Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 8
Dos días después, el doctor Ocampo me da el alta. Durante mi estancia en el hospital estuvo siempre pendiente de mí, al igual qué Sofía. Cada vez qué Rodrigo se ausentaba, ahí estaba ella.
Me aseguro de guardar muy bien la tarjeta de Pamela y la del doctor Ocampo. Rodrigo no puede saber lo qué estoy planeando.
Llegamos a la casa, una sensación extraña me invade. Ya no lo siento cómo mi hogar. Se ha convertido en un lugar frío, qué alberga más recuerdos malos qué buenos.
- ¿Y las niñas?
- Mi madre las traerá más tarde. Ahora recuéstate y descansa.
Sus palabras suenan tan vacías, sin emoción o sentimiento alguno de por medio. Obedezco sin chistar, debo fingir qué todo está bien.
Mi suegra llega con mis hijas. Trae alimentos consigo. La primera en correr hasta mi habitación es Regina. Siempre ha sido la más sensible de las dos.
- ¡Mami! ¿Cómo estás?
Se detiene junto a mi cama, sé qué quiere abrazarme, pero teme hacerme daño. Abro mis brazos y con cuidado se refugia en ellos.
- Estoy bien, mi amor. En unos días estaré cómo nueva.
- Cómo nueva, lo dudo- dice mi suegra con ironía desde la puerta.
- Espero que en el futuro tengas más cuidado, mamá- agrega Renata- La abuela no puede asumir tus responsabilidades por un descuido.
- ¡Renata! No le hables así a mamá. Cualquiera puede tener un accidente.
- No discutan, niñas- intervengo- Seré más cuidadosa en lo sucesivo. ¿Me das un beso, hija?
Renata se acerca molesta y besa mi mejilla con frialdad.
- Muy bien, niñas. Dejen descansar a su madre y vengan a comer. Dejaré a una de mis empleadas para qué se encargue de las labores del hogar en lo que te recuperas- anuncia- No quiero que mi hijo, ni mis nietas se sientan descuidados.
- Gracias, señora.
Me duele ver el poco amor qué mi hija siente por mí. Renata siempre ha sido influenciable y adora a su papá. Sin duda será muy difícil convencerla de qué se vaya conmigo.
Esa noche, Rodrigo duerme en la habitación para invitados y lo agradezco. No quiero tenerlo cerca.
Aprovecho para esconder los datos de Pamela y del doctor Ocampo en el cajón dónde guardo mi ropa interior.
Me voy a la cama, pero no logro conciliar el sueño. No dejo de pensar en qué no tengo un trabajo, tampoco tengo ahorros, no sé de dónde obtendré el dinero para alquilar un lugar.
Entrelazo mis manos y el roce con mi anillo de compromiso y mi argolla de matrimonio, me da una idea.
A lo largo de los años, Rodrigo siempre me ha regalado joyas. Ya sea como obsequio de cumpleaños, de aniversario o en Navidad. Son pendientes, collares, anillos y pulseras qué tienen un alto valor. Pienso que puedo venderlos y con lo que obtenga podremos vivir bien mientras consigo un trabajo.
Eso me genera algo de tranquilidad y consigo dormir algunas horas. Muy temprano, Rodrigo entra en la habitación. Toma una ducha y se prepara para marcharse. Él llevará a las niñas al colegio.
Me gustaría decir que me quedaré sola, pero no es así. La empleada qué mi suegra ha dejado aquí, más que una ayuda, estoy segura de qué es una espía.
No puedo confiarme, ni bajar la guardia. Debo actuar de forma inteligente. La empleada de mi suegra se queda el resto de la semana.
Sofía ha estado pendiente de mí, me envía mensajes cuando sabe qué Rodrigo no se encuentra en casa. Borro la conversación apenas lee mis mensajes, evito registrar su número.
De a poco me reintegro a mis actividades. Una tarde, decido conversar con mis hijas. No sé cómo plantear qué deseo divorciarme de su papá.
Casualmente, Regina menciona qué los padres de una compañera se han separado.
- ¿Y cómo se siente tu compañera con eso?- pregunto.
- Dice qué está bien, qué ellos discutían mucho y ahora se siente paz en su casa- responde.
- Sí su papá y yo tomáramos la decisión de separarnos, ¿con quién querrían vivir?
- ¡Estás loca, mamá!- grita Renata- Mi papá es el mejor hombre del mundo. Jamás pensaría en destruir nuestra familia. ¿O eres tú la qué quiere abandonarlo?
- No le hables así a mamá- interviene Regina- Solo es una pregunta, ¿verdad, mamá?
- Sí, es algo hipotético- aseguro al ver la reacción de mi hija- Solo quería saber su opinión sobre el tema.
- Pues yo me quedaría con mi papá. Nunca me iría contigo. ¿Contenta?
Se levanta y se marcha molesta. Me angustia de sobre manera su reacción.
- Yo sé qué no eres feliz mamá. Desconozco los problemas qué hay entre mi papá y tú, pero me gustaría verte feliz y sí para eso necesitas divorciarte, te apoyo.
Dicho esto, se acerca y me abraza. Su madurez me tiene sorprendida y sentir su apoyo, me reconforta.
- Gracias, mi amor. La gente cambia y a veces el amor también. Debes saber qué tú y tu hermana son lo más importante en mi vida, lo qué más amo y no haría nada que las dañe.
- Lo sé, mamá. También te amo.
No imaginaba qué esa conversación desencadenaría una serie de situaciones qué cambiarían mi vida drásticamente.
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes