Te encontré. Edit.

Deaclan Müller.

Es pasada ya la media noche y aun no puedo pegar un ojo, me debato internamente entre mandar o no el mensaje que tengo en la bandeja de borradores desde hace un rato.

Nunca he sido hombre de andar encandilado con una mujer, de obsesionarme a tal punto de no poder dormir. Pero no sé qué rayos tiene esa mujer.

Su figura la tengo grabado en la retina y su pelo largo y lo malditamente hermoso que le cae por su espalda es algo que debo admitir me tiene babeando.

Me levanto de la cama y camino hasta posarme contra al ventanal. Si me preguntan como conseguí su número, la verdad es que fue algo en "modo chantaje".

Después del incidente con Adriam Müller, en el piso de Zev, nos concentramos en terminar de sacar las cuentas de los bares y hacer par de llamadas con la compañía constructora que se está haciendo cargo de mi nuevo antro.

Estamos tomando un descanso, bebiéndonos unas cervezas, cuando de buenas a primeras veo al capullo de mi mejor amigo sonriéndole a la pantalla de su móvil.

¿Pueden creerlo?

¡Sonriéndole a una puta pantalla! Aunque la verdad no se ni porque me sorprende, el por el contrario a mí, siempre ha sido de los que se enamoran de verdad, aunque ya llevaba un tiempo soltero, no le conocía ninguna chica seria desde su última novia, la verdad es que todo acabo un poco caótico.

En un arrebato, le quite el móvil de las manos y empezamos una persecución por el departamento como si fuéramos unos críos.

Lo escuchaba maldiciendo y yo no podía contener las carcajadas. Lo que me sorprendió es que con quien estaba hablando el cabrón, era nada más y nada menos que la amiga de la pelinegra que me trae como estúpido.

Aunque claro, eso es algo que nunca admitiré en voz alta. Además aún tengo que resolver un pequeño asunto con respecto a eso.

Un maldito asunto con curvas pero sin gracia de la que ya me estaba hartando.

Al ver con quien texteaba, comencé a picarlo hasta que soltó la sopa.

— ¡Vaya! Así que mis labios son tan apetecibles como la cereza. —Dije una vez encerrado en su baño.

— ¡Deja de leer mis putos mensajes cabrón —Replico.

—Me ofendes cariño. ¿Qué acaso ya no soy tu princesita?

­—Pues no fíjate, justo ahora eres más como un grano en el culo.

La carcajada que salió de mí, en verdad que la disfrute y la alargue solo para hacerlo rabiar. Era raro, ver al divertido pelirrojo que siempre es todo sonrisas hecho justamente una cereza por el rojo que cubría su rostro por el enojo, o...

Nah, no puede ser vergüenza. Eso solo lo haría más divertido.

—Vale, vale romeo. Haremos un trato.

—Si me vas a pedir lo que creo que me pedirás, pues olvídalo, no lo hare por ser tan capullo.

—Bueno, pues como quieras Sweetie —Lo pique llamándolo por la manera ridícula esa por la que acostumbraba llamarme a veces. —Tendré que mandarle un mensaje a tu querida cerecita. —Justo como por arte de magia, el móvil sonó en mis manos y un nuevo mensaje llego, es obvio que él lo escucho, pues estaba pegado como lapa a la puerta, tratando de abrirla. —Es una lástima que no puedas aceptar la invitación de ir a su casa esta noche.

—Jodida mierda Deaclan, devuélveme el puto móvil —Reí al escucharlo, en serio que me estaba divirtiendo a su costa, casi siempre pasa todo lo contrario y es algo que a veces me revienta las pelotas.

—Cariño, ¿que hemos hablado de las palabrotas? Vamos repite conmigo. —Bufo por lo bajo —No debo decir palabrotas delante de los mayores —empezó a golpear la puerta y seguí carcajeándome —vamos repítelo para Papi.

—Vale pesado. Como quieras, conseguiré lo que quieres, pero sal ya y devuélveme mi teléfono o no respondo cabrón —Contesto cansado ya y juro que podía imaginármelo con los labios apretados por mis burlas y el ceño fruncido.

— ¿Conseguirás su número para mí?

