y en segundo lugar —según lo que creo conforme a lo que percibí y que me pareció lógico—, ella solo imaginó que yo podría estar planeando pedir su mano dadas las alusiones a ello otorgadas por su propia familia y allegados, así como por los rumores de los demás, que en conjunto lograron crear la idea en su cabeza.
—No estoy convencido —agrego el mayor, con una mano posada en su barbilla en gesto pensativo—. Piénsalo, Efran; la manera extraña en que te atrajo su olor pero aun así no fuiste capaz de morderla, el que te identificarlas con ella y no puedas sacartela de la cabeza. Tu mero comportamiento con eso de la boda ya me dice suficiente.
—Aclaremoslo por puntos: No sería la primera vez que un olor me atrae en especial, y no la mordí precisamente por el segundo punto —me identifique con ella—; tan solo me ví reflejado por su manera de pensar que me hizo recordar a mí tras ser convertido; por último, no puedo sacarla de mí cabeza porque todos esos puntos con su atractivo aspecto físico y su personalidad lograron cautivarme al punto de sentirme algo enamorado, como a cualquier mortal en su sano juicio le ocurriría.
—Efran, tú no eres un simple mortal.
—No, pero sabes muy bien que poseo una vena de romanticismo mortal que no ha hecho más que mortificarme hasta ahora.
Era verdad, el vampiro más joven siempre había anhelado un amor eterno y no momentáneo —como eran la mayoría de relaciones en los de su especie, solo exceptuando a los que tenían a sus destinados—, pero dadas las maneras de guiarse en los vampiros por sus largas existencias, no había encontrado a la pareja que compartiera su deseo; su última amante había sido Amanda, y quedó evidente que no había sido la diferencia, dejándole claro a Letoti que era tiempo de aceptar su realidad y resignarse.
—Hermano, deja de engañarte a ti mismo, puede que yo esté equivocado, pero tú debes aceptar que existe la posibilidad de que esté en lo correcto.
O es qué, ¿solo por un enamoramiento frágil, como lo suelen ser los mortales, piensas robarle la mujer a ese hombre para casarte tú con ella? Si es así, entonces olvídalo, no pienso ser partícipe de semejante tontería insensata que me haría perder el tiempo.
—El tiempo te sobra, Athos, y no soy tu hermano. Tienes que hacer esto por mí, sabes que te conviene, podrías pedir lo que sea después de ayudarme.
—... No es suficiente; como tú lo has dicho: el tiempo me sobra, puedo esperar pacientemente, ya llegará el momento en que vuelvas a necesitarme y podré cobrarme ese favor como me convenga, pero no ésta ocasión. No para esto.
Athos volvió a ponerse de pie, hizo un amagó de despedida con la mano, dando el tema por cerrado y comenzando a caminar hacia la gran puerta en el lado contrario por dónde había entrado Efran, dispuesto a marcharse a continuar con las labores que, consideraba, valían más la pena que lo que había llevado a Efran ante su presencia.
Su novicio se desesperó ante tal rumbo de la situación y en su desesperación camino detrás de su creador y le llamo en voz a grito pesé a que la cercanía y el oído super desarrollado del otro hombre no requerían tal tono de voz.
—¡Rafael! ¡Espera, Rafael! —cuando consiguió que el otro detuviera su marcha y volviera ante el llamado, Efran se sintió un poco aliviado, pero aún temía fracasar por completo y no conseguir la ayuda del otro.
Solo imaginarlo le causaba malestar; le dolía y molestaba a tiempos iguales la idea de que Eleonora pudiera terminar verdaderamente casada con otro. Sentía celos y miedo, pero no quería tener que recurrir al secuestro si Rafael le negaba su ayuda.
—Tienes razón, lo admito: es extraño en lo que me convierto por Eleonora, y existe una posibilidad de que sea como dices y ella sea mi destinada, pero no quiero adelantarme solo por suposiciones, Athos; deseo que me comprendas y decidas ayudarme. Estoy desesperado por tu ayuda, y creo que eso te queda claro tras tenerme aquí por voluntad propia.
Athos lo medito unos minutos en silencio, minutos que a Efran le parecieron eternos extrañamente; al final —y tras soltar un suspiro— el rubio afirmó con la cabeza antes de hablar.
—Está bien, Efran. Comprendo lo que dices y me da gusto que me des la razón —claro, porque si algo le encontraba a Athos, era que le dieran la razón, en especial si lo hacía alguien tan rebelde como Efran—, por eso voy a ayudarte, pero antes te advierto que cualquier consecuencia que pueda acarrear está decisión será tu responsabilidad y solo tuyo. Yo no me haré responsable de nada más.
—De acuerdo.
Ambos permanecieron mirándose un momento; Efran estaba seguro de que el rubio esperaba un gran agradecimiento de su parte que no estaba dispuesto a dar, y segundos después, Rafael estuvo seguro de que no obtendría lo que esperaba, pero por lo menos ya había obtenido un gran paso en relación a su cría.
—Bien, entonces preparemos todo e iniciemos con esto de una vez. Solo espero que esa mujer se lo tome a bien y no te resulte que al final solo consigas su desprecio por arruinar su boda.
—No tendría porqué despreciarme —soltó el más joven, molesto, con el orgullo tocado—, voy a salvarla de convertiste en la esposa de alguien a quien no ama y le daré la dicha deseada de toda jovencita de su clase de casarse con un hombre que desde un principio quiso como marido, y que además le dará una mejor posición social.
—Pareces muy seguro de tus palabras.
—Porque lo estoy.
—Cuidado Efran, las cosas pueden resultar diferentes, quizás termines sorprendido.
Salieron del salón sin decir nada más, ninguno estando seguro sobre cuáles palabras podrían proferir luego de esa conversación, aunque ambos por motivos diferentes.
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Comments
Yoli
está buena....no tardes en montar nuevos capitulos
2022-09-02
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