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La Niñera De La Mafia

La Niñera De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Mafia / Posesivo / Enfermizo / Completas
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

La niñera de la mafia

Su esposo la envió a trabajar a una mansión con la esperanza de que muriera y así cobrar su seguro de vida. Pero el destino tenía otros planes para ella.

Contratada como cuidadora personal de un mafioso ciego, malhumorado y temido por todos, pronto descubrirá que convivir con ese hombre será mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Él no puede verla, pero ella está a punto de convertirse en su mayor obsesión.

Y cuando la mafia descubra quién se atrevió a ponerle las manos encima a su mujer, será demasiado tarde para arrepentirse.

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7

A la mañana siguiente, Valeria se presentó ante el mayordomo de la mansión con una petición que llevaba horas pensando.

—Quiero salir un rato.

El hombre levantó la mirada de los documentos que estaba revisando.

—¿Salir?

—Sí. Necesito ir a mi departamento. Tengo asuntos personales que resolver y hace días que no puedo ocuparme de ellos.

El mayordomo la observó detenidamente. Desde que había llegado, la joven había conseguido que Damián comiera, tomara sus medicamentos y, sorprendentemente, dejara de amenazar a todo el mundo durante algunas horas.

No era poca cosa.

—Considerando que estás haciendo un buen trabajo, te vamos a dejar salir —decidió finalmente—. Pero vuelve pronto. El joven Damián ha pedido que estés disponible.

Valeria hizo una mueca.

—¿Disponible? ¿Acaso soy un servicio de emergencias?

—¿Qué has dicho?

—Que muchas gracias por la confianza. Volveré pronto.

El mayordomo entrecerró los ojos, pero Valeria ya estaba sonriendo con tanta inocencia que parecía imposible sospechar de ella.

Después de recibir permiso, salió de la mansión.

El aire fresco le acarició el rostro y, por primera vez en varios días, sintió que podía respirar sin tener a un mafioso amenazándola de muerte.

Aunque solo fuera por unas horas.

Sacó el teléfono mientras caminaba hacia la salida de la propiedad y revisó sus mensajes.

Nada.

Había llamado a su esposo varias veces. También le había enviado mensajes para preguntarle qué estaba ocurriendo y por qué no había vuelto a saber de él.

Ni una respuesta.

Ni una llamada.

Ni siquiera un miserable mensaje preguntándole si seguía viva.

Valeria apretó los labios.

—Más te vale tener una buena explicación, desgraciado.

Tomó un transporte y se dirigió a su departamento.

Durante el trayecto, intentó convencerse de que estaba exagerando. Quizá su marido estaba ocupado. Tal vez había tenido algún problema en el trabajo. Podía haber muchas explicaciones.

Pero aquella sensación desagradable en el estómago no desaparecía.

Recordaba su voz durante aquella llamada, la forma en que había colgado y lo extraño que había parecido todo desde el principio.

Cuando finalmente llegó al edificio, subió las escaleras y se detuvo frente a la puerta de su hogar.

Sacó las llaves.

Antes de introducirlas en la cerradura, escuchó una voz femenina al otro lado.

—Cariño, te extrañé tanto.

Valeria se quedó inmóvil.

Su mano comenzó a temblar.

Conocía aquella voz. No sabía de quién era, pero la familiaridad con la que aquella mujer hablaba dentro de su departamento le provocó una sensación helada.

Escuchó una risa femenina.

Después, la voz de su esposo, aunque no alcanzó a distinguir lo que decía.

Valeria bajó lentamente las llaves.

No.

No podía ser.

Tal vez había invitado a una compañera. Quizá se trataba de una amiga que necesitaba ayuda. Había explicaciones perfectamente razonables para que una mujer estuviera en su casa.

Se aferró a esa posibilidad.

Y tocó el timbre.

Los sonidos del interior cesaron de inmediato.

Valeria esperó.

Unos pasos se aproximaron a la puerta y, después de unos segundos, esta se abrió.

Una joven apareció frente a ella.

Llevaba únicamente una camisa de hombre.

La camisa favorita de Valeria.

La que su esposo solía ponerse cuando hacía frío.