­­­— ¡Que si joder! —Abrí la puerta y salí campante con la risa todavía apresada en mis labios. Al verme con el móvil en la mano, me lo quito rápido como temiendo que me arrepienta de devolvérselo y cuando ya lo tuvo en su poder me soltó un codazo en el abdomen que me dejo viendo mimitas, mientras me arqueaba.

Me queje y lo escuche reír esta vez.

—Ahora si te ríes maldito ¿verdad?

­—Eso es para que no seas imbécil y recuerda que las princesitas no dicen palabrotas.

—Que no se te olviden los condones —Le grite cuando vi lo rápido que se cambiaba.

Al rato mi celular sonó y sonreí como idiota sabiendo quien era el remitente, había conseguido lo que quería, aunque en el proceso me había llevado un codazo de esos fuertes que da la sabandija de mi amigo, sentía que lo valía.

Joder, no sé porque pero presiento que ella vale eso y más.

Después de tanto darle vueltas, me decidí y le envíe el mensaje, y como lo imagine, su respuesta nunca llegó.

Cataleya Dunner.

Había llegado el día.

Se podía apreciar la ventisca seca del inicio del verano. Hacía un calor infernal, razón por la que decidí escoger ropa cómoda para el viaje.

El día pasado, hable con Chad un buen rato y fue una grata sorpresa enterarme que él también estaba invitado a la fiesta de cumpleaños de mis mellos, por lo que también tendría que viajar.

No pensé que ellos siguieran en contacto, pero al parecer si, a final de cuentas siempre fuimos muy unidos todos. No me imaginé que volvería al pueblo tan pronto y menos con Chad, es algo que me alegra mucho en verdad.

Decidimos viajar juntos, compramos los boletos en primera clase y aquí estamos. Rumbo al hermoso y pequeño pueblo que nos vio crecer, pero que a la vez fue testigo de muchas cosas que tal vez no solo yo quería olvidar.

Mis hermanos se caerían de culo cuando me vean llegar con Chad y aún más cuando se enteren que soy amiga de Ivonne, la cual por cierto no quiso venir ya que las últimas veces que se vio con mis hermanos no terminaron en buenos términos.

Citando textualmente sus palabras: "Fui una completa hija de puta contigo y tus hermanos".

Y era cierto, en esos tiempos no la toleraba, pero las cosas habían cambiado. Ella cambio y se convirtió en la amiga que una vez perdí.

Ella me conoció cuando estaba en el hoyo y aun así ahora no decidió apartarse a pesar de que bien pudo haberlo hecho y traicionarme o darme la espalda como habían hecho otros. Como lo hizo ella.

La verdad es que no me hubiese sorprendido para nada.

— ¿En qué tanto piensas? Sé que no estas durmiendo. Si lo estuvieras se te formaría el divertido fruncido de siempre en los labios.

Abrí los ojos y lo mire sorprendida, aún recuerda eso. Joder, es vergonzoso. Sentí el calor subir por mis mejillas y lo escuche reír bajito.

Es increíble como a pesar de los años, me siento como en casa cuando estoy cerca de él. Sé que él nunca me traicionaría.

—Es adorable, sobre todo la cara de confusión que tienes justo ahora —Se gira en su asiento y queda frente a mi —Leya, nada ha cambiado, ¿Si? Soy yo, el rubio revoltoso que te molestaba hasta hacerte rabiar de pequeña, ¿lo recuerdas?

En mis labios se forma una sonrisa.

—Lo recuerdo, sobre todo cuando te metías con mis pecas, diciendo que parecían un mapa dibujado en mi cara y que podías usarlo para las clases de historia.

Se rio por lo bajo y por su mirada sé que lo recuerda a la perfección.

—Deberías darme crédito, mi imaginación es genial.

—Oh claro, lo que diga el súper Chaddie.

—No ha cambiado nada Leya. Przyjaciele do końca czasu. ¿Zapamiętaj? "Amigos hasta el final de los tiempos. ¿Recuerdas?" —Su voz envuelta en el acento polaco me llena los oídos y no puedo evitar completar la frase de nuestro juramento.

—Do końca czasu "Hasta el final de los tiempos".

