Desde la semana treinta y dos de embarazo Liz tenía todo preparado para el parto, veía programas materno - infantil, revistas para Padres y se informaba de todo con el fin de ser una buena madre.
Jerison tenía un apetito sexual muy agudo, ella le respondía aún en su embarazo, nunca le faltó como mujer, siempre dispuesta y participativa, además su embarazo había sido muy agradable, sin problemas.
Esto no hacía feliz a la pareja, Jerison tenía actitudes descontroladas en ocasiones, sobre todo cuando algo no salía como el quería.
A los cuatro meses de casados fueron a comprar a un Home center. Estaban remodelando la casa y necesitaban un material en particular, algunas pinturas, Liz quería pinturas blancas pero Jerison quiso una pintura de un color fuerte para una pared principal. La pintura que compró no le alcanzó y fue a buscar más, pero estaba descontinuado el color, esto provocó un enojo en Jerison que nadie en el lugar podía comprender.
-Cómo no me dijiste que lleve más pintura cuando compramos? - comenzó a reclamarle a Liz
-Yo no sabía que te faltaría - dijo ella casi en silencio
-Tu eres una maldita! te gusta que pase esto, querías paredes blancas hij@ de mil..... - y dijo todo el abecedario de insultos delante de todos los presentes.
-Cálmate por favor ! No me hables así, por favor - respondió ella suplicando su calma.
-Qué me calme? Porqué ? Te da vergüenza ? Qué me importa a mi que miren estos malditos! Qué sepan lo bruja que eres. Mal nacida!
Liz comenzó a llorar ante la mirada de una multitud de clientes del lugar, se podía ver apenas el comienzo de su vientre crecer y un señor le gritó.
-Qué te pasa? Porqué la tratas así ? Ella está embarazada? - se acercó a ella extendió un pañuelo y le dijo - se siente bien?
-Qué te importa lo que yo le diga a ella? Acaso eres su amante?- le dijo al hombre - qué te abrió las piernas que la defiendes?
Él señor allí comenzó a arremangar las mangas de su camisa, con intensión de pelear a golpes de puños, Liz se acercó a Jerison y le dijo,
-Vamos por favor - tomó su mano y lo sacó del local.
Jerison se había transformado en un verdadero moustrou delante de los demás, sus ojos enrojecidos parecía que se salían de su cavidad ocular, su voz aguda y no paraba de insultarlo y Rebajarla delante de los demás, Liz con su cabeza gacha lloraba en silencio, sus lágrimas se veían caer y dejaban una marca en el suelo gota a gota cada cierta distancia.
Subiendo al auto ella solo lloraba.
De pronto él enmudeció
-Ya pasó, no llores - le dijo como si no hubiera hecho aquel berrinche en medio de la comercializadora. Ella no respondió, - Me enojé un poco, creo que estoy colapsando con tanto estrés - continuó diciendo- entre el trabajo, la remodelacion, los preparativos para el bebé, el crédito hipotecario.
Ella lo miró incrédula - el crédito hipotecario? Si yo lo pago, y nunca te he pedido dinero para eso, además la remodelacion también va por mi cuenta.
-Lo que quiero decir es que la presión, porque igual me preocupa los gastos.
Ella aun lloraba, mas calmada pero sus lágrimas salían solas,
-No llores! Nadie se ha muerto! - dijo con tono burlón - vamos a comer algo y a casa y olvidemos esto.
- No, vamos a casa directo, no quiero ir así a ningún lugar.
-OK, yo necesito distraerme un rato, te molesta si salgo un ratito?
Ella no respondió, se fueron en silencio. Al llegar a casa Jerison se dio una ducha y se fue. Esa vez lo esperaba nuevamente Carolina. Ella llevaba varias salidas con él, sabía que era casado pero no le importaba.
- No me llames nunca a la hora que estoy en casa.
-Por supuesto que yo no te llamo, tu vendrás por mi - le dijo Carolina.
-Yo? Le dijo el sorprendido.
-Si, me deseas tanto que tú eres el que llama - dijo abriendo la abertura de su baby doll - yo solo espero, jamás te buscaré.
El perdió la cabeza en el deseo por ella, era una mujer joven pero con mucha experiencia, sin tapujos a la hora de estar con un hombre, y si eran casados más le gustaban, según ella que un hombre casado la buscara la hacía más interesante era una especie de competencia femenina que sólo ella tenía en su mente.
Llegó a casa agotado, con olor a alcohol y cigarrillo. Liz estaba dormida Su embarazo la tenía más somnolienta...
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Comments
montserrat ceron
lo que nunca he entendido porque se dejan humillar y siguen con ese imbecil, puede que sea amor pero creo que yo en su lugar a la primera que me hiciera, ya estuviera en la calle el muy estupido
2025-02-26
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