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Un Salto A Otra Vida

Un Salto A Otra Vida

Status: Terminada
Genre:Edad media / Romance / Reencarnación / Amor a primera vista / Viaje En El Tiempo / Fantasía épica / Completas
Popularitas:115k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

​La última bocanada de aire se le escapó a Elena en una exhalación tan vacía como los últimos dos años de su matrimonio. No fue una muerte dramática; fue un apagón silencioso en medio de una carretera nevada, una pausa abrupta en su huida sin rumbo. A sus veinte años, acababa de descubrir la traición de su esposo, el hombre que juró amarla en una iglesia llena de lirios, y la única escapatoria que encontró fue meterse en su viejo auto con una maleta y el corazón roto. Había conducido hasta que el mundo se convirtió en una neblina gris, buscando un lugar donde el eco de la mentira no pudiera alcanzarla. Encontrándose con la nada absoluta viendo su cuerpo inerte en medio de la oscuridad.
¿Qué pasará con Elena? ¿Cuál será su destino? Es momento de empezar a leer y descubrir los designios que le tiene preparado la vida.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo VII El peso de la corona

Elena se recostó en la silla, observando a Mary, la joven doncella que acababa de revelar un dato que lo cambiaba todo: la paz de la nación dependía de su matrimonio. Ya no se trataba solo de su felicidad personal o del desafío con un conde guapo; ahora era un asunto de estado.

—¿El rey? ¿El rey planeó este matrimonio? —preguntó Elena, su voz reducida a un susurro por la magnitud de la revelación. La cabeza, ya magullada por el accidente, le palpitaba ante la presión de esa nueva y gigantesca responsabilidad.

Mary, dándose cuenta de que había hablado de más, bajó la cabeza, jugando nerviosamente con el borde de su delantal.

—Solo sé lo que dicen, mi Señora. Que la unión de la Casa Alistair con… bueno, con la familia de usted, era para finalizar con el conflicto del pueblo. Por eso el Conde ha sido tan paciente con su… aversión. Si se divorcian, todo se rompería.

El rostro de Elena se ensombreció. El recuerdo del infierno que había vivido con Lían se superpuso al sombrío panorama político. En su vida pasada, su matrimonio fue una mentira personal; en esta, era la cadena de oro que mantenía a dos reinos unidos. El Conde Alistair no estaba solo harto de una esposa caprichosa; estaba soportando una burla al destino de su pueblo.

La otra Elena no solo era infeliz, era una irresponsable, pensó con furia.

—Gracias, Mary —dijo Elena, esta vez con una autoridad tranquila que sorprendió a la doncella. La frivolidad se había esfumado, reemplazada por la determinación de una mujer de negocios en crisis—. Entiendo. De ahora en adelante, seré más coherente. Necesito que me prepares para ir a la ciudad. El conde me dio un ultimátum de una semana, y no pienso fallar.

Mary, aliviada de que el tema de la "brujería digital" hubiera pasado, se apresuró a atenderla.

—¿Y qué usará, mi Señora? ¿El traje de montar o…?

—Algo apropiado para la esposa de un Conde. Pero sin corsé, Mary. No necesito que me corte la respiración para ser elegante. Y mientras me visto, necesito una lección de historia básica. Dame los nombres de los reinos, quién es el rey y por qué diablos hay un conflicto entre pueblos por mi causa. Rápido.

Mientras Mary comenzaba un torrente de información sobre linajes y acuerdos de paz, Elena se sometió al ritual de vestirse, ignorando la incomodidad de las capas de tela. Tenía que absorber la información como una esponja, construir un archivo mental de esta nueva realidad.

Cuando finalmente bajó, vestida con un traje de paseo de terciopelo que, sin el corsé, le permitía moverse con una gracia inusual en la época, Alistair ya la esperaba junto a la puerta, impaciente y con un aire de resignación.

Sus ojos grises se posaron en ella, analizando el simple traje y la serenidad forzada de su rostro. Había una nueva fuerza en la Condesa, un cambio sutil en su porte que no encajaba con la histeria de la mañana.

—Espero que esta vez sus palabras clave sean adecuadas para la sociedad que vamos a visitar, Lady Elena —dijo Alistair, su voz volviendo a ser tan fría como el metal.

—No se preocupe, Conde —respondió Elena, acercándose a él con una tranquilidad que la sorprendió a ella misma—. He entendido que mi posición no es solo ornamental. A partir de hoy, soy la Condesa Alistair, y actuaré como tal. Y si mi amnesia causa algún inconveniente, culpe al camino de regreso y a la mala suerte.

Ella le dedicó una sonrisa calculada, pero genuina. Había encontrado su propósito: no solo ser feliz, sino salvar la paz que la otra Elena estaba a punto de destruir.

Alistair la observó, y por un fugaz instante, Elena pensó ver una chispa de curiosidad o quizás intriga en sus ojos. Él no respondió, simplemente extendió el brazo, ofreciendo un codo rígido.

—Entonces, vayamos a la ciudad, Lady Elena. Y muéstreme si esta nueva y coherente Condesa vale el riesgo de mantener la paz.