- - -

Llegar a mi pueblo fue más difícil de lo que esperaba, las calles seguían igual que hace años atrás, la única diferencia era que el color de algunas casas había cambiado, por lo demás todo seguía igual.

Aun podía recordar lo feliz que fui allí, pero también los demonios que me perseguían gracias a ese lugar.

Llegar a mi casa fue otro dilema, aun con Chad a mi lado, dándome la mano no pude evitar que mi cuerpo se estremeciera al pasar por la casa azul vecina a la mía. Una que por desgracia recordaba muy bien y que continuaba igual que siempre.

Sentí el apretón de su mano en la mía y eso me hizo volver a la realidad, de donde no sabía que había escapado de nuevo. Alcanzando sus pasos, seguí mi camino y avance hasta llegar a la enorme casa de dos pisos donde viví toda mi infancia y adolescencia.

Tocamos la puerta compartiendo mirada y no pude evitar sonreír cuando vi a mi madre al otro lado de la puerta saltar de la alegría y halarme hacia adentro, para abrazarme con fuerza.

—Por Dios, que ya estás aquí. —Su emoción se me contagio al instante y reí junto con ella, devolviéndole el conmocionado abrazo. Joder, como había extrañado a mi madre.

—Mamá que la estas asfixiando, Jesús, déjala respirar —me aparte de mi madre al escuchar esa voz. Al verlo al pie de las escaleras, corrí y me lancé a el,  Que gracias al cielo logro atraparme. De no ser así, esto hubiese terminado en una tragedia, pero no me importo, era Craig.

­—Joder mocosa, que nos caemos —Me baje de él y reímos a carcajadas —Yo también te extrañe hermanita.

—Si si, muy emotivo todo, ¿pero yo que, acaso estoy pintado? —El reclamo de Chad que seguía en la puerta me apenó un poco pero al ver la mirada alegre de los demás al verlo, se me paso.

­— ¿Pero qué haces ahí hijo? Venga entra y dame un abrazo. —Chaddie no lo pensó dos veces y se acurruco en los brazos de mi madre para después pasar a saludar a mi hermano Craig, quien se alegró de saber que nos habíamos reencontrado.

Toda la emoción que sentía por el volver a ver a mi familia, sentí como poco a poco se fue esfumando cuando vi a mi padre bajar por las escaleras. Lo que me extraño fue no ver al otro mello, bajar con él.

Papá iba hablando por teléfono como si nada pasara, me acerque a él y levanto la mano siguiendo con la llamada y pasando por mi lado hacia su estudio. No lo pude evitar, mis ojos se aguaron inmediatamente y sentí los brazos de mi madre abrazarme.

—Está un poco atareado con lo de la fiesta que es mañana... —Trato de justificarlo, aunque ambas sabíamos que no solo se trataba de eso. Mi padre no se alegraba de verme y eso solo hizo que levantara más mis murallas.

Me limpie las lágrimas y le sonreí a mi madre para quitar esa mirada dolida de su rostro. Ella más que nadie no merecía estar triste, menos por estupideces mías.

Le pregunte por el otro mello Brett y me dijo que estaba en el viñedo, terminando algunas cosas para mañana. Asentí en respuesta y seguí mi camino.

Los dos chicos hablaban animadamente en el salón mientras que mi madre me acompañó a la segunda planta, vi que mi madre trato de desviarme a otro pasillo que conocía muy bien en la casa, cuando me dirigía a mi antigua habitación y me detuve. La mire y lo que vi, me dolió más. Resignación.

Avance con rapidez, antes de que ella me pudiera detener y cuando abrí la puerta de lo que era mi cuarto, lo que vi me lleno de rabia.

Mi padre había convertido mi cuarto en una sala de cine y no había rastro alguno de mis antiguas pertenencias.

La sala de cine que tanto mi hermano Brett había querido y que apostaba mi padre le había consentido. A él le solapaba todos sus caprichos, pero en cambio a mí nunca me permitió tener mi propio estudio cuando se lo pedí.