La que ella misma había lavado, planchado y guardado cuidadosamente en el armario.

Por un instante, Valeria no pudo respirar.

La desconocida la examinó con curiosidad, sin mostrar la menor vergüenza por su aspecto.

—¿Sí? ¿Qué necesitas?

Valeria abrió la boca, pero no consiguió pronunciar una palabra.

La joven volvió la cabeza hacia el interior del departamento.

—Cariño, hay una mujer en la puerta.

Y entonces él apareció.

Su esposo salió de la habitación con el cabello despeinado y una expresión despreocupada que se desvaneció en cuanto la vio.

Su rostro perdió el color.

—¿Valeria?

Ella lo miró fijamente.

No podía creerlo.

Aquel hombre era su esposo. El mismo que había compartido su cama, el mismo al que había esperado durante horas, el mismo que le había asegurado que la amaba.

Y ahora estaba allí, frente a ella, con otra mujer en su departamento.

—¿Por qué volviste? —preguntó él.

Valeria sintió que algo se quebraba dentro de su pecho.

No le había preguntado si estaba bien.

No le había preguntado dónde había estado.

Ni siquiera había intentado explicar por qué tenía a otra mujer semidesnuda en su casa.

Lo primero que había hecho era preguntarle por qué había regresado.

—¿Qué…? —Valeria tragó saliva—. ¿Qué significa esto?

Él miró a la joven y después volvió a fijar los ojos en su esposa.

En lugar de avergonzarse, endureció el rostro.

—Ya no tienes un lugar aquí.

Valeria sintió que la sangre le subía a la cabeza.

—¿Cómo dices?

—Lo que has oído. Vete.

La joven observó la escena con una mezcla de curiosidad y desconcierto.

—Cariño, ¿quién es ella?

El hombre no apartó la mirada de Valeria.

—Una mujer que ya no tiene nada que ver conmigo.

Aquellas palabras fueron suficientes.

Valeria levantó la mano y le cruzó la cara de una bofetada.

¡Paf!

—¡Maldito bastardo! —gritó, con los ojos llenos de lágrimas—. ¡¿Cómo te atreves a hacerme esto?!

Él se llevó una mano a la mejilla.

Durante un segundo, pareció demasiado sorprendido para reaccionar.

Después, la furia deformó su expresión.

—¡Maldita desgraciada!

Antes de que Valeria pudiera apartarse, la empujó con violencia.

Ella perdió el equilibrio y cayó al suelo del pasillo, golpeándose contra el borde de la entrada.

El dolor le atravesó el cuerpo.

—¡¿Qué te pasa?! —exclamó, intentando incorporarse.

Su esposo la miró desde arriba.

Y entonces pronunció las palabras que terminarían de destruir la imagen que ella había conservado de él.

—¡Deberías haber muerto!

Valeria se quedó inmóvil.

El ruido del edificio pareció desaparecer.

Incluso la joven que llevaba su camisa dejó de moverse.

—¿Qué…? —susurró Valeria.

Su marido apretó los dientes, como si acabara de revelar algo que llevaba demasiado tiempo guardando.

—¡Tenías que haberte muerto y ahorrarme todos estos problemas!

Valeria lo miró desde el suelo, incapaz de comprender lo que acababa de escuchar.

¿Morir?

¿Por qué hablaba de su muerte?

Una idea horrible comenzó a formarse en su cabeza.

La supuesta oferta de trabajo.

La mansión.

Su llegada a un lugar donde nadie la esperaba, donde había terminado rodeada de hombres armados y personas capaces de matarla sin pestañear.

El dinero que el Don le había entregado.

Y su esposo, que no había contestado ninguna de sus llamadas.

Valeria sintió que el estómago se le revolvía.

—Tú… —murmuró, con la voz quebrada—. Tú sabías lo que iba a pasar.

Él no contestó.

No lo necesitaba.

Su silencio fue más aterrador que cualquier confesión.

Valeria apoyó una mano en el suelo, intentando levantarse, pero sus piernas temblaban demasiado.

No podía entenderlo.