El viaje en el carruaje fue un ejercicio de tensión silenciosa. Elena, sentada frente a Alistair, sentía el peso de su mirada, fría y analítica, como si ella fuera un experimento químico que podría explotar en cualquier momento. El conde no hablaba, solo hojeaba documentos con una concentración que la excluía por completo.

Elena decidió romper el hielo antes de asfixiarse.

—Es un carruaje muy… orgánico —comentó, mirando las tallas de madera y el interior tapizado.

Alistair bajó la vista, el ceño ligeramente fruncido. —¿Orgánico, Lady Elena? Es de roble y cuero, como cabría esperar.

—Me refiero a… la falta de emisiones —dijo Elena, pensativa—. En mi… en ese lapsus de memoria que tuve, los carruajes se movían con caballos de fuerza sin caballos. No contaminaban el aire.

Alistair dejó caer los documentos sobre su regazo. La paciencia se le agotaba visiblemente.

—Insisto, Elena. Sus desvaríos son preocupantes. Por favor, dedíquese a observar y a guardar silencio en la ciudad. Los rumores sobre su inestabilidad ya son suficientes para avergonzar a mi Casa, no los aumente con fantasías sobre máquinas que respiran.

Ella apretó los labios. Tenía que ser más sutil. Controlar el vocabulario moderno. Nadie ha oído hablar de un coche, y mucho menos de las emisiones.

Al llegar a la capital, el bullicio la golpeó. La ciudad era una explosión de vida y color: vendedores ambulantes, carruajes ruidosos, y damas con vestidos de volantes y sombreros exagerados. Elena sintió una oleada de nostalgia por su propia época, pero se forzó a sonreír.

Alistair la condujo con un agarre firme en su codo, marcando un ritmo severo. Su primera parada fue en la plaza principal, donde se encontraron con un grupo de nobles.

—Conde Alistair, qué placer. Y Lady Elena… me alegra verla recuperada —saludó una Duquesa, una mujer de expresión severa que irradiaba autoridad.

Elena, recordando vagamente las viejas películas de época, se inclinó ligeramente, pero en lugar de hacer la reverencia formal, le extendió la mano a la Duquesa con un gesto cálido y decidido, como lo haría en una reunión de negocios.

—¡Es un gusto finalmente conocerla en persona! —exclamó Elena, con su sonrisa más encantadora. Quería ser accesible y agradable.

El silencio fue inmediato y absoluto.

La Duquesa miró la mano de Elena con una expresión de puro horror, como si le hubieran ofrecido un pescado muerto. Alistair, a su lado, sintió que el músculo de su mandíbula se tensaba hasta el punto de romperse. El saludo informal y el apretón de manos eran inaceptables, una falta grave a la etiqueta de la nobleza.

Alistair la obligó a bajar la mano con un apretón imperceptible pero doloroso en su codo.

—Disculpe a mi esposa, Duquesa. El golpe en la cabeza parece haberla dejado con algunos… tics nerviosos. Sigue desorientada.

Elena, al darse cuenta de su error por la reacción de todos, se llevó la mano a la sien, fingiendo un dolor punzante para cubrir la vergüenza. Solo reverencias. No hay apretón de manos, Elena. ¡No es una junta directiva!

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Evelyn Osorio Ramirez
estuvo media enredada en algunas partes, o será que yo me perdí y no entendí bien lo de kaelen, como llego a ser rey, pero bueno, la historia estuvo genial, aunque aún no entiendo algunas cosas y no logro ver que relación tiene su gestión y liderazgo con su antigua vida, y me hubiese gustado saber que paso con Liam y su fatídica madre, en su vida anterior,verlos perder todo jijijk
Evelyn Osorio Ramirez
me perdí quien es Arthur???
Irma Madrigal lara
🤗 gracias
Linilda Tibisay Aguilera Romero
fue buena
Linilda Tibisay Aguilera Romero
buena
Linilda Tibisay Aguilera Romero
ya viene el enfrentamiento
Linilda Tibisay Aguilera Romero
eso es estray
Linilda Tibisay Aguilera Romero
menos mal llegaron a antes
Linilda Tibisay Aguilera Romero
bueno Conde tu Condesa tiene una mente brillante así que quietico y déjese guiar
Linilda Tibisay Aguilera Romero
van a lograr salir
Linilda Tibisay Aguilera Romero
que irá a pasar Elena se habrá dado cuenta del engaño y l.atrampa
Linilda Tibisay Aguilera Romero
el Con de y Elena deben ganarle a ese lovo
Linilda Tibisay Aguilera Romero
hay que giro me encanta diferente Pero me encanty
Linilda Tibisay Aguilera Romero
que giro noooo los pueden separar
Linilda Tibisay Aguilera Romero
que el Varón no consiga hacer nada
Linilda Tibisay Aguilera Romero
jajajajajajaja te encanta la regla 3
Linilda Tibisay Aguilera Romero
Elena no puede traicionar a su Conde
Elena Barrera
Esto paso de castaño a oscuro... pero bueno vamos a continuar.
Linilda Tibisay Aguilera Romero
hay y ahora no quieren progresar esos dinosaurios
Linilda Tibisay Aguilera Romero
jajajajaja esas dos deben estar ardiendo de rabia 🤭🤭🤭
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