­—Morenita, espera... —Antes de que mi madre terminara de hablar, yo solté el bulto que cargaba y la maleta en el suelo. Me dirigí con prisas al piso de abajo, los chicos que estaban sentados picando algo me miraron y rápidamente se levantaron, pero les cerré las puertas en la cara cuando entre sin permiso y sin ser anunciada a la amplia habitación donde se encontraba Kendall Dunner.

Este asunto solo era entre mi padre y yo.

­Al verme frente a él, lo escuche excusarse con la persona al otro lado de la línea y me encaro con el semblante severo que solo tenía cuando se enojaba o cuando se dirigía a mí. En este caso ambos.

­— ¿Cómo porque razón irrumpes así en mi despacho, que acaso ya se te olvidaron los modales que te ensene?

—Convertiste mi cuarto en una maldita sala de cines. ¿Cómo pudiste papá?

­— ¿Y tú con qué derecho vienes a reclamarme acerca de lo que hago o no hago en mi casa? —Se puso de pie y por un momento hubiese querido que me gritara, pero no, su tono de voz solo mostraba indiferencia. Y eso me dolió más que todo.

—Esta también es mi casa —Se acercó a mí y levante el rostro no dejándome intimidar, aunque por dentro solo quería llorar.

—Dejo de serlo cuando te convertiste en la decepción de la familia y te marchaste, así que mejor será que cierres la boca Cataleya Watson porque no respondo, mucho permití al acceder que pisaras de nuevo esta casa y  te quedes aquí, durante tu estadía. —El aire escapo de mis pulmones sin poderlo evitarlo y sentí un nudo formarse en mi garganta, pero no solté ni una lagrima.

No le daría el gusto de verme llorar.

Me quede callada solo viéndolo por un instante, desconociendo por completo al hombre que tenía delante. Nada tenía que ver con el padre que durante mi infancia cuido de mí y me decía que yo era su Princesa. Aquel que iba conmigo al parque, me compraba helado y chucherías a escondidas de mi madre para que no se enojara si se enteraba. Aquel que me enseno a montar bici y con el que compartí un montón de momentos que ahora echaba de menos.

—Si no tienes nada más que decir, te agradecería que te marcharas de mi vista.

Tarde comprendí que ese ya no era mi padre. Algo dentro de mí se quebró y salí de la habitación, negándome a soltar las lágrimas que tenía contenidas.

Lo que más me dolía, era saber que todo había sido culpa mía.

Me adentre en uno de los cuartos sobrantes de la casa, los chicos trataron de entrar pero cerré con pestillo la puerta para que no pudieran hacerlo.

Me tire al piso deslizando la espalda por la puerta y las lágrimas empezaron a salir sin poderlas controlar. En ese momento solo quería estar sola.

Lo más raro de todo es que me sorprendí a mí misma queriendo sentir solo los brazos de ciertos azules abrazándome con fuerza y eso jodidamente no me gusto.

¡Maldita sea!

- - -

Polonia, Cracovia

Anónimo.

Camino por el pueblo que por un tiempo fue mi hogar con las ansias recorriendo mi cuerpo. Llego a la casita azul y me detengo a mirar la casa de al lado.

Falta poco.

Abro la puerta de mi casa y me adentro en ella quitándome la gorra y los lentes de sol que llevaba puestos. Me encamino a la cocina y salgo al patio trasero, justo donde antes podía ver su ventana y recuerdos de ella escapándose de casa me golpean haciéndome sonreír.

—Al fin te encontré mi Bonita.

Esta vez no te iras de mi lado nunca.

Te lo juro

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Comments

Juanita Flores

Juanita Flores

Leya volver a casa y sentir al padre lejos de amor, atención, muy fuerte su pasado la traicionó el novio y su amiga. eso siento.

2023-02-27

3

doris bastidas

doris bastidas

tantos pesos sin solucionar y tus pensamientos vuelan a los ojitos azules jajajajaja soy yo u salgo corriendo de esa casa

2023-02-25

1

≛⃝🦅MᴀʀɪʙᴇʟMitzuki fantasti

≛⃝🦅MᴀʀɪʙᴇʟMitzuki fantasti

que padre sin sentimientos 😢 cómo no la abrazo al verla y luego quitó su recámara.

2023-01-22

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