Liz llegó a su casa muy tarde con su hijo, sus ojos hinchados de tanto llorar, después de ver a su marido con otra mujer, prefirió tomar aire y pasear un tiempo más con su bebé antes de regresar a casa, Jerison la esperaba, ese día no salió en la noche, esas horas sin Liz en casa se le hicieron interminables.
-Amor, donde estabas?, te he llamado muchas veces. Le dijo con preocupación.
Quizá fue la primera vez que sintió preocupación por ella y no fue realmente por ella tampoco, fue por si mismo. ¿Quién lo amaría como ella? Si la perdía, el perdería una maravillosa mujer, todos la admiraban, ¿por qué sería tan tonto de perderla? Aún en ese momento su egocéntrica forma de ser sólo le permitía pensar en él y no en el dolor de ella.
-Amor, lo que viste no es importante, yo quiero estar contigo ¿sabes?
-Déjame pasar por favor. Quiero acostar al niño que ya está dormido.
Él la siguió hasta la habitación del niño, la miraba mientras lo recostaba, ella nunca había sido distante con él, ella siempre parecía un perrito tras sus pasos y está vez se veía fuerte. Jerison intentó abrazarla pero ella quitó sus manos
-Quiero descansar - le dijo mientras se abría paso para ir a la cama.
Él quería que en ese momento ella le gritara, discutiera, lo insultara. Pero ella no dijo ni una palabra.
Al día siguiente fue a sus padres, quería pedir un consejo, pero parece fuerza del destino que aún debía pasar más cosas.
-hola mamá, papá cómo están?
-Hija que alegría verte, y trajiste a mi nieto... - le dijo Maximo su padre - que feliz me haces.
-Cómo estás tu hija? - le preguntó Magdalena - te ves agotada, parece que dormiste poco.
-Si, dormí poco. Y ustedes papitos como están?
-Uh aquí más viejos hablando de la vida - respondió su padre - es que tu prima, se separó de su marido la semana pasada y ahora volvió con él. Después de haber hablado pestes de su marido regresó.
-Eso pasa porque tienen problemas de parejas y le cuentan a todos, después se arreglan y la familia queda mal - dijo su mamá -
- La familia por qué? Dijo Liz
-Fijate hija, si tú tuvieras un problema con Jerison y vienes y nos cuentas, nosotros vamos a tomarle mala a Jerison porque te dañó, y después tú lo perdonas, nosotros ya vamos a estar en desacuerdo con tu regreso porque no queremos verte sufrir.
-Claro, entiendo.
-Y si te hace sufrir una vez lo hará siempre. Dijo su papá.
Liz decidió no contar nada, ni pedir consejo. "yo lo amo, y si lo perdono mis padres y Javier no lo aceptarán." pensó en un momento.
Así pasaron los días y Jerison buscaba el perdón de Liz, se quedaba en casa, le traía flores o chocolates, hasta que obtuvo el perdón, y estuvo con Liz nuevamente. Pasó un mes desde que Liz perdonó a Jerison hasta que él volvió a salir, eso le molestó a Liz, pero Jerison prometió que sería fiel, que iba a jugar fútbol con amigos, sin embargo fue a encontrase con una mujer. Pasó el rato con ella y regresó a casa temprano.
Su habilidad para mentir y mejorar las condiciones era extraordinaria. "Si salgo y vuelvo temprano ella no sospechara" pensó y así lo hizo las siguientes veces.
Él pequeño ya tenía casi un año y medio, Liz no volvió a trabajar para cuidar de su hijo, a cambio puso su propio negocio y contrató personal para que le ayuden con la atención.
Amanda era una mujer joven, madre de dos hijos, soltera, y quedó contratada. Era una buena trabajadora, pero se hizo amante de Jerison. Cuando Liz salía a buscar pedidos o pagar cuentas Amanda se iba con Jerison y dejaba a sus compañeras trabajando. Ellos vivían su momento de lujuria y desenfreno en cualquier lugar de la bodega del comercio.
Un día una compañera los vio intimando en un rincón y le contó a Liz.
-Señora, quiero decirle algo pero me da miedo.
-Miedo por qué? Qué sucede?
-Es que usted se puede enojar conmigo pero yo la aprecio mucho a usted, es una muy buena jefa y no se merece lo que le hacen.
- Dime, no voy a enojarme. Alguien está robando? Pensó Liz que de eso se trataba.
-No señora, sino que su marido y Amanda tienen una relación, — se puso en forma de súplica —pero por favor no le diga que yo fui quien le contó
-Mi marido y Amanda? — dijo Liz, ¿estás segura? ¿No te has confundido?
—No señora, yo misma los vi intimando en la bodega.
—Gracias por decirme y quédate tranquila que no diré nada.
Liz se quedó en silencio, por dentro estaba destrozada, sus ojos se llenaron de lágrimas, otra vez se cuestionó a sí misma, cada vez que sucedía algo se sentía menos, ella perdía el autoestima.
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Comments
Fran Sánchez
A la primera que le hizo esto.... Lo hubiese mandado a hervir espárragos. Pero ahí está de tonta sufriendo,por este imbécil 🤬.
2025-02-11
2
Maricarmen Barajas
que tanto drama hace, Que le haga sus maletas y lo mandé a china o más lejos al cabo ella es la del dinero
2024-11-13
2
Gleni Santos
y todo lo resuelve llorando 🤦
2023-10-15
5