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LA HEREDERA OCULTA. EL ECO DE MI TIEMPO ROBADO

LA HEREDERA OCULTA. EL ECO DE MI TIEMPO ROBADO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance de oficina / CEO / Romance / Completas
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Christine tiene 26 años, trabaja como contable en una importante corporación alimentaria y cree ser una hoja al viento tras haber crecido en un orfanato. Su vida transcurre en calma hasta que un inesperado ascenso la lleva al último piso de la empresa, directo al despacho de Rubén, el frío y estricto CEO. Él vive atrapado en una jaula de oro, obligado a cumplir una promesa familiar y casarse con Clarisa, la caprichosa y superficial hija del socio de su padre.
Entre balances financieros y reuniones compartidas, una atracción prohibida e inevitable surge entre la contable y el director ejecutivo. Sin embargo, un trágico accidente y una inesperada emergencia médica en el hospital lo cambiarán todo, sacando a la luz una anomalía biológica que desatará las sospechas del pasado.
Nadie es quien dice ser. En un mundo de lujos falsos y secretos de alcoba, ¿qué misterio se esconde detrás de la cuna de la verdadera heredera? El altar de la verdad está listo para que caigan las máscaras.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 8 SUEÑOS ROTOS POR LA REALIDAD

El ambiente en la cafetería se sentía cada vez más cálido y, por primera vez desde que asumí el cargo de CEO, me olvidé por completo del reloj. Sostener la taza de café entre mis manos mientras miraba a Christine me hacía sentir una paz que no recordaba haber experimentado en años. Quería saber más de ella, ir más allá de su excelente currículum y de las impecables hojas de cálculo que manejaba con tanta soltura. Quería descubrir qué se escondía detrás de esa mirada almendrada tan madura y decidida.

—Dime una cosa, Christine —comencé, apoyando los codos en la mesa y entrelazando mis dedos, inclinándome sutilmente hacia ella—. El señor Martínez me mencionó que eres una de las mentes más brillantes que ha pasado por el departamento, pero que eres muy reservada con tu vida fuera de la fábrica. Llevas dos años aquí y sé que te graduaste con honores gracias a una beca de excelencia. Pero, ¿qué hay de ti? ¿Qué te motiva a dar el cien por cien cada día? ¿Cuál es tu gran meta?

Christine se quedó mirándome por un instante, sorprendida por mi interés personal. Removió el café con lentitud, como si estuviera sopesando cuánto de su intimidad estaba dispuesta a compartir con su jefe. Tras un breve suspiro, me dedicó una sonrisa nostálgica que me cautivó por completo.

—Bueno... supongo que mi motivación es un poco diferente a la de la mayoría de la gente de mi edad —admitió con voz suave, mirando hacia el jardín exterior—. Yo no crecí en una familia convencional, Rubén. Soy huérfana. Me crié en un orfanato a las afueras de la provincia y allí pasé toda mi infancia hasta que cumplí los dieciocho años.

La confesión me golpeó el pecho con suavidad. No me esperaba una revelación tan cruda de su pasado, pero la naturalidad y la falta de autocompasión con la que lo decía solo aumentaron mi profunda admiración por ella. Christine no buscaba lástima; hablaba de su historia con una dignidad asombrosa.

—No tenía idea, Christine... Lo lamento —dije con sinceridad, sintiendo una repentina necesidad de alargar la mano sobre la mesa para reconfortarla, aunque me contuve a tiempo para no cruzar la línea profesional.

—No se lamente, de verdad. Fui una niña muy feliz allí dentro —me interrumpió ella con premura, y sus ojos se iluminaron de una manera hermosa—. Y todo se lo debo a una mujer maravillosa llamada Miriam. Ella era una de las cuidadoras del centro. Para mí, Miriam fue mi madre, mi protectora y mi guía. Ella pasaba noches en vela cuidándome cuando enfermaba, me cantaba para dormir cuando tenía pesadillas y me enseñó que el mundo exterior no debía darme miedo. Cuando cumplí los dieciocho y decidí marcharme a la ciudad para estudiar, el separarme de ella fue lo único que me dolió.

—¿Y seguís en contacto? —pregunté, completamente colgado de sus palabras.

—Sí, por supuesto. Hablo con ella todas las semanas y la visito en mis vacaciones —Christine se inclinó un poco más hacia adelante, y el brillo de sus ojos se volvió puro entusiasmo—. De hecho, Rubén, esa es mi gran meta y el verdadero motivo por el que me esfuerzo tanto en mi trabajo. Miriam se jubila el año que viene. Su plan es irse a vivir a una residencia pública de ancianos porque no quiere ser una carga para nadie. Pero mi plan secreto es otro. Llevo años ahorrando cada céntimo que gano para comprar un apartamento grande aquí en la ciudad. Quiero darle la sorpresa de su vida el día de su jubilación: traerla a vivir conmigo y poder cuidarla durante su vejez, devolviéndole cada muestra de amor que ella me dio cuando yo no tenía a nadie en el mundo. El ascenso que usted me otorgó ayer con ese aumento de sueldo... bueno, significa que podré firmar las arras del piso el próximo mes. Por eso estaba tan emocionada en su despacho.