Había compartido su vida con aquel hombre. Había confiado en él. Había creído que, incluso si las cosas se complicaban, al menos tendría a alguien a su lado.

Pero él no solo la había engañado.

La había enviado lejos esperando que no regresara.

Y ahora parecía enfadado porque seguía viva.

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.

—¿Por qué? —preguntó finalmente—. ¿Qué te hice para que me odies tanto?

Su esposo apartó la mirada con impaciencia.

—Deja de hacerte la víctima, Valeria. Ya no quiero estar contigo. Acepta que se terminó y desaparece.

Ella soltó una risa pequeña, rota, que no tenía nada de alegría.

—¿Desaparecer?

Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.

—¿Eso querías? ¿Que desapareciera para poder quedarte con mi vida?

Él no respondió.

Valeria sintió miedo.

No de la mujer que estaba detrás de él.

Ni siquiera de la posibilidad de quedarse sin hogar.

Tenía miedo de aquel hombre al que había amado, porque acababa de comprender que nunca había conocido realmente a la persona con la que se había casado.

Se levantó lentamente, sujetándose del marco de la puerta.

Él dio un paso hacia ella.

—No vuelvas a aparecer por aquí.

Valeria retrocedió.

Lo miró una última vez, tratando de encontrar en su rostro algún rastro del hombre que recordaba.

No encontró nada.

—Espero que algún día sientas la misma vergüenza que yo siento ahora —susurró.

Después se dio la vuelta.

Caminó por el pasillo con las piernas temblorosas y el corazón destrozado.

No sabía adónde ir.

No sabía qué haría.

Y todavía no comprendía por qué su esposo había deseado su muerte.

Pero mientras bajaba las escaleras, una cosa comenzó a quedarle clara.

El hombre que debía haberla amado había intentado deshacerse de ella. Y el único lugar donde había encontrado seguridad durante los últimos días era precisamente la mansión de la mafia.

Valeria se detuvo en la calle y se abrazó a sí misma.

Por primera vez desde que había llegado allí, deseó regresar.

No por el dinero.

No por el trabajo.

Ni siquiera porque el mayordomo le hubiera advertido que Damián la quería disponible.

Deseaba regresar porque, por extraño que pareciera, en aquella mansión llena de criminales nadie le había dicho que merecía morir.

Y eso era mucho más de lo que podía decir de su propio esposo.

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Herrera
Ahora sí es tu amor que conveniente para ella cuando lo dejo en sus peores momentos
Herrera
Está mujer si es cínica volver justo cuando el recupero la visión
Herrera
Bueno esperemos que ahora todo esté bien y ellos puedan disfrutar de su amor
Herrera
Ya deberían haber atado todos los puntos y darle de baja a ese imbécil
Herrera
Este hombre no tiene escapatoria Pero es demasiado lento el proceso
Herrera
Este hombre ya se ganó todos los escalones al infierno
Herrera
Ya el principe de las tinieblas me está dejando mal sabor este mafioso es muy lento
Herrera
Con ese esposo así no necesitas más enemigos
Herrera
Ver a su amada allí tendida le dió ganas de seguir adelante con el tratamiento para poder ver
Herrera
Damian estás jodido hermano Nicolás te contesta igual que Valeria 😂😂😂😂😂😂
Herrera
Nicolás estaba atento por qué si no hubiera sido un desastre
Herrera
aunque creo que es Iván con Teresa
Herrera
Tienen enemigos dentro de la gente que trabaja para ti y estás pudiendo que no acuses a nadie 😂😂😂
Herrera
Este mafioso es muy calmado quiere pruebas 😂😂😂 y así le dicen el principe de las tinieblas
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Quien te diga que eres importante para ella eso ya es mucho
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
La doña y Nicolás son terribles quieren extorsionar al principe de las tinieblas😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
jajajajaja, eso es muy gracioso el hijo celoso de la madre por qué le quita el tiempo con su cuidadora 😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Está doña es a todo terreno hasta quiere joder al hijo Pero a lo bien 😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Para Damián es difícil aceptar lo que siente por todo lo que ha pasado en su vida
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Que capítulo más bonito, si todas las suegras fueran así
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