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TE AGUANTAS, CUCARACHO… ESTA SEÑORITA SE VENGARÁ

TE AGUANTAS, CUCARACHO… ESTA SEÑORITA SE VENGARÁ

Status: Terminada
Genre:Venganza / Reencarnación / Completas
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

En su vida pasada, Guadalupe "Lupe" Santos lo perdió todo: su padre envenenado, el rancho robado, y ella misma muerta a manos de quien creía su protector. Jesús "Chuy" Treviño, el capataz, no solo usurpó el poder: hace veintidós años, intercambió en secreto al verdadero heredero por su propio hijo, para que algún día todo fuera suyo. Lupe muere sin saberlo.

Pero despierta. Vuelve a tener 22 años, justo cuando todo empezó a desmoronarse. Esta vez recuerda cada traición y también el secreto que nadie descubrió: el hijo de su tía no es suyo, sino de la mujer que Chuy usurpó su lugar. Con la verdad en sus manos y el apoyo de Santiago "Santi" Ríos —el único que murió leal a su lado—, Lupe desmantelará cada mentira, recuperará lo que es suyo y revelará el cambiazo antes de que la historia se repita.

"Me quitaste todo en la vida pasada. Pero esta vez… te aguantas, Cucaracho. Esta señorita no solo se venga. Viene a corregir lo que rompi

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Una sombra llamada Rigo

El sol empezaba a bajar, tiñendo de naranja y oro las llanuras del rancho. Había decidido no encerrarme en casa; caminar me ayudaba a ordenar mis pensamientos y, sobre todo, a que todos creyeran que solo daba vueltas sin rumbo, perdida en mis propios asuntos de siempre. Pero al doblar la esquina del almacén de herramientas, me detuve en seco. Rigoberto “Rigo” Treviño estaba ahí, solo, con la espalda apoyada contra la pared de madera rústica, pateando una piedra suelta con la punta de su bota. Parecía absorto, como si algo le diera vueltas en la cabeza sin encontrar descanso.

En mi vida pasada, yo lo había visto como una extensión de su tío Chuy: alguien que reía sus mismas bromas, que repetía sus órdenes, que caminaba detrás de él como si no tuviera voluntad propia. Lo había juzgado como parte del problema, sin detenerme a pensar si quizás solo estaba tratando de sobrevivir bajo la sombra de un hombre que imponía respeto mediante el miedo. Pero esta vez, al verlo tan solo y con esa expresión de confusión en el rostro, supe que había algo más. No era lealtad ciega lo que lo mantenía ahí; era inseguridad. Chuy le había dado un techo, un trabajo y un apellido que presumir, pero también le había enseñado que sin él, Rigo no era nadie. Y eso, pensé, era su debilidad más grande.

En lugar de darme la vuelta y tomar otro camino, respiré hondo y caminé hacia él con paso tranquilo. Al notar mi presencia, se puso de pie de golpe, enderezándose el sombrero con brusquedad, como si lo hubiera sorprendido haciendo algo que no debía.

—¿Se le ofrece algo, señorita Lupe? —preguntó, con voz algo tensa, sin saber muy bien cómo tratarme.

—Nada especial, Rigo. Solo estaba dando una vuelta y te vi aquí solo —respondí, deteniéndome a una distancia prudente, sin invadir su espacio—. ¿Todo bien? Pareces preocupado.

Se encogió de hombros, mirando hacia el suelo.

—No es nada. Solo… cosas del trabajo. Nada que a usted le importe.

—Tal vez no importarme no, pero escucharte no me cuesta nada —dije con suavidad, recargándome en el poste de madera a su lado, sin cruzar los brazos, manteniendo una postura abierta—. Sé que tu tío Chuy espera mucho de ti. A veces demasiado, ¿no crees? Es difícil estar siempre a la altura de lo que otros quieren que seas. Como si vivieras bajo una sombra que no te deja crecer a tu propio ritmo.

Me miró de reojo, sorprendido de que yo dijera algo así. Seguramente esperaba que lo culpara o que lo ignorara por completo.

—Mi tío sabe lo que hace —dijo, aunque su voz carecía de la firmeza que intentó ponerle—. Me ha dado todo lo que tengo. Le debo respeto y obediencia. Es lo correcto.