Escuchar su historia me provocó un nudo en la garganta y una intensa calidez en el corazón. Me quedé mirándola en silencio, completamente desarmado. En mi mundo de alta sociedad, la gente se movía por codicia, por estatus, por comprar el coche del año o por presumir de un reloj más caro que el del vecino. Clarisa gastaba en un solo bolso de marca lo que Christine necesitaba para asegurar el futuro de la mujer que la había criado. La nobleza del alma de Christine, su gratitud y su desinterés eran virtudes tan raras y hermosas que sentí una atracción arrolladora hacia ella, una conexión emocional que iba mucho más allá de lo físico. Christine de verdad tenía un corazón de oro.

—Eres una mujer extraordinaria, Christine —le dije, y mi voz sonó más profunda y sincera de lo que pretendía—. Miriam tiene mucha suerte de tenerte en su vida. Y yo tengo mucha suerte de tenerte como jefa de contabilidad en esta empresa. Te aseguro que tu esfuerzo va a valer la pena.

Nuestras miradas se entrelazaron en un segundo de absoluta intimidad. El murmullo de la cafetería se desvaneció y juro que por un instante vi un destello de timidez y dulzura en sus ojos que me hizo latir el corazón a mil por hora. Estábamos a punto de tocar una fibra muy sensible y prohibida entre los dos.

¡Bzzz! ¡Bzzz! ¡Bzzz!

El violento zumbido de mi teléfono móvil sobre la mesa de madera rompió el hechizo de manera brutal. El sonido pareció resonar como una alarma de incendios en el silencio que habíamos construido. Christine parpadeó, asustada, y se enderezó de inmediato en su silla, retirando la mirada con timidez.

Apreté los dientes con rabia y tomé el aparato. Al mirar la pantalla, el nombre de Clarisa parpadeaba en letras grandes, acompañado de una foto suya con un gesto de superioridad. Sentí una oleada de frustración tan grande que estuve a punto de colgar la llamada, pero recordé que su padre estaba en las oficinas centrales revisando unos contratos y no podía permitirme un desplante público que afectara a las acciones.

—Disculpa, Christine. Tengo que responder esto —le dije, intentando ocultar mi inmenso fastidio.

—No se preocupe, señor Rubén. Es normal, es usted el CEO —respondió ella, regresando de golpe al tratamiento formal y recordándome la distancia que nos separaba. Aquello me dolió.

Deslicé la pantalla y me llevé el teléfono a la oreja, alejando un poco el micrófono para que Christine no escuchara los gritos superficiales de mi prometida, aunque en el silencio de la mesa era casi imposible.

—¿Sí, Clarisa? Estoy en medio de una reunión de trabajo —mentí con tono seco y cortante.

—¡Ay, gordi, por fin respondes! —chilló su voz al otro lado de la línea, con ese tono mimado que me taladraba los oídos—. O sea, no me importa tu aburrida fábrica ahora mismo. Te llamo porque acabo de hablar con la floristería de la boda y me dicen que las rosas importadas que quiero para el altar van a costar el doble. Papi dice que no pasa nada, pero necesito que me pases los datos de tu tarjeta de crédito Black para hacer el depósito ya mismo. ¿Me los das?

Miré de reojo a Christine. Ella fingía estar muy interesada en el contenido de su taza de café, pero era evidente que estaba escuchando la conversación. Me sentí profundamente avergonzado de que me viera atado a semejante superficialidad justo después de haberme confesado su hermoso y noble sueño de vida. El contraste era grotesco y doloroso.

—Clarisa, te he dicho que estoy ocupado —sentencié, apretando la mandíbula con tanta fuerza que me dolió—. No te voy a dar ningún dato por teléfono ahora. Pídeselo a tu padre o espérate a que llegue a casa por la noche. Tengo que colgar.

—¡O sea, Rubén, qué antipático eres! Es la decoración de NUESTRA boda...

No la dejé terminar. Corté la llamada de golpe y arrojé el teléfono sobre la mesa con brusquedad. El silencio que se instaló entre Christine y yo ya no era cálido ni íntimo; era un silencio incómodo, cargado con el peso de la realidad. La burbuja mágica se había roto en mil pedazos. Clarisa se había encargado de recordarnos, con solo una llamada, el abismo social que nos separaba y las cadenas de oro que me ataban a un destino que cada segundo odiaba más.

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Monica Cobos
Una tierna y hermosa historia de vida y amor 💕💕💕🍀🙋🇦🇷🇦🇷
Mirna Lobo
espectacularmente buena 👏👏😊 felicidades escritora, espero que sus problemas se resuelvan con bien y gran abrazo 🤗 y bendiciones 😊😊😊
Mirna Lobo
que bonito y que gran corazón el de Cristine , todo lo que es , se lo debe a las enseñanzas de esa gran mujer 😊👏👏👏❤️❤️
Mirna Lobo
❤️❤️❤️la corriente vuelve a su cause 👏👏😊😊
Mirna Lobo
me pregunto de dónde sacó esa señora cincuenta mil dólares para pagarle al médico ❓❓❓
Mirna Lobo
resultó que la insufrible no es hija de ella 🫢 fueron cambiadas, espero que se le bajen los humos a la lagartona de la Clarisa😠😠
Mirna Lobo
no me digas que Cristine es hermana de la insufrible 🤔😠 eso sí es tener mala suerte en la vida 😤 o al menos que las hayan intercambiado 🤔
Mirna Lobo
que maravilla que tenga sentimientos tan bonitos para la persona que la cuidó en el orfanato 😊😊
Andrea Nardelli
extraordinaria exelelentemente escrita
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
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