—Le debes respeto, sí. Pero no tienes que renunciar a tu propio juicio por nadie, Rigo —le dije, con tono de amiga que le da un consejo sincero, no de patrona que le da una orden—. Hacer lo correcto no siempre es lo mismo que hacer lo que te mandan. Y a veces, lo que parece lealtad… en realidad es solo miedo a quedarte solo. No tengas miedo de pensar por ti mismo. Eres joven, fuerte, capaz. No necesitas que nadie te diga quién eres. Tú ya lo eres.

Se quedó callado unos instantes largos, mordiéndose el labio inferior. Vi cómo sus dedos se cerraban en puños a los costados.

—¿Por qué me dice esto? —preguntó de pronto, levantando la vista y sosteniéndome la mirada con una mezcla de desconfianza y necesidad—. Su tío… mi tío dice que usted no debería andar metiéndose en asuntos que no le corresponden. Dice que las mujeres de la ciudad no entienden cómo funcionan las cosas aquí. Dice que va a cuidar de nosotros, de todo el rancho, cuando su papá ya no esté. Que usted solo quiere llevárselo todo y dejarnos sin nada.

El corazón se me tensó, pero no me alteré. Sabía que Chuy le hablaría así. Era su forma de asegurar su lealtad: pintarme como la enemiga que venía a destruir su estabilidad.

—Tu tío tiene razón en algo: no conozco todo lo que pasa aquí día a día —admití con calma—. Pero lo que sí sé es que este rancho ha sido de mi familia por tres generaciones. Mis abuelos, mis padres, trabajaron cada centímetro de esta tierra. Y no quiero llevármelo todo, Rigo. Quiero que siga siendo de todos nosotros. Que tú, que Mateo, que todos los que trabajan aquí tengan un lugar seguro. Nadie tiene que perder nada si las cosas se hacen con justicia. Pero la justicia no significa que una sola persona decida por todos, ¿verdad? Significa que todos tenemos voz y voto en lo que nos afecta. Incluso tú. Especialmente tú.

Rigo parpadeó, como si nadie le hubiera hablado así en toda su vida.

—Nadie me ha dicho nunca que tengo voz en nada —murmuró, casi para sí mismo—. Siempre me dicen que guarde silencio, que obedezca, que no pregunte.

—Preguntar no es deslealtad, Rigo. Es inteligencia —le dije suavemente—. Y si algún día necesitas hablar con alguien que no te juzgará, que no te exigirá nada a cambio… sabes dónde encontrarme. No tienes que tomar partido hoy. No tienes que decidir nada ahora mismo. Solo mantén los ojos abiertos y pregúntate: ¿lo que hace mi tío es para el bien de todos, o solo para el suyo propio? Cuando encuentres la respuesta, sabrás qué camino tomar. No te apresures. Pero recuerda: no estás obligado a seguir a nadie que no te deje ser tú mismo.

Sin esperar su respuesta, me di la vuelta y me alejé despacio, dejándolo con sus pensamientos. No quería presionarlo. Quería que él mismo llegara a la conclusión. Sembrar una duda era más poderoso que imponer una verdad. Si lograba que él mismo empezara a cuestionar las palabras de su tío, entonces tendría una oportunidad de ganar su confianza sin que él sintiera que lo traicionaba.

Cuando crucé la mirada con la ventana de la casa grande, vi una cortina moverse. Alguien me había visto hablar con Rigo. No supe de inmediato quién era, pero mi instinto me dijo que debía tener más cuidado. Chuy tenía ojos y oídos en todas partes. Y aunque yo me movía con cautela, él también vigilaba cada paso que daba. Esa noche, mientras me acostaba, repetí en voz baja la promesa que me había hecho desde el primer día: “No confiaré en nadie ciegamente. No subestimaré al enemigo. Y no dejaré que nadie me tome por sorpresa otra vez”. La batalla apenas empezaba, y cada palabra dicha, cada mirada intercambiada, cada duda sembrada… era una pieza en el tablero que yo estaba aprendiendo a jugar mejor que nadie.

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Noelia Elizabeth Barrera
Muy bueno el primer capítulo 💖
EspirituCreativo: 🥰Gracias lectora espero te gusten los siguientes
total 1 replies
Mara
Me encantó más capitulos por favor 👏👏💐💐
EspirituCreativo: Gracias lectora
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